viernes, 29 de diciembre de 2006

El sueño de la razón produce monstruos II

En esta entrada quiero explicar el sentido de esta frase de Goya. Expresa con clarividencia el resultado de la Modernidad: los millones de víctimas de la Revolución francesa y de los regímenes nazi y comunistas del siglo XX.

La Modernidad podría definirse como
el largo proceso por el cual las sociedades europeas han pasado de una cosmovisión cristiana del mundo, del hombre y de Dios, a una cosmovisión que quiere ser racional y nada más que racional; el proceso de secularización o laicización, es decir, la ruptura y el progresivo distanciamiento entre lo divino y lo humano, entre la revelación y la razón, o, si se prefiere, la lenta y sucesiva sustitución de los principios y valores cristianos, que habían dado unidad y sentido a los pueblos europeos durante al menos diez siglos, por los valores pretendidos de la razón pura (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, XIII. Ed. BAC, Madrid 1996).
Este libro de Carlos Valverde se centra en las ideas filosóficas que intervinieron en este proceso porque
sería una tarea imposible querer exponer todo el conjunto de factores que han intervenido en este macroproceso evolutivo que ha durado siete siglos. Hemos preferido atender principalmente a uno de los más decisivos: las ideas filosóficas. El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, IX. Ed. BAC, Madrid 1996).
Este proceso comienza en el siglo XIV, podemos decir que en 1328, cuando Guillermo de Ockham, que había sido llamado por Juan XXII a Avignon para explicar ciertas proposiciones teológicas ofensivas para los oídos piadosos. Pero como no encontraba solución satisfactoria, el franciscano inglés y otros franciscanos "espirituales", partidarios de la pobreza radical de la Iglesia, escaparon y buscaron refugio y protección bajo el Emperador Luis de Baviera, enemigo del Papa y entonces excomulgado. Los franciscanos lo encuentran en Pisa y Guillermo pronuncia la frase Tú me defenderás con la espada y yo te defenderé con la pluma. La frase puede ser legendaria pero ahí podemos decir que empezó la Modernidad, el proceso de secularización.

Este hecho puede ser el punto de partida simbólico de una época cultural distinta. La Modernidad será una larga marcha hacia la total autonomía de lo secular y que duró siglos, hasta llegar al total inmanentismo y secularismo de Feuerbach (1841) con su lema el hombre es un dios para el hombre, todo queda reducido a lo terrenal. Dios no es necesario. Los hombres pueden construir ellos solos su ciudad. Les basta la razón. La razón puede colocarse en el lugar de Dios. Finalmente, Nietzsche después pronunciará la definitiva sentencia de muerte: "Dios ha muerto. Nosotros lo hemos matado". Es la desobediencia definitiva a Dios iniciada por Adán y Eva.

Las consecuencias las hemos conocido a base de la muerte de millones de inocentes, porque la historia es la filosofía puesta en ejemplos: Hegel, el predicador del Absoluto que se encarna en el Estado prusiano, y su discípulo Feuerbach, que reduce a Dios a una proyección de los deseos humanos; y Marx, discípulo de éste al que consideró que después de él la crítica religiosa ya estaba terminada en Alemania. Todos estos filósofos llevaron a Marx, que es el origen del comunismo, de los regímenes ateos que tantos millones de personas han matado y siguen matando en el mundo y están en la base también del nazismo, que también mató a varios millones de personas.

El nazismo y el comunismo son el culmen de la Modernidad, que empezó a mostrar sus monstruos en la Revolución francesa y su época del terror. La diferencia entre estos dos regímenes ateos (nazismo y comunismo) es que buscaron un mismo objetivo superior (una quimera colectiva) eliminando a sus enemigos que para ellos eran grupos colectivos pero que realmente eran personas individuales. Hicieron esto porque no había un referente superior al Estado y a la ideología del régimen que lo sustentaba: habían cambiado a Dios y los valores cristianos por el Estado y la ideología, igual que la Revolución francesa, fruto de la razón ilustrada que tanto atacó a la religión: rechazó ésta a cambio de la razón pura, que desembocó en el Terror de la guillotina por lo mismo: habían eliminado a Dios, referente moral supremo de la acción libre y responsable de los hombres.

Estos son, entre otros, los monstruos que produjo y aún sigue produciendo el sueño de la razón llamado Modernidad.

