jueves, 29 de marzo de 2007

El Papa sobre las imágenes del Compendio del Catecismo

Sigo con el artículo de Sandro Magister sobre las imágenes del "Compendio del catecismo":

La utilización de estas imágenes en la catequesis está muy metida en Joseph Ratzinger. En la introducción al "Compendio" fechada el 20 de marzo de 2005 ha escrito:
También las imágenes son predicación evangélica. Los artistas de todos los tiempos han ofrecido a la contemplación y al asombro de los fieles los hechos sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolos en el esplendor del color y en la perfección de la belleza. Es un indicio, éste, de cómo hoy más que nunca, en la cultura de las imágenes, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, desde el momento que es sobremanera eficaz su dinamismo de comunicación y de transimisión del mensaje evangélico.
Igual de explícito ha sido el Papa en el discurso tenido el 28 de junio durante el rito de entrega del nuevo catecismo:
Imágenes y palabra se iluminan recíprocamente. El arte "habla" siempre, al menos implícitamente, de lo divino, de la belleza infinita de Dios, reflejada en el icono por excelencia: Cristo Señor, imagen del Dios invisible. Las imágenes sagradas, con su belleza, son también anuncio evangélico y expresan el esplendor de la verdad católica, mostrando la suprema armonía entre lo bueno y lo bello, entre la "via veritatis" y la "via pulchritudinis". Mientras dan testimonio de la secular y fecunda tradición del arte cristiano, estimulan a todos, creyentes y no, al descubrimiento y a la contemplación de la fascinación inagotable del misterio de la redención, dando siempre nuevo impulso al siempre vivaz proceso de la inculturación en el tiempo.
Y al día siguiente, 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, ha aplicado estos enunciados generales a una imagen precisa. En un pasaje de la homilía de la Misa, Benedicto XVI ha reclamado la atención sobre la imagen del principio del "Compendio", la que da el sello a todo el catecismo. Y la ha explicado así:
Al principio hay un icono de Cristo del siglo XVI [ver imagen que ilustra esta entrada] que se encuentra en el Monte Athos y representa a Cristo en su dignidad de Señor de la tierra, pero también como heraldo del Evangelio, que porta en la mano. Yo soy el que soy, este misterioso nombre de Dios propuesto en la Antigua Alianza, es citado allí como su nombre propio: todo lo que existe viene de Él, Él es la fuente originaria de todo ser. Y porque es único, está también siempre presente, está siempre cercano a nosotros y al mismo tiempo siempre nos precede: como "indicador" sobre el camino de nuestra vida, es más siendo Él mismo la vida. No se puede leer este libro [el catecismo] como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma.
En el Ángelus del domingo siguiente, 3 de julio, en el mensaje desde su ventana sobre la plaza de San Pedro, Benedicto XVI ha vuelto una vez más sobre el "Compendio" del catecismo. Y de nuevo ha subrayado en él la centralidad de Cristo, bien representada desde la primera de sus catorce imágenes.
El "Compendio" [...] permite captar la extraordinaria unidad del misterio de Dios, su designio salvífico para la humanidad entera, la centralidad de Jesús, el Hijo unigénito de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María, muerto y resucitado por nosotros. Presente y actuante en su Iglesia particularmente en los sacramentos, Cristo es el manantial de nuestra fe, el modelo de todo creyente y el maestro de nuestra oración.
En la elección de las imágenes del "Compendio" -elección sobre la cual tuvo un papel determinante como cardenal- Ratzinger ha dado un espacio relevante también a las tradiciones iconográficas de las Iglesias de oriente.

De catorce imágenes, dos pertenecen a la tradición bizantina, una a la armenia, una a la copta.

Y en la Misa de la festividad de San Pedro y San Pablo, cuando dedicó parte de la homilía a ilustrar el icono de Cristo del monte Athos que abre el "Compendio", estaba presente una delegación de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, enviada por el patriarca ecuménico Bartolomé I y presidida por el metropolita Ioannis.

Un particular atención a las Iglesias de oriente hay también en el apéndice del volumencito. Junto a oraciones e himnos latinos como la "Salve Regina" y el "Te Deum" figuran una oración de tradición bizantina, una copta y una siro-maronita.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Un catecismo para la cultura de la imagen

Realmente fue un acierto pleno del actual máximo pontífice de nuestra iglesia el editar un resumen o compendio del Catecismo de la Iglesia Católica enriquecido además con las más bellas imágenes de la historia del arte. Nuestra cultura actual valora mucho las imágenes, lo visual y la Iglesia tiene una riquísima tradición artística de imágenes al servicio de la transmisión de la fe.

Esta entrada es una traducción de un estupendo artículo del vaticanista Sandro Magister: explica el sentido de las imágenes que acompañan al Compendio del Catecismo; yo he puesto un enlace a cada imagen para que podáis verlas bien, sólo tenéis que pinchar el subrayado azul. Espero que lo disfrutéis.

Un catecismo para la cultura de la imagen

En el nuevo "Compendio" de la doctrina católica entran también catorce obras maestras de la pintura de Occidente y de Oriente. Y el Papa ha explicado por qué. Timothy Verdon: "Benedicto XVI ha hecho justicia al arte cristiano".

ROMA, 5 Julio 2005 - En el nuevo "Compendio" del catecismo de la Iglesia católica publicado por Benedicto XVI el 28 de junio hay una novedad inesperada. En él destacan catorce imágenes sagradas a todo color.

Como el Papa ha explicado, las imágenes no son puramente ilustrativas. Son parte integrante del nuevo catecismo.

Deberán ser reproducidas en todas las traducciones del "Compendio". Y deberán encontrarse siempre en las mismas posiciones respecto del texto. Cada imagen está acompañada por un esmerado comentario, rico en citas de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

La primera imagen está al principio del libro, justo después del título y del "Motu Proprio" papal de aprobación y publicación. Es el icono de Cristo pintado por Teófanes de Creta en 1546 para el monasterio Stavronikita sobre el Monte Athos.

Otras cuatro imágenes preceden a las cuatro partes en las que se articula el volumencito, respectivamente dedicadas al Credo, a los sacramentos, a los mandamientos y al Padre Nuestro.

Abre la parte del Credo -titulada "La profesión de la fe"- la Adoración de los Magos de Gentile de Fabriano, de 1423, conservada en Florencia en la Galería de los Uffizi.

Hace de introducción a la parte de los sacramentos -"La celebración del misterio cristiano"- un Jesús que da la comunión a los apóstoles del pintor flamenco Joos van Wassenhove, conservado en Urbino en la Galería Nacional de las Marcas.

