miércoles, 21 de febrero de 2007

Reflexión cuaresmal 2007

Os ofrezco la reflexión cuaresmal que, si Dios quiere, ofreceré esta tarde en la presentación del cartel de Semana Santa; espero que os guste y os ayude:

La Cuaresma es el tiempo en que los catecúmenos se preparan con más intensidad a su bautismo en la noche de Pascua, por tanto la Cuaresma dirige nuestra mirada a la Pascua, a la muerte y resurrección de Cristo, que es el centro de nuestra fe cristiana. Y por eso no debemos quedarnos simplemente en los ejercicios de la cuaresma, sino tener siempre la vista hacia la meta que es el tiempo de Pascua, que además es más largo que este tiempo que hoy empezamos.

El mensaje del Papa para esta cuaresma tiene como título y lema “Mirarán al que traspasaron”: es la frase de Zacarías que cita el evangelio del discípulo amado cuando cuenta que a Jesús le atravesaron el costado con la lanza y al punto salió sangre y agua. El evangelista nos insiste en que él fue testigo de este acontecimiento y que es verdadero. Si recordamos cualquier imagen de Cristo crucificado y del Resucitado que procesionamos en nuestro Domingo de Resurrección, siempre tienen el costado abierto, es la quinta llaga o estigma de la Pasión, como nos recuerda la portada de Consolación, adornada con los 5 estigmas de San Francisco, símbolos de la orden franciscana.

El Papa habla de Cristo, pero no en cualquier etapa de su vida terrena, sino al Cristo traspasado en el Calvario, el Cristo que da su sangre y su agua para que nazca la Iglesia, es su suprema muestra de amor.

La originalidad del Santo Padre para esta cuaresma es hacernos ver que Dios no es sólo ágape, sino también eros. La Sagrada Escritura habla en los profetas y en el Cantar de los cantares de la relación de Dios con su pueblo Israel como un novio o un esposo que ama con pasión, y a pesar de las infidelidades ama por encima de todo.

Los profetas Oseas y Ezequiel presentan a Dios como el marido que busca a su esposa infiel para perdonarla a pesar de su infidelidad; Israel fue la esposa infiel a Dios porque se había ido en pos de otros amantes, que eran los ídolos o falsos dioses.

A Dios le pasa lo que canta la copla:

Querer a quien no te quiere,

a eso se llama querer,

porque querer a quien te quiere

se llama corresponder

y eso lo hace cualquiera.

Este simbolismo amatorio y esponsal nos habla de la relación personal que Dios quiere establecer con nosotros, una relación de amor, que eso son las relaciones personales. Para eso nos creó Dios y para eso se ha revelado, para tener una relación de amistad con nosotros.

Y la cuaresma es el tiempo del año litúrgico en que Dios viene a buscarnos para recuperarnos, para que nos demos cuenta de nuestras infidelidades, nos volvamos hacia Él y nos preparemos a renovar nuestra iniciación cristiana en la Pascua; a renovar nuestro bautismo, en el que participamos del amor máximo de Cristo en la cruz y en la resurrección.

Todo el amor de Cristo en la cruz tiene un destinatario, nosotros, la Iglesia, su esposa. Por eso no podemos decir que amamos a Cristo pero no a su Iglesia. El Papa alude a San Agustín en su mensaje cuaresmal de este año para explicar el sentido del costado abierto de Cristo, nuevo Adán, del que nace la Iglesia, nueva Eva; la sangre y el agua que brotan del costado traspasado de Cristo son en primer lugar un fenómenos fisiológico: la sangre del corazón y el agua del pericardio, la membrana que protege el corazón; pero el evangelista San Juan quiere dar un simbolismo a este fenómeno fisiológico, y para ello os voy a citar algunos textos de las Enarraciones sobre los Salmos de San Agustín, donde explica perfectamente cómo el agua y la sangre del costado abierto de Cristo son el bautismo y la Eucaristía, los sacramentos de los que nace la Iglesia; dice el santo obispo de Hipona:
Porque cuando dormía Adán, le fue arrancada una costilla y fue hecha Eva; así el Señor cuando dormía en la cruz, su costado fue atravesado con una lanza, y fluyeron los sacramentos, de donde fue hecha la Iglesia. Pues la Iglesia esposa del Señor fue hecha del costado, lo mismo que Eva fue hecha del costado. Pero de la misma manera que aquella no fue hecha sino del costado del que dormía, así ésta no fue hecha sino del costado del que moría (126,7).
Del costado abierto de Cristo nace la Iglesia; en el bautismo y en la Eucaristía nosotros fuimos incorporados a la Iglesia, así lo recordaremos en el Triduo Pascual; dice en otra Enarración ampliando este tema del costado abierto de Cristo del que nace la Iglesia por los sacramentos de iniciación cristiana:
Así pues si Adán era figura del que había de venir, del mismo modo que del costado del que dormía fue hecha Eva, así del costado del Señor que dormía, o sea, que moría en la pasión, y golpeado en la cruz con la lanza, manaron los sacramentos, con los cuales se forma la iglesia. Pues de su misma pasión futura dice en otro salmo: “yo dormí, y tomé el sueño; y me levanté porque el Señor me sustentó”. Luego la dormición se entiende como la pasión. Eva fue hecha del costado del que dormía, la iglesia del costado del que padecía (138,2).

Por eso nosotros somos también hijos de la Iglesia, que nos ha parido, como nos explica también San Agustín: Hay una mujer en la que espiritualmente se cumple lo que se dijo a Eva: “Parirás con gemidos”, pues la Iglesia esposa de Cristo pare hijos. Si da a luz, sufre dolores de parto. Prefigurándola, se llamó a Eva “madre de los vivientes (126,8).

El Papa nos invita en su mensaje cuaresmal a volvernos a Cristo, que miremos al que traspasaron, eso es la conversión; volvernos a Cristo que como esposo amante nos busca y con lazos de ternura nos busca, con cuerdas de amor nos atrae (cf. Oseas 11,4), escuchemos lo que nos dice el Señor a través del profeta Oseas: Israel, yo te haré mi esposa para siempre, mi esposa legítima, conforme a la ley, porque te amo entrañablemente. Yo te haré mi esposa y te seré fiel, y tú entonces me conocerás como el Señor (Oseas 2,19-20).

Dice el refrán castellano que Amor con amor se paga, por eso termino recitando el bellísimo Soneto anónimo No me mueve mi Dios para quererte:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

2 comentarios:

Cris dijo...

Me encanta ese soneto; de hecho siempre que voy de ejercicios me lo encuentro, por una u otra razón, frente a mi.

La poesía es lo que tiene, nos enfrenta, de forma bellísima, con aquello que nosotros no sabemos expresar...

La cuaresma... época de quitarse cosas para vestirse de resurrección. Empezaremos el camino, ¡Ánimo! (y besos, que te tengo abanonadito)

El pescador dijo...

La poesía condensa los más bellos sentimientos en pocas palabras; realmente es la forma más sublime de expresarse.