Cuando los hombres no tienen que responder de sus acciones ante ningún Ser Supremo referente de la moral como es Dios, los mismos hombres convierten en dioses sus ideologías y así se cumple de forma siniestra la promesa de la serpiente demoníaca en el paraíso: Seréis como dioses, y ya vemos las consecuencias de la desobediencia primera a Dios: las personas destruimos la armonía creada por Dios y además no queremos reconocer nuestro error ni aceptar nuestra responsabilidad, como hicieron Adán y Eva (cfr. Génesis 3,8-13: en los siguientes capítulos hasta el 11 vienen las consecuencias del primer pecado: la violencia y el deseo de Dios de acabar con la humanidad pecadora mediante el diluvio, aunque se arrepiente y hace con Noé un nuevo pacto para una nueva humanidad señalado con el arco iris, Génesis 8: queda abierta una puerta a la esperanza gracias a la misericordia y al amor de Dios).

6 comentarios:

juvenal dijo...

Es que además la historia se nos quiere ocultar con "historietas", la revolución francesa, a diferencia de la americana, no fue de las luces, sino más bien de la oscuridad, recordabas la matanza de los inocentes, a manos del sanguinario Herodes, ya decía Octavio Augusto que prefería ser un cerdo antes que un hijo de Herodes, porque en verdad mató a alguno de sus hijos, pues bien en la revolución francesa, esa que se nos quiere vender como modelo de luz y de racionalidad, se produjeron matanzas, y no hay que pensar en esa que nos presenta el cine o la literatura, la de nobles guillotinados, no, sino del pueblo llano, fue terrible, tanto que más de la décima parte de la población francesa pereció, la vendeè, sobre todo se ensañó también con los niños aplastados bajo los cascos de los caballos.
Lamentablemente de eso poco se habla, pero fue así.

El pescador dijo...

La revolución francesa fue un momento de horror para quienes no comulgaban con sus ideales y para quienes eran considerados sus enemigos (en esto coincidieron después con ella el nazismo y el comunismo soviético), entre ellos la Iglesia: los sacerdotes que no quisieron jurar la Constitución civil del clero murieron de hambre en las galeras, recuérdese "Diálogo de carmelitas" de Bernanos sobre las carmelitas de Compiegne que fueron gillotinadas: ¿qué mal habían hecho? Lo mismo los desdichados de La Vendée que se opusieron a la revolución.

Al final la revolución devoró a sus propios hijos, también a Robespierre, porque cuando se inicia la violencia es difícil pararla.

juvenal dijo...

En algún lugar, creo que en arvo, leí que había aparecido un testamento de Voltairé en que se retractaba de toda su vida anterior y que quería morir como un hijo de la iglesia, por lo visto el obispo del lugar en que estaba sepultado, al percatarse que estaba inhumado en un campo santo comenzó a investigar, porque sabido era su pasado anticlerical, y descubrieron el testamento.
En fin que si ese es el fundamento que quiere dársele a la construcción europea y al mundo occidental de hoy, será un viaje de ida y vuelta, sólo que las condiciones en las que volvamos serán lamentables y todo habrá sido una pérdida de tiempo.

El pescador dijo...

Yo tenía entendido que Voltaire, que gritaba "Écrassez l'infame: Aplastad al infame" (el infame=la Iglesia, la religión) cuando estaba agonizando pidió un confesor jesuita, con los que se había educado.

Pero quienes estaban en ese momento con él no le permitieron pasar al jesuita, creo.

La Francia laicista fue la gran impulsora del engendro llamado Constitución europea, tan masónica que ni siquiera era capaz de reconocer algo tan evidente los orígenes cristianos de Europa, que la unificaron y los padres fundadores de la Unión europea (Schumann, de Gasperi) eran políticos profundamente católicos a los que su fe les guiaba su actuación pública.

juvenal dijo...

He ido a mirar la historia de Voltaire, que no recordaba del todo, está en este interesante link
http://www.arvo.net/pdf/LA%20CONVERSION%20DE%20VOLTAIRE.htm
La verdad que muy expresiva de lo que suele ocurrir.

El pescador dijo...

Sí que es muy interesante y revelador el artículo. Gracias por el enlace, Juvenal. Además otra cosa muy buena es que es de Carlos Valverde, gran conocedor de la Modernidad, cuya máxima expresión fue la Ilustración.