Inaugura la parte de los mandamientos -"La vida en Cristo"- una ilustración del Tetraevangelio armenio pintado por Jacobo el Copista, conservado en Viena en la Biblioteca de los Padres Mequitaristas. La imagen representa la Última Cena de Jesús con los apóstoles, en torno a una mesa con forma de cáliz eucarístico.

Precede a la parte dedicada al Padre Nuestro -"La oración cristiana"- un icono copto de Pentecostés.

Cada una de las cuatro partes del "Compendio" está después articulada en dos secciones. Y cada sección es introducida a su vez por una imagen.

Ilustran las dos secciones de la primera parte una miniatura de los seis día de la creación de la Biblia de Souvigny de finales del siglo XII, conservada en Moulins en la Biblioteca municipal [ver imagen que ilustra la entrada], y la cruz gloriosa que está en el centro del mosaico del ábside de la basílica de San Clemente en Roma.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a los sacramentos un detalle de los mosaicos de la capilla "Redemptoris Mater" inaugurada en el Vaticano en 1999, con el Cristo crucificado de cuyo costado manan sangre y agua, y el Tríptico de los Siete Sacramentos de Roger van der Weyden, conservado en Amberes en Koniklijk Museum voor Schone Kunsten.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a los mandamientos el "San Juan que contempla la Inmaculada Concepción" de El Greco, conservado en Toledo en el Museo de la Santa Cruz, y el "Sermón de la montaña" pintado por el Beato Angélico para el convento de San Marcos en Florencia.

Ilustran las dos secciones de la parte dedicada a la oración un icono bizantino de las principales fiestas litúrgicas y otra pintura de El Greco, La oración de Jesús en el huerto, conservado en los Estados Unidos en el Museo del Arte de Toledo, Ohio.

Finalmente, un coro de ángeles tomado del políptico de Jan van Eyck en la catedral de Gante abre el apéndice al final del volumencito, que alinea oraciones y fórmulas de la doctrina cristiana en latín y en lengua vulgar.

Además, la cubierta del "Compendio" tiene como logotipo una figura bucólica tomada de una lápida sepulcral cristiana de las catacumbas de Domitila, en Roma, que se remonta a finales del siglo III.

La figura -está explicado- sugiere el sentido global del nuevo catecismo: "el Cristo buen pastor, que con su autoridad (el cayado) conduce y protege a sus fieles (la oveja), la atrae con la melodiosa sinfonía de la verdad (la flauta) y la hace reposar a la sombra del árbol de la vida, su cruz redentora, que abre el paraíso".

Catecismo en imágenes: una edición especialísima del “Compendio”

Este artículo de Sandro Magister trata sobre la edición especialísima del Compendio del Catecismo de la Iglesia católica de la editorial de arte Franco Maria Ricci, FMR.

A lo largo del artículo yo he puesto enlaces a las imágenes que se citan para que podáis conocerlas; sólo tenéis que pinchar en los subrayados azules para verlas.

ROMA, 12 marzo de 2007 – La imagen aquí encima [en esta entrada a la derecha] es el “Salvator Mundi”, de Antonello de Messina, pintado en el 1475 y preservado en la Galería Nacional de Londres. Es la primera de cuarenta y nueve imágenes, que ilustran una nueva, suntuosa edición del Compendio del Catecismo de la Iglesia Cátolica, difundida por FMR, una de las editoriales de arte más renombradas del mundo.

El volumen constituye por sí mismo una obra de arte. Formato grande, encuadernación en seda roja con inscripciones en oro, papel en fibra de algodón con filigrana papal, estampa y grabados de alta calidad, serie limitada y precio proporcional: 1.500,00 euros.

El texto del Compendio del Catecismo es idéntico a aquel que fue publicado el 28 de junio de 2005 por Benedicto XVI, en una de sus primeras iniciativas relevantes de su pontificado. Incluso en la edición corriente, difundida a través de millones de copias en varios idiomas, el texto está acompañado por imágenes. Éstas fueron escogidas por Benedicto XVI en persona, que siendo cardenal fue el primer creador a la vez del Catecismo y de su Compendio.

Las imágenes no son secundarias. Son parte integrante del Compendio. Es obligatorio que éstas sean reproducidas en todas las ediciones impresas; y deben mantener el mismo arreglo en relación al texto. Por ejemplo, el “Sermón de la Montaña” del beato Angélico debe aparecer siempre bajo el título de la sección dedicada a los diez mandamientos.

La diferencia entre la actual edición y la del FMR está en el número de imágenes. Catorce en el primer caso, cuarenta y nueve en el segundo.

Tanto en la edición actual, como en esta lujosa edición la elección de las imágenes fue hecha bajo indicación de Benedicto XVI.

En la práctica, sin embargo, quien las seleccionó y presentó al Papa fue Timothy Verdon, un americano por nacimiento, historiador de arte, sacerdote de la diócesis de Florencia, director de la oficina por el catecismo a través del arte y autor de importantes libros sobre el arte cristiana.

El significado de la relación entre la palabra y la imagen, en el catecismo de la Iglesia Católica, es explicado por Verdon en una nota titulada “Immagini della fede [Imágenes de la fe]”: el artículo de apertura del primer número de una nueva revista publicada a su vez por FMR, “Eikon”.

"Eikon" es palabra griega que significa icono, imagen. Y Verdon cita a Pablo que en su carta a los Colosenses define a Cristo como el “eikon del Dios invisible”. En el Compendio del Catecismo, en la pregunta 240, resuena esta afirmación paulina cuando dice que “la imagen de Cristo es el icono litúrgico por excelencia, y que en Su imagen se resumen todas las demás imágenes sagradas y todas las Santas Escrituras. La Iglesia ha creído tanto en esta concepción que a través de los siglos ofreció enormes recursos para realizar obras de arquitectura y de arte litúrgica, y a dominar las tendencias iconoclastas que la tentaron”.

Por lo tanto, es natural que el Compendio se abra con la imagen de Jesús. En la edición de FMR, las imágenes son dos en lugar de una. Al lado del Cristo pintado por Teófanes de Creta en 1546, para el monasterio Stavrokinita en el Monte Athos, está “Salvator Mundi”de Antonello da Messina. Iglesia de Oriente y de Occidente.

Junto al artículo de Verdon de la revista “Eikon”, fueron reproducidas algunas imágenes que ilustran la edición de FMR del Compendio del Catecismo. Entre ellas, un extraordinario “Dios con brújula que crea el cielo y la tierra”, una miniatura de la Biblia del siglo XIII y una maravillosa “Adoración de lo pastores” de Domenico Ghirlandaio, del 1480.

