
Mi alma engrandece al Señor, porque
ha hecho, en mí, cosas grandes (Lc 1, 49)
San José viene cantando
con unos cuantos tableros
y el niño juega clavando,
en cruz, dos de los maderos.
Cantad y cantad
la gloria de Dios.
La Virgen está cantando:
mi alma engrandece al Señor
porque ha hecho maravillas,
dichosa me llamarán
las generaciones venideras;
soy la esclava del Señor,
hágase según su palabra.
Cantad y cantad
la gloria de Dios.
Los ángeles están cantando
gloria a Dios en las alturas,
paz a todas las criaturas
hoy, el Amor está salvando.
San José está taladrando
las tablas de los graneros
y el niño llora clavando
los clavos en dos cruceros.
La Virgen está mirando
las lágrimas de su niño
y dentro se va guardando
esos llantos con cariño.
Cantad y cantad
la gloria de Dios.
La Virgen está cantando...
La Virgen sigue pensando
en los clavos y sus manos
y se queda preguntando
qué le harían los romanos.
La Virgen María alaba y engrandece al Señor, porque, siendo ella tan humilde, el Creador se ha fijado en ella. La alabanza y el agradecimiento a Dios es también obligación del cristiano por las mercedes recibidas a diario.
María, al saludo de Isabel (Lc 1,46-55): “Bendita tú entre las mujeres”, evocando el enorme prodigio que se ha realizado en ella, prorrumpe en el Magnificat, cántico o himno de alabanza de resonancias bíblicas con que glorifica y da gracias a Dios que ha mirado la insignificancia de su sierva. El himno habla, en una explosión de júbilo, de la misericordia de Dios, de su preferencia por los pobres y por los humildes, de su fidelidad a las promesas hechas a los Padres. María canta la gracia y la generosidad de Dios para con ella, su providencia y su poder, manifestados en la historia de la salvación, “bienaventurada me llamará todas las generaciones” Es un éxtasis y una profecía.
El Magnificat es un himno que nos presenta a la Virgen en actitud orante; no pide, alaba, agradece, da gracias y constata la realización del plan liberador de Dios. María representa a los pobres de Yahvé que esperaban su liberación. Es el canto del alma orante y contemplativa, alegre y gozosa, que está comprometida con los problemas sociales que afligen a la humanidad. Los contemplativos llevan, en su corazón, el sufrimiento de las injusticias sociales. Desde el punto de vista religioso, el himno presenta a Dios como el Salvador, el misericordioso, el fiel, el leal siempre a su palabra, a su compromiso de ayudar y proteger al hombre [...]
Las palabras que María Santísima emplea en el umbral de la casa de Isabel constituyen una inspirada profesión de su fe, en la que la respuesta a la palabra de la revelación se expresa con la elevación espiritual y poética de todo su ser hacia Dios. En estas sublimes palabras, que son al mismo tiempo muy sencillas y totalmente inspiradas por los textos sagrados del pueblo de Israel, se vislumbra la experiencia personal de María, el éxtasis de su corazón. Resplandece el misterio de Dios, el eterno amor que, como un don irrevocable, entra en la historia del hombre. María participa en la nueva "autodonación" de Dios y proclama: "ha hecho obras grandes en mí; su nombre es santo". Sus palabras reflejan el gozo del espíritu: "se alegra mi espíritu en Dios mi salvador". En su arrobamiento, María confiesa que se ha encontrado en el centro mismo de esta plenitud de Cristo” (RM, 36) [...]
Y nace ahí la Sagrada Familia. Sagrada, como toda familia que cumpla los designios y la voluntad de Dios, que se entregue al amor con amor, que viva la generosidad en el servicio, con paciencia y delicadeza; soslayando y corrigiendo defectos, dándose sin egoísmos, viviendo en el dar y en el darse.
Camilo Valverde Mudarra
(De mi libro "DEL SONETO AL EVANGELIO". Edt. Monte Carmelo)
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