domingo, 10 de diciembre de 2006

Adviento: Preparar el camino de la fe y el de la caridad

La Palabra de Dios de este II Domingo de Adviento nos trae a San Juan Bautista, figura clave de este tiempo puesto que nos anuncia al que ha de venir.

El Bautista, el más grande nacido de mujer pero el más pequeño en el Reino de los cielos (cf. Mateo 11,11) es el último de los profetas del Antiguo Testamento, es la bisagra sobre la que giran las dos Alianzas.

Animaba a la gente a que se convirtiera y se bautizara, citando a los profetas:
Se oye la voz de alguien que grita en el desierto: "¡Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!" (Lc 3,4)
San Juan había recibido la Palabra del Señor, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, para anunciar y proclamar la voluntad del Señor, para consolar al pueblo de Israel y confirmar sus promesas.

Anima a rellenar los valles, a nivelar montes y colinas, promete que los caminos torcidos se enderezarán y se allanarán los caminos escabrosos. Por tanto vemos que el motivo central de la predicación primera es preparar un camino llano, limpio y sin desniveles al Señor que viene.

Hay que limpiar el camino de la fe por el cual viene el Señor para hacer de él un camino inmaculado, como es el del Señor (cf. Salmo 18,30):
Dios mío, tu camino es inmaculado. Mi Dios no vino a los hombres si ellos no hubieran limpiado el camino de la fe por el que viene a ellos, pues su camino es inmaculado (San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos 17,31).
Se trata de un doble camino, el de la caridad, por el que nosotros vamos hacia Dios, y el de la fe, por el cual Él viene a nosotros. Y es Dios mismo quien nos hace el camino de la caridad inmaculado:
E hizo mi camino inmaculado. E hizo inmaculado el camino de la caridad, por el cual iré a Él, como inmaculada es la fe por la cual viene a mí (17,33).
Por eso, dos días después de celebrar la Inmaculada, la que no tiene mancha, la mujer más bella del mundo, comprendemos que eso es lo que nos pide Dios a través de la predicación profética del bautista: que preparemos un camino sin mancha, inmaculado, como el del Señor. Y hemos de hacerlo por la fe, aceptando al Hijo de Dios que viene a hacerse hombre, como hizo María: Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho! (Lucas 1,38); ella fue la primera cristiana porque fue la primera en creer en Jesucristo al aceptar el anuncio del ángel.

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