En un fragmento de su artículo, Verdon escribe, en relación a la eficacia del arte cristiano también en una sociedad secularizada:

“Creyentes y no creyentes son fascinados por el patrimonio pictórico, escultórico y arquitectónico generado por los cristianos durante siglos, no solamente por la belleza formal de las obras, sino porque ellas enfrentan cara a cara con interrogantes de gran actualidad. En una Europa donde el aborto es legal y donde se discute sobre la admisibilidad de la eutanasia, imágenes típicas de la tradición cristiana, como la Virgen con el niño y el Cristo crucificado, sacuden las conciencias, insistiendo con una tranquila fuerza sobre el valor irrepetible de la vida e incluso de la vida de sufrimiento".

"Eikon", la nueva revista de FMR, dirigida por Flaminio Gualdoni, es dedicada a la “cultura visiva contemporánea” y a la forma que tiene el hombre de ver el arte también en el pasado. El primer número tiene por tema "La creencia y los miembros" y además del artículo Verdon, entre él otros, dos artículos tratan sobre conocidas obras maestras para quien visita Roma: “La Piedad" de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro y el moderno "Cristo resucitado" de Pericle Fazzini que domina el aula de las audiencias papales.

Un magnifico ángulo de “La Piedad" de Miguel Ángel, fotografiado por Aurelio Amendola, se encuentra en la portada del primer número de la nueva revista.

Además, también para FMR, Timothy Verdon ha armado el volumen de gran formato “Bellezza e identità. L'Europa e le sue cattedrali [Belleza e identidad. Europa y sus catedrales]”, dedicado a Benedicto XVI en ocasión de su octogésimo cumpleaños, el próximo 16 de abril. Su costo, el doble del Compendio del Catecismo, da la idea de la extraordinaria calidad de la obra, dedicada a la huella cristiana de la Europa, legible en sus catedrales.

martes, 27 de marzo de 2007

House M.D. y el aborto de nuevo

En el episodio de esta noche de la serie House de nuevo ha salido el tema del aborto; ya lo traté en otra entrada del mes pasado sobre la misma serie. En esta ocasión, el episodio 12 de la tercera temporada se titula Un día, una habitación y trata sobre una chica que va a la consulta y resulta tener una enfermedad venérea; cuando House le alarga las pastillas para el tratamiento ella le da un manotazo y le grita que no la toque. Entonces nuestro doctor se da cuenta de que la chica ha sido violada.

Eve, la víctima de la violación, se empeña en ser atendida por House; la cosa se complica cuando se dan cuenta de que está embarazada, y cómo no, House quiere hacer un aborto, como otra operación o tratamiento más.

Pero ella se niega con argumentos religiosos (se graduó en Religiones comparadas en la Universidad), puesto que toda vida es sagrada y el aborto es un asesinato: La respuesta de House es tan cínica como siempre ¿La vida de Hitler es sagrada, o la del que te hizo esto?

Pero ella insiste, puesto que quiere defender la vida, ya que nuestro destino es la eternidad, se resiste a creer que la vida se acabe sólo en el tiempo de la tierra, como le dice el médico.

No sé si el nombre del personaje tendrá alguna intencionalidad, pero Eve (Eva en español) significa Madre de los que viven, y esta chica está convencida realmente y hace todo lo posible para seguir adelante con su embarazo y realmente hace honor a su nombre ya que es madre de una criatura que vive en sus entrañas y se empeña en defender su vida, puesto que es sagrada.

Realmente es muy duro tener que asumir esa maternidad impuesta tras este terrible trauma pero la solución no es provocar otro trauma con un aborto: Durante la Guerra de Yugoslavia de principios de los noventa fue una triste rutina las violaciones de mujeres; muchas quedaron embarazadas, y años después leí un reportaje sobre su vida después que los niños nacieron; decían que al principio odiaban a esos bastardos que llevaban dentro pero que luego su instinto maternal se impuso y amaron a esos niños impuestos.

De entre todos los testimonios sobresale el de Sor Lucy Vertrusc, una joven religiosa que también fue violada y resultó embarazada; ella se ofreció como las Carmelitas de Compiègne para ser mártir y efectivamente lo fue, pero siendo un testimonio viviente (mártir significa en griego testigo). Merece la pena leer con detenimiento esta carta que escribió a su Superiora tras descubrir su embarazo; en ella expone sus razones para continuar con su nueva vida, porque dice que no se puede arrancar una planta con sus raíces: Leedlo y difundidlo pues esta joven quiso, según ella misma dice, testimoniar con su hijo, fruto de la violencia, lo único que engrandece al ser humano: el perdón.

"Soy Lucy, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedió a mis hermanas Tatiana, Sandria y a mí.

Permítame no entrar en detalles del hecho, hay en la vida experiencias tan atroces que no pueden confiarse a nadie más que a Dios, a cuyo servicio, hace apenas un año, me consagré.

Mi drama no es tanto la humillación que padecí como mujer, ni la ofensa incurable hecha a mi vocación de consagrada, sino la dificultad de incorporar a mi fe un evento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad de Aquél, a quien siempre consideraré mi Esposo divino.

Hace pocos días que había leído "Diálogo de Carmelitas", y espontáneamente pedí al Señor la gracia de poder también yo morir mártir. Dios me tomó la palabra, pero ¡de qué manera! Ahora me encuentro en una angustiosa oscuridad interior. Él ha destruido el proyecto de mi vida, que consideraba definitivo y exaltante para mí y me ha introducido de improviso en un nuevo designio suyo que, en este momento, me siento incapaz de descubrir.

Cuando adolescente escribí en mi Diario: Nada es mío, yo no soy de nadie, nadie me pertenece. Alguien, en cambio, me apresó una noche, que jamás quisiera recordar, me arrancó de mi misma, queriendo hacerme suya...

Era ya de día cuando desperté y mi primer pensamiento fue el de la agonía de Cristo en el Huerto. Dentro de mí se desencadenó una lucha terrible. Me preguntaba por qué Dios permitió qué yo fuese desgarrada, destruida precisamente en lo que era la razón de mi vida; pero, también me preguntaba a qué nueva vocación Él quería llamarme.

Me levanté con esfuerzo y mientras ayudada por Josefina me enderezaba, me llegó el sonido de la campana del convento de las Agustinas, cercano al nuestro, que llamaba a la oración de las nueve de la mañana.

