domingo, 26 de noviembre de 2006

El amigo inoportuno

Resulta chocante este título de la parábola de Jesús (Lucas 11,1-14), pues un amigo es alguien que tiene suficiente confianza y, como decía el poeta latino Ennio, Amicus certus in re incerta cernitur (El amigo cierto se discierne en la situación incierta), se prueba en las dificultades.

Pero hay dificultades y dificultades, y la necesidad que tiene el amigo inoportuno de la parábola no parece de vida o muerte. La parábola nos cuenta que el amigo va a pedir a medianoche, la hora en que la mayoría de las personas descansan. Cualquiera de nosotros tendría vergüenza de molestar a esas horas pero él no tiene vergüenza porque tiene una necesidad muy grande y muy urgente, que no puede esperar y por eso insiste hasta conseguir los panes.

El contexto de la parábola es una espléndida catequesis de Jesús sobre la oración. Empieza con la enseñanza del Padre Nuestro a los apóstoles (vv. 1-4) y después de la parábola sigue la enseñanza sobre la necesidad de confiar en la oración para alcanzar de Dios Padre el don por excelencia, el Espíritu Santo (vv. 9-13).

Jesús quiere recalcar en esta catequesis la necesidad de insistir en la oración, de no cansarnos de pedir aunque parezca que Dios no nos oye o no nos hace caso; lo que ocurre es que Él quiere que nosotros nos purifiquemos y al pasar por la humildad de la oración nos convirtamos en hijos suyos cuando Él nos dé el mayor don, el Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios y que es el objetivo de la oración (v. 13; Juan 14,13-14; 15,7-16; 16,23,24; 1ª Juan 3,21-22; 5,14-15).

Justo después de esta catequesis sobre la necesidad de la confianza en la oración, Jesús devuelve el habla a un hombre del que expulsa un demonio mudo (v. 14). El demonio, mortal enemigo de la humana natura como dice San Ignacio en sus Ejercicios espirituales, cuando estamos agobiados por los problemas o dificultades nos hace mudos ante Dios, quiere encerrarnos en nosotros mismos, sofoca la oración en nosotros, nos impide rezar, nos hace creer que no sirve para nada, que hay cosas más importantes que hacer. Jesús, con la curación del mudo, vence al demonio, y la plegaria vuelve. Vuelve y acompaña nuestra vida, tiende a convertirse en oración constante según las enseñanzas que nos han transmitido el Nuevo Testamento y los padres de la Iglesia, penetra toda nuestra vida.

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