sábado, 27 de enero de 2007

Jesús resucitado no es un zombi

Una de las series que intento no perderme es una de "La Secta" titulada Bones (Huesos): trata de una antropóloga forense que colabora con un agente del F.B.I. En el capítulo de ayer viernes la doctora está en Nueva Orleans identificando cadáveres con motivo del huracán Katrina y se ve envuelta en una trama de vudú (magia africana: recordemos que la magia es el primer estadio de la religión: v.gr. las pinturas rupestres de Altamira representaban animales cazados para que las cacerías fueran buenas).

Hablando con el agente del FBI, la antropóloga defiende el vudú como una religión, aunque sea extraña; le pregunta a qué religión pertenece él y hete aquí que el agente especial del FBI es católico.

Entonces la científica compara los zombis (muertos vivientes) del vudú con Jesucristo, que resucitó a los tres días. El agente especial se molesta y dice que no es lo mismo.

Entonces ¿qué fue, en qué consistió la resurrección de Cristo? ¿Jesucristo resucitado fue un fantasma o un zombi? También vamos a ver que su resurrección tiene mucho que ver con nosotros.

Según la Real Academia zombi (voz originaria de África Occidental) es una persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad; por eso se les conoce como muertos vivientes.

La verdad es que está bien esta explicación de la resurección de Jesucristo como un zombi, como un muerto viviente, es lo más original que he oído nunca. Se trata del intento de meter en categorías racionales y científicas algo que escapa a nuestra razón y entendimientos limitados a este mundo: por eso la fe ayuda a la razón a que conozca más allá de este mundo sensible (de los sentidos).

Bien, ¿qué sabemos de la resurrección de Jesucristo? La primera noticia de los evangelios es el sepulcro vacío: las mujeres fueron el domingo por la mañana a ungir el cadáver de Jesús para la sepultura puesto que el viernes sólo les dio tiempo a dejaron en el sepulcro; Juan 19,39 dice que Nicodemo (Juan 3,1-2) llevó 30 kilos de perfume de mirra y áloe (sustancias aromáticas extraídas de plantas que se introducían entre las vendas que envolvían el cadáver). No pudieron hacer la unción del cadáver porque el viernes ya estaba anocheciendo y con el atardecer del día empezaba el día siguiente (en este caso el sábado, que además era la Pascua, la fiesta más importante del calendario judío).

Las santas mujeres fueron a perfumar el cuerpo del Señor siguiendo la costumbre judía para retrasar el olor de la putrefacción, pero no se acordaban de que el mismo Jesús había profetizado su muerte y también su resurrección: Mateo 16,21; Marcos 9,9.31; 10,34; Lucas 18,33; Juan 2,19-22. Ninguno de sus discípulos se acordaba tampoco y por eso no creyeron a las mujeres que les anunciaban que Jesús había resucitado.

Después de este D0mingo el Señor se apareció durante 40 días a sus discípulos y a mucha gente. San Pablo nos da noticias de estas apariciones en 1 Corintios 15,3-7:
En primer lugar os he dado a conocer la enseñanza que yo también recibí. Os he enseñado que Cristo murió por nuestros pecados como dicen las Escrituras; y que se apareció a Cefas y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía aunque algunos ya han muerto. Después se apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.
Este texto muestra que hubo varios cientos de testigos oculares de Cristo tras su resurrección. Y después de su Ascensión se apareció también a San Pablo, como un niño nacido fuera de tiempo (v. 8).

Los evangelios nos cuentan las apariciones a los apóstoles, donde les comunica el envío para anunciar lo que han visto y oído, lo mismo que el Padre envió a Jesucristo, y les da el Espíritu Santo. Se aparece el primer día de la semana a María Magdalena (Juan 20,1 ss.) y a los discípulos (20,19 ss.); el primer día de la semana es el domingo, cuando los apóstoles estaban reunidos, y de ahí que nosotros celebremos la Eucaristía más importante ese día porque
el domingo [...] el Señor quiere venir corporalmente [...] Se instituyó el domingo porque el Señor resucitó y entró en la comunidad de los Apóstoles para estar con ellos. Así comprendieron que el día litúrgico ya no es el sábado, sino el domingo, en el que el Señor siempre de nuevo quiere estar corporalmente con nosotros y alimentarnos con su Cuerpo, para que nosotros mismos nos convirtamos en su cuerpo en el mundo (Benedicto XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Aosta, 25-7-2005).
Hay un detalle en el relato de la aparición a los discípulos de Juan 20,19-23: los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos, Jesús entró y se puso en medio de ellos. O sea, Jesús no abre las puertas ni las ventanas, parece un fantasma que ha atravesado las paredes. Por eso el evangelio nos habla de Santo Tomás que toca las heridas de la Pasión, como vemos bellamente en el cuadro de Caravaggio que ilustra esta entrada, con dos apóstoles de testigos curiosos; Santo Tomás toca el cuerpo resucitado de Jesús y comprobamos que no es un fantasma.

Pero entonces ¿cómo se las apañó Cristo para entrar en aquella habitación sin abrir la puerta como tenemos que hacer cualquier ser corpóreo? Porque el cuerpo resucitado de Jesús ya no está sometido a las leyes del tiempo y del espacio: ya no sufre el paso del tiempo ni la enfermedad, ni está limitado por los espacios cerrados, no está limitado por nada, puesto que es un cuerpo glorificado, un cuerpo que ha entrado en la plenitud de Dios, que ha sido divinizado.

Otra manera de insistir en que Jesucristo resucitó con su cuerpo es el detalle de sus comidas con los apóstoles: Lucas 24,41-43 nos cuenta que comió con los apóstoles un trozo de pescado asado después de mostrarles las manos y los pies para que se cercioraran de que no era un espíritu e incluso les dice: Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo (v. 39), pues los apóstoles se habían asustado y pensaban que se trataba de un espíritu.

