martes, 6 de febrero de 2007

Adorar y venerar

Existe una confusión muy común que consiste en creer que a la Virgen y a los santos se les adora, incluso existe la expresión: "Adoro esto o lo otro".

Pero a la Virgen y a los santos no se les puede adorar, menos aún las cosas pueden ser adoradas, pues el único que puede recibir la adoración es Dios.

A la Virgen y a los santos se les venera. Vamos a ver qué significan adorar y venerar, qué diferencias hay entre el culto tributado a Dios por un lado y a la Virgen y a los santos por otro.

La adoración designaba en su origen la simple genuflexión ante un ser considerado divino o sus imágenes. En este sentido se habla todavía de la adoración de la cruz el viernes santo. En el sentido estricto que la palabra tomó luego, designa el homenaje tributado a Dios como tal, que no puede rendirse a nadie más. Se adora, sin embargo, la humanidad de Cristo, pero en cuanto que su persona es divina. Este culto de adoración, exclusivamente reservado a Dios, se llama latría.

El culto tributado a la Virgen y a los santos, que no son Dios, es la veneración, se llama dulía, del griego doulos=esclavo, siervo. A la Virgen, por ser la Madre de Dios se le da un culto de hiperdulía (del prefijo griego hyper=por encima de), para distinguirla del culto de los santos, pues ella es Santísima, la Panagia (la toda santa) que dicen los ortodoxos.

Luego está el culto a las imágenes, que no son adoradas, sino veneradas, puesto que adorar las imágenes es idolatría=adorar ídolos. Es un culto de honra; las imágenes son veneradas porque representan y nos acercan a Dios, que con la Encarnación de su Hijo dejó de ser invisible y pudimos contemplarlo con los ojos. Las imágenes de la Virgen y de los Santos también nos ayudan a elevarnos y a conocer lo que no podemos ver con los ojos de la carne, nos ayudan a entablar relaciones más vivas con ella (Juan Pablo II, Audiencia general del 29-10-1997), ya que dice el II Concilio de Nicea (787), que autorizó el culto a las imágenes: "Porque el honor de la imagen, se dirige al original", y el que venera una imagen, venera a la persona en ella representada.

En la citada audiencia general del 29 de octubre de 1997, Juan Pablo II habló sobre la devoción mariana y el culto a las imágenes, pincha aquí para leerla.

1 comentario:

alfonso dijo...

Esto que comentas es muy muy importante, de hecho fue una de las causas, quizá la fundamental, de que se perdiera para el cristianismo el norte de áfrica donde se extendió la herejía monofisita, de hecho un emperador de oriente, no recuerdo el nombre, arrasó con todas las imagenes que se solían colocar en Bizancio en las fachadas de los edificios. Los católicos monofisitas después no tuvieron ningún inconveniente para abrazar el credo mahometano.