Hice la señal de la cruz y recité mentalmente el himno litúrgico: En esta hora sobre el Gólgota, / Cristo, verdadero Cordero Pascual, paga el rescate de nuestra salvación.

¿Qué es, Madre, mi sufrimiento y la ofensa recibida, comparados con el sufrimiento y la ofensa de Aquél por quien había jurado mil veces dar la vida? Dije despacio, muy despacio: Que se cumpla tu voluntad, sobre todo ahora que no tengo dónde aferrarme y que mi única certeza es saber que Tú, Señor, estás conmigo.

Madre, le escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad indeseada. Mi humillación se añade a la de ellas, y porque no tengo otra cosa que ofrecer en expiación por los pecados cometidos por los anónimos violadores y para reconciliación de las dos etnias enemigas, acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios.

No se sorprenda, Madre, si le pido que comparta conmigo un "gracias" que podría parecer absurdo. En estos meses he llorado un mar de lágrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podría sufrir más... ¡qué tan lejos estaba de imaginar lo que me habría de suceder!

A diario llamaban a la puerta de nuestro convento centenares de criaturas hambrientas, tiritando de frío, con la desesperación en los ojos. Hace unas semanas un muchacho de dieciocho años me dijo: Dichosas ustedes que han elegido un lugar donde la maldad no puede entrar. El chico tenía en la mano el rosario de las alabanzas del Profeta. Y añadió en voz baja: Ustedes no sabrán nunca lo que es la deshonra.

Pensé largamente sobre ello y me convencí de que había una parte secreta del dolor de mi gente que se me escapaba y casi me avergoncé de haber sido excluida. Ahora soy una de ellas, una de las tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo desbastado y el alma saqueada. El señor me admitió a su misterio de vergüenza. Es más, a mí, religiosa, me concedió el privilegio de conocer hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.

Sé que de hoy en adelante, las palabras de ánimo y de consuelo que podré arrancar de mi pobre corazón, ciertamente serán creíbles, porque mi historia es su historia, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir sino de ejemplo, por lo menos de referencia de sus reacciones morales y afectivas.

Basta un signo, una vocecita, una señal fraterna para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas.

Dios me ha elegido -que Él me perdone esta presunción- para guiar a las más humilladas de mi pueblo hacia un alba de redención y de libertad. Ya no podrán dudar de la sinceridad de mis palabras, porque vengo, como ellas, de la frontera del envilecimiento y la profanación.

Recuerdo que cuando frecuentaba en Roma la Universidad «Auxilium» para la Licenciatura en Letras, una anciana eslava, profesora de literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic: Tú no debes morir porque has elegido estar/ de la parte del día. La noche en que por horas y horas fui destrozada por los serbios me repetía estos versos, que los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida ya casi por la desesperación.

Ahora ya todo pasó y al volver hacia atrás tengo la impresión de haber sufrido una terrible pesadilla. Todo ha pasado, Madre, pero, todo empieza. En su llamada telefónica, después de sus palabras de aliento, que le agradeceré toda la vida, usted me hizo una pregunta concreta: ¿Qué harás de la vida que te han impuesto en tu seno? Sentí que su voz temblaba al hacerme esa pregunta, pregunta a la que no creí oportuno responder de inmediato; no porque no hubiese reflexionado sobre el cambio a seguir, sino para no turbar sus eventuales proyectos respecto de mí. Yo ya decidí. Seré madre. El niño será mío y de nadie más. Sé que podría confiarlo a otras personas, pero él - aunque yo no lo quería ni lo esperaba- tiene el derecho a mi amor de madre. No se puede arrancar una planta con sus raíces. El grano de trigo caído en el surco tiene necesidad de crecer allí, donde el misterioso, aunque inicuo sembrador lo echó para crecer.

Realizaré mi vocación religiosa de otra manera. Nada pediré a mi congregación que me ha dado ya todo. Estoy muy agradecida por la fraterna solidaridad de las hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones, y particularmente por no haberme importunado con preguntas indiscretas.

Me iré con mi hijo, no sé adonde; pero Dios, que rompió de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino a recorrer para hacer su voluntad.

Volveré pobre, retomaré el viejo delantal y los zuecos que usan las mujeres los días de trabajo y me iré con mi madre a recoger en nuestros bosques la resina de la corteza de los árboles...

Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este, mi hijo nacido de la violencia, testimoniará junto a mí la única grandeza que honra al ser humano: el perdón.

Afectuosísimamente, Lucy Vertrusc".

El Papa explica la parábola del hijo pródigo

El 18 de marzo el Papa celebró la Eucaristía en la capilla del Centro penitenciario para menores de Casal del Marmo, y en la homilía explicó bellísimamente la parábola del hijo pródigo que proponía la liturgia del IV Domingo de Cuaresma. Copio una parte de la homilía:

En este evangelio aparecen tres personas: el padre y sus dos hijos. Pero detrás de las personas hay dos proyectos de vida bastante diversos. Ambos hijos viven en paz, son agricultores muy ricos; por tanto, tienen con qué vivir, venden bien sus productos, su vida parece buena.

Y, sin embargo, el hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida: levantarse cada día, no sé, quizá a las 6; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la sagrada Biblia; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día; él piensa: no, la vida es algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; una vida libre de esta disciplina y de estas normas de los mandamientos de Dios, de las órdenes de mi padre; quisiera estar solo y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres. En cambio, ahora es solamente trabajo.

Así, decide tomar todo su patrimonio y marcharse. Su padre es muy respetuoso y generoso; respeta la libertad de su hijo: es él quien debe encontrar su proyecto de vida. Y el joven, como dice el evangelio, se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, porque quiere un cambio, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Ahora su idea es: libertad, hacer lo que me agrade, no reconocer estas normas de un Dios que es lejano, no estar en la cárcel de esta disciplina de la casa, hacer lo que me guste, lo que me agrade, vivir la vida con toda su belleza y su plenitud.

Y en un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien: cree que es hermoso haber alcanzado finalmente la vida, se siente feliz. Pero después, poco a poco, siente también aquí el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Y al final queda un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es aún la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Todo resulta vacío: también ahora aparece de nuevo la esclavitud de hacer las mismas cosas. Y al final también el dinero se acaba, y el joven se da cuenta de que su nivel de vida está por debajo del de los cerdos.
Entonces comienza a recapacitar y se pregunta si ese era realmente el camino de la vida: una libertad interpretada como hacer lo que me agrada, vivir sólo para mí; o si, en cambio, no sería quizá mejor vivir para los demás, contribuir a la construcción del mundo, al crecimiento de la comunidad humana... Así comienza el nuevo camino, un camino interior. El muchacho reflexiona y considera todos estos aspectos nuevos del problema y comienza a ver que era mucho más libre en su casa, siendo propietario también él, contribuyendo a la construcción de la casa y de la sociedad en comunión con el Creador, conociendo la finalidad de su vida, descubriendo el proyecto que Dios tenía para él.