Termino con el final del credo, en el que decimos que creemos en la resurreción de la carne (o de los muertos): me parece que hay muchos cristianos que no se dan cuenta de lo que significa esto o que no se lo creen, puesto que no son capaces de admitir la resurrección. Confesamos en el credo, el resumen de nuestra fe, la resurrección de los difuntos con su carne (que es lo más difícil de aceptar): esto significa que los cristianos, unidos a Jesucristo en el bautismo para formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, que tiene como cabeza a Él mismo, participaremos de una muerte como la de Cristo esperando la resurrección final. Pues Jesucristo nació, vivió y murió como cualquiera de nosotros pero también resucitó, y eso es lo que esperamos y creemos pues el cuerpo siempre va unido a su cabeza para formar, en palabras de San Agustín de Hipona, el cuerpo total: cabeza más cuerpo.

7 comentarios:

Cris dijo...

Tienes razón, muchos cristianos no nos lo acabamos de creer... Yo reconozco que prefiero no pensar en el tema de la resurrección (no en la de Jesús, sino en la mía el día que me muera). No lo entiendo y yo, amigo, soy muy racional, más de lo que parezco... Así que ahí está mi lucha, en intentar comprender con "ojos de fe" el mayor acto de Amor que nunca ha sido realizado.

El pescador dijo...

Precisamente la esperanza de la resurrección es lo que sentido a nuestra desaparición en la muerte: sin la fe no sé cómo puede ser soportable ese trance doloroso, de los demás y el nuestro propio.

En la bitácora he dicho muchas veces que la fe y la razón son las dos alas del pensamiento, pues la razón no puede abarcarlo todo, explicarlo todo y entenderlo todo (v.gr. la entrega y el amor), y la fe nos abre unas puertas insospechadas. Te recomiendo que leas los "Pensamientos" de Pascal.

alfonso dijo...

El Papa en un libro suyo, que no recuerdo, insistía que en el credo debía decirse resurrección de la carne y no resurrección de los muertos.
Creo que uno de los aspectos más desconocidos por el creyente de a pie es que no resucitaremos sólo como almas, sino que a partir del juicio final tendremos junto al alma un cuerpo glorioso semejante al de Cristo. El mismo Jesús en su réplica a los herodianos, indicaba ya algo de esa vida en el cielo. Y después San Pablo "hermanos os anuncio un misterio, no todos moriremos, más todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la última trompeta". Por eso los que se aparecieron al morir Cristo a los habitantes de Jerusalén, no podían ser cuerpos gloriosos, sino apariciones, porque aún no ha llegado la hora de la convocatoria de todos, vivos y muertos, al son de las trompetas, en el valle de Josafat.
A quienes no aceptan la escatología católica y niegan la resurrección deberían asumir por ejemplo el texto del discurso de Cristo muerto sobre el edifico del mundo, todos los muertos acuden y rodean un cadáver lleno de nobleza, es el de Cristo, lo despiertan y le piden que les muestre al Padre, Cristo les dice: "He recorrido los mundos, subí hasta los soles y no encontré a Dios alguno; bajé hasta los últimos límites del universo, miré los abismos y grité: Padre, ¿dónde estás? [...]. La eternidad reposaba en el caos, lo roía y, al roerlo, se devoraba lentamente ella misma. Los niños muertos se acercan a Cristo y le preguntan: Jesús, ¿no tenemos padre? Y él responde: todos somos huérfanos." Fragmento del Sueño de Jean Paul Ritcher

Cris dijo...

He de reconocer, chicos, que este tipo de conversaciones de ultimamente me desbordan un poco. No voy a decir que tengo la fe del carbonero (estaría mintiendo) pero soy mucho más intuitiva que todo eso y vuestros discursos y referencias a libros y teologías me desbordan un poco...

Aun así intentaré seguiros... :)

El pescador dijo...

Alfonso, quizá no ha quedado explícito que resucitaremos lo mismo que Jesús, seremos semejantes a Dios, seremos divinizados, pues la cabeza y el cuerpo unidos han de ser semejantes o iguales.

El pescador dijo...

Lo que quiere decir que tendremos un cuerpo glorioso es que ya no nos afectará el tiempo y el espacio como ahora: el tiempo con la edad y las enfermedades, el espacio porque no podemos atravesar las paredes, por ejemplo ni estar en dos sitios a la vez, esas son sólo prerrogativas de Dios, que Jesús resucitado sí hacía: se presenta a los discípulos con las puertas cerradas, todo ello por participar de una resurrección como la de Cristo que nos divinizará.

alfonso dijo...

Parece que tiempo sí habrá pero será irrelevante porque la perspectiva de quienes resuciten y vayan al cielo será sólo la eternidad, espacio también por cuanto que si mantenemos nuestra individualidad es necesario que haya un espacio común donde poder distinguirnos unos de otros y entre nosotros a su vez de Dios. También parece que unos cuerpos serán más gloriosos que otros, por cuanto que la frase de Jesús, en la casa del Padre hay muchas estancias y Yo voy a preraros sitio parece indicarlo así, de forma que en el cielo por así decir habrá quien esté más cerca y más lejos de Dios, al modo de los ángeles que no son todos iguales, sino que hay ángeles, arcángeles, querubines y serafines. Pero supongo que eso será irrelevante, porque quienes estén allí entenderán que la posición en la que se les sitúe es la justa y la que conviene a su ser.
Con todo creo que lo que hagamos aquí tendrá trascendencia no sólo para salvarnos o condenarnos sino también para caso de ser salvos ocupar una estancia y no otra, y que cuanto más hagamos las cosas "como Dios manda" más se parecerán nuestras cosas de aquí a las de allí.