domingo, 11 de febrero de 2007

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Ésta es la antífona del Salmo 1 que se lee en este 6º Domingo del Tiempo Ordinario. Hace relación al evangelio de las bienaventuranzas de San Lucas (6,17.20-26), en el que Jesucristo llama dichosos a quienes confían en el Señor y se lamenta de los ricos y confiados en sí mismos.

Se trata de contraponer dos comportamientos o actitudes (uno bueno: confiar en Dios, y otro malo: estar satisfecho y confiar en las propias fuerzas) para elegir uno, en este caso el bueno.

Voy a poner dos párrafos de la enarración de San Agustín a este salmo 1 que explica en primer lugar cómo el modelo de nuestra elección es el mismo Jesucristo, que estuvo entre los pecadores pero no se contaminó de ellos:

Dichoso el hombre que no se halló en el consejo de los impíos: esto ha de entenderse del hombre Señor, es decir de nuestro Señor Jesucristo. Dichoso el varón que no se halló en el consejo de los impíos: como el hombre terreno que consintió, quebrantando el precepto de Dios, en la insinuación de la mujer engañada por la serpiente. Y no se detuvo en el camino de los pecadores: porque ciertamente transita por el camino de los pecadores, naciendo como ellos, pero no se estacionó porque no lo retuvieron los atractivos mundanos [...] Se detiene cuando se deleita en el pecado [...] (1,1).

En este otro párrafo explica el santo obispo de Hipona qué significa que Dios conoce el camino de los justos y que el de los impíos acabará mal:

Porque Dios conoce el camino de los justos. Como puede decirse que la medicina conoce la salud, pero no las enfermedades, y, sin embargo, por el arte de la medicina se conocen los males, así puede decirse que conoce el Señor el camino de los justos, pero no el de los impíos, no porque ignore algo el Señor a pesar de que diga a los pecadores: No os conozco. Se dijo, pues: El camino de los impíos perecerá, en lugar de Dios desconoce el camino de los impíos. De este modo se dijo más tajante; de suerte que desconocer a Dios sea perecer, y conocer, permanecer; de forma que al conocimiento de Dios pertenezca el ser, y a la ignorancia el no ser, puesto que dice el Señor: Yo soy quien soy; y: El que existe, me envió (Ex 3,14) (1,6).

6 comentarios:

alfonso dijo...

Realmente deben serlo, tras haber leído anteanoche tu artículo "La epopeya de los mártires en Japón", me fui a la cama con el recuerdo del niño que prefirió ser torturado antes que apostatar, y ni con la golosina que le ofrecía el policía abjuró de su fe. Me impresionó mucho,seguramente estará en el cielo y le pedí que intercediera por mí. Como Endo yo también me preguntó si habría apostatado en esas circunstancias, si hubiera renunciado a la dicha de las bienaventuranzas. Por favor, si sabes en que lugar se cuenta, te agradecería que me suministrases los datos de los textos de referencia.

El pescador dijo...

Alfonso ¿qué textos de referencia quieres saber, los de Endo?

El pescador dijo...

Realmente no sabemos cómo vamos a reaccionar ante situaciones de dificultad, pero hemos de confiar en que si mantenemos la fe con el auxilio de la gracia podremos soportar lo que venga, como estos mártires del Japón.

De todas formas en la historia de las persecuciones siempre han estado los que han huido, empezando por los apóstoles, y Endo hace referencia siempre a esos apóstatas, como hablo en la entrada a la que haces referencia.

alfonso dijo...

Me gustaría conocer los textos donde se narra la persecución de esa pobre gente, en especial el caso a que te hacía referencia de los niños y demás personas que estaban presos en el templo y que hundían en el agua helada. Mencionas dos novelas de Endo, no sé si está en ellas o en otros libros. Lo que más me llega es que no hay ninguna heroicidad, es claro que nuestra pobre humanidad la sostiene su gracia.

El pescador dijo...

Yo he encontrado esas historias en dos relatos cortos de Shusaku Endo: el caso de los niños en "Los últimos mártires" y el otro fragmento es de "Madres".

Están en una colección de relatos cortos del autor en francés y en inglés; yo tengo traducido "Los últimos mártires": "Los últimos mártires" está en inglés en un libro titulado "The final martyrs" y en francés "Une femme nommée Shizu", y "Madres" en francés en otro libro, "Douleurs exquises"; en inglés tengo que mirar su título.
Puedes conseguirlos en www.amazon.fr,www.amazon.com o www.amazon.co.uk

También aparecen estos relatos de martirios en su gran novela, "Silencio"; aquí se describe la tortura de los mártires atados a una estaca mientras sube la marea, y sobre todo la gran tortura de la fosa, la más cruel de todas, que hizo apostatar incluso a algunos jeusitas; yo tengo una traducción editada en 1995 ó 96 por PPC, y también la editó Edhasa. En inglés ("Silence") la puedes conseguir en las direcciones de Amazon que te consigné arriba.

Espero que te haya servido de ayuda.

El pescador dijo...

También se me olvidaba otro relato corto de Endo, "Unzen", en francés en "Douleurs exquises" y en inglés en "Five by Endo".