En este camino interior, en esta maduración de un nuevo proyecto de vida, viviendo también el camino exterior, el hijo más joven se dispone a volver para recomenzar su vida, porque ya ha comprendido que había emprendido el camino equivocado. Se dice a sí mismo: debo volver a empezar con otro concepto, debo recomenzar.

Y llega a la casa del padre, que le dejó su libertad para darle la posibilidad de comprender interiormente lo que significa vivir, y lo que significa no vivir. El padre, con todo su amor, lo abraza, le ofrece una fiesta, y la vida puede comenzar de nuevo partiendo de esta fiesta. El hijo comprende que precisamente el trabajo, la humildad, la disciplina de cada día crea la verdadera fiesta y la verdadera libertad. Así, vuelve a casa interiormente madurado y purificado: ha comprendido lo que significa vivir.

Ciertamente, en el futuro su vida tampoco será fácil, las tentaciones volverán, pero él ya es plenamente consciente de que una vida sin Dios no funciona: falta lo esencial, falta la luz, falta el porqué, falta el gran sentido de ser hombre. Ha comprendido que sólo podemos conocer a Dios por su Palabra. Los cristianos podemos añadir que sabemos quién es Dios gracias a Jesús, en el que se nos ha mostrado realmente el rostro de Dios.

El joven comprende que los mandamientos de Dios no son obstáculos para la libertad y para una vida bella, sino que son las señales que indican el camino que hay que recorrer para encontrar la vida. Comprende que también el trabajo, la disciplina, vivir no para sí mismo sino para los demás, alarga la vida. Y precisamente este esfuerzo de comprometerse en el trabajo da profundidad a la vida, porque al final se experimenta la satisfacción de haber contribuido a hacer crecer este mundo, que llega a ser más libre y más bello.

No quisiera hablar ahora del otro hijo, que permaneció en casa, pero por su reacción de envidia vemos que interiormente también él soñaba que quizá sería mucho mejor disfrutar de todas las libertades. También él en su interior debe "volver a casa" y comprender de nuevo qué significa la vida; comprende que sólo se vive verdaderamente con Dios, con su palabra, en la comunión de su familia, del trabajo; en la comunión de la gran familia de Dios. No quisiera entrar ahora en estos detalles: dejemos que cada uno se aplique a su modo este evangelio. Nuestras situaciones son diversas, y cada uno tiene su mundo. Esto no quita que todos seamos interpelados y que todos podamos entrar, a través de nuestro camino interior, en la profundidad del Evangelio.

Añado sólo algunas breves observaciones. El evangelio nos ayuda a comprender quién es verdaderamente Dios: es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama sin medida. Los errores que cometemos, aunque sean grandes, no menoscaban la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Confesión podemos recomenzar siempre de nuevo con la vida: él nos acoge, nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Por tanto, redescubramos este sacramento del perdón, que hace brotar la alegría en un corazón que renace a la vida verdadera.

Además, esta parábola nos ayuda a comprender quién es el hombre: no es una "mónada", una entidad aislada que vive sólo para sí misma y debe tener la vida sólo para sí misma. Al contrario, vivimos con los demás, hemos sido creados juntamente con los demás, y sólo estando con los demás, entregándonos a los demás, encontramos la vida. El hombre es una criatura en la que Dios ha impreso su imagen, una criatura que es atraída al horizonte de su gracia, pero también es una criatura frágil, expuesta al mal; pero también es capaz de hacer el bien.

Y, por último, el hombre es una persona libre. Debemos comprender lo que es la libertad y lo que es sólo apariencia de libertad. Podríamos decir que la libertad es un trampolín para lanzarse al mar infinito de la bondad divina, pero puede transformarse también en un plano inclinado por el cual deslizarse hacia el abismo del pecado y del mal, perdiendo así también la libertad y nuestra dignidad.

Queridos amigos, estamos en el tiempo de la Cuaresma, de los cuarenta días antes de la Pascua. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos ayuda a recorrer este camino interior y nos invita a la conversión que, antes que ser un esfuerzo siempre importante para cambiar nuestra conducta, es una oportunidad para decidir levantarnos y recomenzar, es decir, abandonar el pecado y elegir volver a Dios.

Recorramos juntos este camino de liberación interior; este es el imperativo de la Cuaresma. Cada vez que, como hoy, participamos en la Eucaristía, fuente y escuela del amor, nos hacemos capaces de vivir este amor, de anunciarlo y testimoniarlo con nuestra vida. Pero es necesario que decidamos ir a Jesús, como hizo el hijo pródigo, volviendo interior y exteriormente al padre. Al mismo tiempo, debemos abandonar la actitud egoísta del hijo mayor, seguro de sí, que condena fácilmente a los demás, cierra el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los hermanos, y olvida que también él necesita el perdón.

domingo, 25 de marzo de 2007

La Encarnación y los Derechos humanos


Una cosa tan asumida hoy en día como son los Derechos humanos tienen una base cristiana indudable, y arranca del mismo centro que la fe cristiana: la Encarnación del Hijo eterno de Dios que comparte nuestra condición humana para que nosotros seamos Dios y así nos hace absolutos como Él mismo, es la mayor donación que podemos pensar puesto que es la Donación de Sí mismo, como sólo Dios puede hacerlo.

Por eso, gracias a que Jesucristo fue Dios y hombre a la vez nosotros tenemos derechos absolutos puesto que desde entonces empezamos a ser seres infinitos y germinó la semilla de eternidad que Dios había puesto en las primeras personas creadas al hacerlas imagen suya y darles su aliento.

Concluyo la entrada con esta reflexión tomada de aquí:
En efecto, los derechos humanos son una consecuencia de la teología y antropología cristinas. Si Dios no se hizo hombre, no hay derechos absolutos ¿Cómo podría un ser finito tener derechos absolutos? Sin esa encarnación la distancia ente Dios y el hombre sigue siendo infinita, solo queda la sumisión –es decir, el Islam- y el hombre queda reducido a la animalidad, más lo que Dios quiera concederle. La Encarnación eleva al hombre realmente por encima del resto de la naturaleza, además elimina el determinismo, haciendo del hombre libre y creador.

