jueves, 28 de diciembre de 2006

El sueño de la razón produce monstruos (Goya)

Hoy es 28 de Diciembre y los católicos celebramos el día de los Santos Inocentes, los niños que el rey Herodes mató intentando acabar con el rey que le habían anunciado los magos de Oriente (Mateo 2, 16-18).

Hoy en día también mueren miles de niños inocentes en España en abortos provocados con el consentimiento de sus madres. Realmente es una perversión de un instinto tan hermoso y tan fuerte como el de la maternidad.

El aborto se reviste de legitimidad moral porque ha sido aprobado en el Parlamento, pero hay que denunciar muy claramente que lo legal no es moral, o sea que si una ley inmoral ha sido aprobada legítimamente en las Cortes eso no quiere decir que sea aceptable moralmente.

Precisamente en la Octava de Navidad, que concluye celebrando el 1 de enero a la Virgen María Madre de Dios, en estos días que celebramos el nacimiento de Dios como un bebé indefenso perseguido ya en la cuna, recordamos a los Santos Inocentes muertos en nombre del progreso, porque son un estorbo como lo fueron aquellos niños para Herodes.

Nuestra sociedad secularizada, posmoderna y poscristiana se avergüenza de la Navidad, del nacimiento de un Niño que dio origen a la fe cristiana que ha hecho a esta sociedad occidental más libre, democrática y avanzada e impone esta cultura de la muerte; y ve mal a la Iglesia porque está a favor de la vida, a favor de la familia como transmisora del don de la vida a los hijos dentro de una paternidad responsable pero generosa: para esta sociedad la Iglesia es medieval, está atrasada, no va con los tiempos.

Y por eso nuestra sociedad es una de las más envejecidas del mundo, porque no nacen niños. Un niño es la esperanza del futuro, de la continuidad de un pueblo y de una sociedad. Por eso la señal de esperanza que Dios da a Acaz es un niño, el Emmanuel (Isaías 7, 14). Pero Occidente se está extinguiendo, ya que ni siquiera nacen niños para reemplazar a los adultos existentes.

Eso ocurre en nuestra sociedad secularizada, que da la espalda a Dios de tal manera que ni siquiera quiere celebrar la Navidad y la disfraza con nombres ridículos como Festival de Invierno, o más sutilmente diciendo Felices Fiestas (como si fueran las fiestas del pueblo).

Todo ello en nombre de la razón, una razón que excluye por supuesto a la fe, pues es la diosa razón que entronizaron en Notre-Dame los revolucionarios franceses de 1789, los del Terror y la guillotina, contemporáneos de Goya.

Los monstruos que produjo el sueño de la razón volvieron a despertar especialmente en el siglo XX:
El vizconde lord Bolingbroke, ilustrado inglés del siglo XVIII, decía que la historia no es más que la filosofía puesta en ejemplos. Hay mucho de verdad en ello. Y más cerca de nosotros, Viktor Frankl dijo en una conferencia: Créanme ustedes, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmente en los Ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes, en las mesas de escritorio y en las aulas de clases de los científicos y filosófos nihilistas (Carlos Valverde, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, IX. Ed. BAC, Madrid 1996).
Viktor Frankl había estado preso en uno de los campos de exterminio nazis, uno de los ejemplos históricos del horror y de la voluntad de aniquilar a los enemigos y a los considerados inferiores que estorbaban, lo mismo que el Gulag soviético, la Revolución cultural de Mao o el genocidio de los Jemeres rojos en Camboya. Todo esto, como decía Frankl fueron los monstruos del sueño de la razón: más bien pesadillas reales para muchos.

Las víctimas del aborto son consideradas por los partidarios de este crimen también como inferiores y enemigos de la salud de la madre o de la comodidad, son un estorbo en definitiva como las víctimas de estos regímenes ateos y antirreligiosos que buscaban crear una nueva sociedad comunista o el hombre nuevo ario; nuestra sociedad quiere crear una nueva sociedad del bienestar (más bien de la comodidad) y para ello elimina los estorbos impidiendo la concepción o matando a los ya concebidos, pues el fin justifica los medios.

Realmente por eso la Navidad cristiana estorba a este mundo secularizado que ha dado la espalda a Dios: porque la fe cristiana empieza con el nacimiento del Niño en Belén, el que no pudo matar Herodes pero que ahora hay demasiados empeñados en matar en muchas clínicas todos los días, y cada año eliminando la Navidad.

Feliz Navidad a todos.

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