viernes, 29 de diciembre de 2006

Ojitos sin brisa

He tenido la suerte de que D. Camilo Valverde Mudarra (Catedrático de Lengua y literatura españolas, Diplomado en Ciencias bíblicas y poeta, además de alcalaíno) va a colaborar para enriquecer esta bitácora.

También podéis leer escritos suyos en el blog de las iglesias béticas

Aquí está su primera colaboración:

OJITOS SIN BRISA



“Una voz se oyó en Ramá,
llanto y lamento grande.
Raquel lloraba a sus hijos
y no quería ser consolada,
porque no existían”

(Jr 31,15; Mt 2,18).


Las nubes, abrazando la inocencia
del niño con sus brazos siderales,
se unieron, en sus besos inmortales,
a la madre, con honda reverencia.

Sus pupilas sumidas en la ausencia
buscaron, por las rutas celestiales,
la voz de los gemidos abismales
que los astros lanzaban con vehemencia.

Viles hachas hendieron su cabeza,
sus ojitos se hundieron en la brisa,
y fue muerte en un cielo de tristeza;

en sus labios tembló turquí sonrisa
yerta por la ira cruel de la vileza
con que Herodes vertió sangre sumisa.


José: "Levántate, toma al ni­ño y a su madre, huye a Egipto, y es­tate allí hasta que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. El se levantó, los tomó y, de noche, se fue a Egipto; estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 'De Egipto llamé a mi Hijo'” (Os 11, 1; Mt 2,13s). La orden de huida se da a José, cabeza de familia, responsable de la vida de María y de Jesús. La entrada en Egipto, clásico refugio político, era fácil, pues allí había una colonia judía. Hay un trasfondo del Éxodo.

Entonces Herodes, viendo que los Magos se habían burlado de él, se eno­jó violentamente y mandó matar a todos los niños de Belén y de todo su territorio, de dos años abajo, según el tiempo del que se había informado de los magos (Mt 2,16). Los niños inocentes sacrificados serían unos treinta o cuarenta. Nada significaba, para este tirano, la muerte de estos pequeños: "Llanto y lamento grande. Raquel lloraba, porque ya no existían".

El Evangelista se refiere a Herodes el Grande, que había nacido hacia el año 73 a. de C y cuyos padres fueron un idumeo y una princesa árabe. Tuvo diez mujeres. Se ganó el favor del emperador romano, merced a lo cual ostentó en Palestina cargos de suma importancia; entre otros, rey de Judea y dueño y señor de Jerusalén. Su reinado fue famoso por las grandiosas construcciones como la del templo de Jerusalén. Ejerció la autoridad con absoluto despotismo; según Josefo, derramó la sangre de buena parte su misma familia, incluso mató a tres de sus propios hijos y ordenó la matanza de los niños inocentes (Mt 2.18; Lc 1,5).


Muerto Herodes, un ángel del Señor le avisó de nuevo y volvió a la tierra de Israel. "Mas, oyendo que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, temió ir allá. Avisado en sueño, se retiró a la región de Ga­lilea.


Y fue a morar a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por medio de los profetas, que sería llamado Nazareno (Mt 2,13-23).

Camilo Valverde Mudarra

(De mi libro "DEL SONETO AL EVANGELIO". Edt. Monte Carmelo).

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