Cuando en mis manos, Rey eterno

Hoy es el 7º Aniversario de la ordenación sacerdotal de mi compañero Antonio Robles Gómez y un servidor. Fue el día de la Anunciación del Gran Jubileo del año 2000, cuando celebrábamos precisamente los 2000 años de la Encarnación del Hijo de Dios.

La ceremonia empezó justo a las 12 del mediodía, la hora en que se reza el Ángelus, la hora en que el arcángel San Gabriel visitó a la Virgen María y el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en las entrañas purísimas de María.

Os pido una oración por nosotros y por nuestro ministerio y os dejo estos dos bellos poemas de dos grandes poetas: el primero es de Lope de Vega (que también fue sacerdote) y el otro de Gerardo Diego, que se lo escribió a Federico Sopeña en la fiesta de San Isidro de 1949 y que se titula A un misacantano.

Lope de Vega: Temor en el favor

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos;
no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.

Gerardo Diego: A un misacantano

Cuando en mis manos, Rey eterno, os tengo,
os tengo y os obtengo con mi boca,
con mi boca y mi lengua que se apoca
de su ungido y novísimo abolengo;
cuando, trémulo, os alzo y os sostengo
-astro de paz manando agua de roca
sobre el ara del cielo-, ya no toca
mi barro, el barro adán de donde vengo.

Y por mis manos que atan y desatan,
por mis brazos, mi pecho, se dilatan,
revierten ondas y ondas remansando
cuando -Amor- os concreto y os obligo,
elevado en la música del trigo,
redonda alondra sin cesar cantando.

sábado, 24 de marzo de 2007

Carta de un agnóstico a su hijo sobre la clase de Religión

El diario comunista francés (véase la hoz y el martillo en esta portada de 1981) L'humanité publicó en 1919 esta carta de un padre agnóstico (aquel que declara que no se puede conocer si realmente Dios existe o no) que respondía así a la petición de su hijo para no tener que estudiar la asignatura de Religión en la escuela; el texto habla por sí solo y entonces como hoy, casi un siglo después los motivos para no cursar esta asignatura y las razones que da el padre siguen siendo las mismas y siguen siendo válidas.

Nótese que este padre cita a los grandes pensadores y científicos para apoyar sus razones en favor de la necesidad de conocer la Religión para así decidir libremente después cuando sea mayor:

«Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau-.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple "savoir vivre", hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación».

viernes, 23 de marzo de 2007

No sabe qué es amor quien no te ama

Un bellísimo soneto de Lope de Vega, para que en esta cuaresma apreciemos la belleza divina y no nos distraigan las fugaces bellezas de este mundo, que siempre han de remitirnos a la eternidad.

El mismo Lope tuvo esta experiencia de dejarse cegar por la belleza terrena, pues fue un mujeriego pero también un hombre muy religioso.

Este soneto me recuerda la historia de San Francisco de Borja que, como caballerizo de la Emperatriz, acompañó hasta Granada el cadáver de Isabel de Avís, esposa del emperador Carlos V y famosa en su época por su extraordinaria belleza. Al llegar a su destino, abrió el ataúd para reconocer el cuerpo y al ver la putrefacción dijo asombrado: No puedo jurar que ésta sea la Emperatriz, pero sí juro que fue su cadáver el que aquí se puso y tomó su famosa resolución ¡No servir nunca más a un señor que pudiese morir! .

Rimas sacras - Soneto XLVI


No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

¡Ay, Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.

sábado, 17 de marzo de 2007

Alexámeno adora a su dios

Esta imagen es un grafito burlesco de finales del siglo II d.C. encontrado en una escuela de pajes para la residencia imperial en la colina del Palatino. Representa a un cristiano llamado Alexámeno adorando a un crucificado con cabeza de burro: Los paganos se escandalizaban de que los cristianos adoraran a a un crucificado, pues la cruz era la muerte más vil, reservada sólo para esclavos y para los mayores criminales; era vista pues como una religión de tontos y estúpidos.

Debajo de la imagen está escrito "Alexámeno adora a su Dios" y cerca alguien escribió -quizá el mismo Alexámeno del que se querían burlar- "Alexámeno fiel".

Alexámeno debió de ser un alumno cristiano de esta escuela y sufría las burlas de sus compañeros paganos.

Los cristianos eran vistos como gente extraña, que odiaban al género humano en palabras de Tácito, ya que tenían costumbres distintas: no abandonaban a los niños que no querían, adoraban a un crucificado, comían la carne de ese crucificado..., en definitiva gente supersticiosa y extraña, diferente a toda la sociedad.

Pongo a continuación las acusaciones que se hacían a los cristianos en la época del grafito (siglo II): El orador y retórico Marco Cornelio Fronto (100-170 d.C.) fue el profesor del emperador Marco Aurelio y después su corresponsal; criticó a los cristianos en un discurso que no se ha conservado, pero han quedado fragmentos en el Octavio de Minucio Félix, un diálogo entre el pagano Cecilio y el cristiano Octavio escrito en el año 197 y que buscaba refutar acusaciones como las que recoge Eusebio de Cesarea de banquetes de Tiestes [comerse a los propios hijos] e incesto, y cosas de las que no deberíamos hablar ni pensar, o incluso creer que tales cosas pudieran suceder entre seres humanos (Historia eclesiástica V.1.14); decía Fronto que los cristianos son iniciados con la carne y la sangre de un niño, y en la oscuridad y sin ningún pudor todos ellos se mezclan con todos [una orgía a oscuras] (IX). Además existía la acusación de que en nuestras reuniones se da el incesto (XXXI). San Justino, que fue martirizado en esta época (165), también menciona esos hechos fabulosos y vergonzosos –el apagar la lámpara y tener relaciones sexuales promiscuas y el comer carne humana- (Primera Apología, I.26), calumnias que provocaban miedo y hostilidad, además de castigos brutales.

Fronto también afirmaba que la religión de los cristianos es estúpida, puesto que adoran a un crucificado e incluso el mismo instrumento de su castigo [la cruz]. Se dice que adoran la cabeza de un burro e incluso la naturaleza del padre de ellos (Octavio, IX).

El grafito representa en una caricatura burlesca las calumnias y acusaciones infundadas de que eran objeto los primeros cristianos: como decía San Justino por culpa de esas calumnias la gente tenía miedo y los perseguía, además de burlarse de ellos en dibujos. Con la aberración de las fotos de Extremadura se han repetido unos cuantos siglos después los episodios del siglo II: las calumnias y el desconocimiento (pero ahora injustificables) han llevado a la ofensa más vil y aberrante que pudiéramos imaginar, peor que la de dibujar a Cristo con cabeza de burro.

Para comprender mejor el impacto de la fe cristiana y la novedad que supuso en el Imperio romano podéis leer "El testamento del pescador", de César Vidal (Martínez Roca).

viernes, 16 de marzo de 2007

Manifiesto

En estos días estamos conmemorando el acto mayor de amor que Jesús nuestro Señor nos ha hecho: entregarse por nosotros muriendo en la Cruz.

En estos días también se acaba de hacer pública una calumniosa, ofensiva, burda e impía burla de Jesús y de la Virgen María.

Como salvado por Jesús me siento enormemente ofendido y dolorido.

Todos somos solidarios y en parte responsables de esta ofensa y por eso no podemos quedar indiferentes.

Me quejo amargamente porque han ofendido cobarde e impunemente a quien más quiero.

Como ciudadano me indigno de que esa ofensa se haya pagado con dinero público.

Los cristianos no vamos a crear desórdenes públicos para defender a Dios —Él sabe defenderse y sin embargo dejó que lo crucificáramos—, ni para defendernos nosotros —sabemos soportar la persecución con Jesús y por Jesús—, pero debemos demostrar de forma clara que amamos a Jesús y que lo reconocemos como nuestro único Señor y Salvador.

Cada cual sabrá como hacerlo con sus palabras y sus gestos. ¿Sería una buena forma de protestar y de mostrar nuestro amor al Señor asistiendo masivamente a los Oficios de Semana Santa? Como Jesús, no iremos nunca contra nadie sino a favor de todos.

P.S. Difunde este Manifiesto.

El hombre sin rostro

Voy a contaros una historia real: Hace algunos años, un hombre muy trabajador decide trasladar a su familia desde New York hasta Australia, en busca de una mejora en su pobre vida.

En la familia de este hombre había un joven muy apuesto, uno de sus hijos, que aspiraba a convertirse en un famoso trapecista o llegar a ser un gran actor de cine y mientras esperaba una oportunidad para cumplir su sueño trabajaba en los puertos locales situados en las peores zonas de la ciudad.

Una noche, de regreso a casa, el joven fue asaltado por 5 delincuentes. Él se resistió a entregar el poco dinero que llevaba para su familia, y fue agredido brutalmente. Una vez que lo dejaron inconsciente por los golpes, no cejaron en la paliza: Lo patearon hasta deformarlo, le desgarraron el rostro, lo golpearon brutalmente por todo su cuerpo. Cuando finalmente el joven fue encontrado por la policía tirado en la calle, lo consideraron muerto y llamaron a la funeraria.

En el trayecto, un policía pudo ver que el joven hacia un intento por respirar y fue llevado de inmediato al hospital de emergencias más cercano. Fue horrible la impresión recibida por el equipo médico al verlo y constatar que aquel joven ya no tenía apenas rostro. Sus ojos estaban hundidos; su cráneo, piernas y brazos fracturados, su nariz estaba literalmente perdida en su cara, todos sus dientes completamente rotos y su mandíbula desprendida.

El joven logró salvar su vida, aunque permaneció cerca de un año en el hospital. Cuando salió, su cuerpo estaba recuperado, pero su rostro era repulsivo de ver. Ya no era aquel joven bello con un bonito futuro por delante.

Una vez recuperado empezó a buscar trabajo, pero siempre era rechazado por todos por su apariencia física. Por fin alguien le ofreció una oportunidad: Un empresario le sugirió que participara en un espectáculo de circo, en el que su nombre sería: "El Hombre Sin Rostro".

A pesar de encontrar trabajo seguía sintiendo el rechazo de las personas, ya que fuera del circo nadie quería ser visto con él. Por ello llegó a pensar en la muerte, aunque lo descartó y siguió con esta situación por casi 5 años.

Un día, caminando, entró a buscar consuelo en una Iglesia, pensando que allí podía alcanzar algún alivio a su situación de angustia. Al entrar vió a un sacerdote orando de rodillas, adoptó su misma postura y también se puso a rezar.

Al rato, el sacerdote vio a ese hombre "sin rostro"; se acercó, lo levantó y lo llevó a otro lugar para conversar. Su rostro le impresionó tanto que pensó que tenía que hacer lo posible por ayudarlo a recuperar su dignidad y su vida. El joven comenzó a asistir a la iglesia con frecuencia, siempre pidiéndole a Dios que le diera al menos paz espiritual y la gracia de ser un mejor hombre cada día.

Después de un tiempo, el sacerdote, por medio de amistades personales, logró conseguir los servicios médicos del mejor cirujano estético de Australia y sin costo alguno.

La cirugía fue como un milagro, se dispusieron para él los mejores servicios médicos, y su rostro pudo ser reconstruido con las fotos que el joven aportó.

Con el tiempo, "el hombre sin rostro" recuperó una vida normal, fue escogido en un casting para hacer su primera película, se casó con una bella mujer, tuvo varios hijos y pronto llegaron sus grandes éxitos profesionales.

¿Quiere saber quien es este joven?

Su nombre lo conoces de sobra, él es... Mel Gibson

Actualmente Mel es admirado por muchos y conocido como un hombre entregado a Dios, caritativo y un gran ejemplo de coraje sorprendente. Su historia personal la recogió en su primera película como director de cine, "El hombre sin rostro" (EEUU, 1993).

Conociendo su historia personal podemos comprender también su película "La Pasión de Cristo" (EEUU, 2004), que muchos criticaron como exagerada porque mostró el sufrimiento de Cristo; a mí me llamó la atención la cara del Señor tras la flagelación, estaba realmente deformada, era el rostro del sufrimiento, del dolor causado por los semejantes sin otro objetivo que el de causar daño al inocente, y Mel Gibson quiso mostrarnos en esta película su identificación con Cristo, porque "sus heridas nos han curado" (1 Pedro 2,24) .

En "La Pasión de Cristo" vemos gráficamente lo que decía Isaías (53,2-4) acerca del Siervo sufriente del Señor:
No tenía belleza ni esplendor, ni su aspecto era atractivo; los hombres lo despreciaban y lo rechazaban. Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo Él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios sufrimientos.
Esto lo sabe Mel Gibson mejor que nadie.

domingo, 11 de marzo de 2007

La Urbanidad y la Educación para la ciudadanía

El otro día hablaba con un compañero sobre los antiguos Manuales de Urbanidad, que enseñaban a niños y niñas cómo comportarse en sociedad y ser personas educada pues la urbanidad es la cortesanía, el comedimiento,la atención y buen modo, según explica la Real Academia.

Esta materia se enseñaba en los colegios y seminarios como parte de la enseñanza y formación impartida.

La palabra urbanidad viene del latín urbs, urbis que significa urbe o ciudad, la Urbe era en los tiempos clásicos Roma, paradigma de la civilización.

Hoy en día ya no se enseña a los niños urbanidad, y a la vista está la mala educación que tienen generalmente, que ya no usan el Usted ni llaman a la puerta, por ejemplo, aparte del lenguaje tan soez.

Pero el Gobierno socialista quiere introducir una nueva asignatura titulada "Educación para la ciudadanía", que como denuncian los obispos en su documento sobre la LOE, formará y evaluará, pues, la conciencia moral de los alumnos, al margen de la voluntad de sus padres (nº9). Denuncian muy bien los obispos que

La autoridad pública no puede imponer ninguna moral a todos: ni una supuestamente mayoritaria, ni la católica, ni ninguna otra. Vulneraría los derechos de los padres y/o de la escuela libremente elegida por ellos según sus convicciones. Son los padres y es la escuela, como colaboradora de aquéllos, quienes tienen el derecho y el deber de la educación de las conciencias, sin más limitaciones que las derivadas de la dignidad de la persona y del justo orden público (nº 10).

Esta nueva asignatura, en definitiva, es inaceptable en la forma y el fondo: en la forma, porque impone legalmente a todos una antropología que sólo algunos comparten y, en el fondo, porque sus contenidos son perjudiciales para el desarrollo integral de la persona (nº 12); denuncian bien los obispos que esta nueva asignatura pretende adoctrinar a los niños sin que los padres puedan impedirlo.

Algo nocivo, por lo tanto y propio de dictaduras, que quieren imponer su visión del mundo a sus súbditos, en lugar de ser como el árbitro de la competición que no interviene a favor de ninguna de las partes, sino que cuida y vigila el buen funcionamiento y desarrollo del encuentro.

Mientras, nadie se preocupa de que los niños se comporten educadamente y se pierdan las formas en las relaciones sociales, y así nos luce, que cada vez hay más violencia, más conflictos en la escuela y padres que denuncian a sus hijos porque no pueden con ellos.

Por eso, el otro día comentaba yo con mi compañero que en lugar de imponer la nueva Educación para la ciudadanía tendrían que volver a implantar la Urbanidad. En el librito (de 1919) del que he sacado la foto dice que de las personas que carecen de urbanidad se dice que están mal educadas.

sábado, 10 de marzo de 2007

Hubo un padre sinodal más: Rafael (IV)

(Viene de la entrada anterior)

Para Giorgio Vasari, el primer comentarista de la "Disputa" en el Cinquecento, esta intensa actividad intelectual pintada por Rafael representa un proceso: están "escribiendo la Misa", dice, "y discuten acerca de de la hostia que está sobre el altar". La Misa, que hace presente de nuevo de manera incruenta el sacrificio de Cristo en la cruz, es la acción litúrgica en la cual, por obra del Espíritu Santo, la comunidad eclesial vive su plena configuración con Cristo. "Escribir" la Misa implica el incansable y secular esfuerzo de comprender, profundizar, vivir mejor el misterio de comunión, encomendado a la Iglesia, entre cielo y tierra, entre Dios y hombre.

Incluso fuera de la acción litúrgica verdadera y propiamente dicha la hostia eucarística revelaba a los humanistas el cuerpo de Cristo: no sólo como reliquia de la pasión sino también y ante todo como comunión, amistad, Iglesia. En el fresco de Rafael y en el comentario sobre él hecho por Vasari somos testigos de cómo el mundo del Renacimiento descubrió la visión eucarística antigua: la visión de la "Didaché" y de los escritores como Gaudencio de Brescia, para el cual el pan "es resultado de muchos granos de trigo, y así también el cuerpo místico de Cristo es único, pero está formado por toda la multitud del género humano, llevada a su condición perfecta mediante el fuego del Espíritu", y así también para la sangre: muchos granos de uva que se convierten en el único cáliz. Este escritor antiguo explica finalmente cómo la unidad eucarístico-eclesial se completa: "Viene después el pisar [la uva] sobre el lagar de la cruz. Hay entonces la fermentación, que tiene lugar espontáneamente en los amplios espacios del corazón lleno de fe de aquellos que aceptan la cruz".

Examinando la "Disputa" hacia lo alto -desde la Eucaristía a Cristo y el Padre- aparece claro que la unidad de la Iglesia en la tierra con su Cabeza en el cielo, de la cual la Eucaristía es signo, brota del lagar de la gran cruz escondida que estructura la composición entera, y sobre cuyo eje vertical contemplamos la Trinidad, mientras que el horizontal nos revela nuestro futuro en el cielo con María y todos los santos.

En la encrucijada de los dos ejes, uniendo a los hombres con Dios, vemos a Jesucristo, el Hombre-Dios, que reina sobre las dos "Escuelas", la de los santos doctores y la de Atenas, que es también parte de la asamblea cósmica.

Vemos a Cristo sobre la cruz invisible de la historia, como Santo Tomás de Aquino la había caracterizado: "Crux non solum fuit patibulum patientis, sed et cathedra docentis" [La cruz fue no sólo patíbulo del que padecía, sino la cátedra del que enseña]. Una cruz que, más que patíbulo, se convierte en cátedra.

En esta perspectiva, la Estancia del Sello se presenta como un manifiesto en el cual, al inicio de la Edad Moderna, la Iglesia narra su propia historia: una Iglesia verdaderamente católica, verdaderamente universal.

Para el misterio de la voluntad divina, de hecho, también los paganos forman parte de la Iglesia, ignorantes compañeros de su peregrinación a Dios. En su búsqueda de una sabiduría espiritual, y en el deseo de resolver la desgarradora división entre experiencia individual y destino comunitario del hombre, los pensadores antiguos de la "Escuela de Atenas" pusieron los fundamentos conceptuales sobre los cuales la Iglesia habría construido sucesivamente. A pesar de la ignorancia, ellos empujaron la historia hacia lo que el humanista Marsilio Ficino llama "libro viviente", Cristo que enseña desde la cruz.

Como los patriarcas y profetas de Israel, también los filósofos paganos son antepasados en la fe. En el crucero de esta iglesia que comprende toda la historia, con los antiguos en la nave y delante, en el ábside, la gloria futura, el humanista creyente del Cinquecento quizá habría recordado palabras dirigidas a los paganos de Éfeso en los albores de la Iglesia:

Recordad que en otro tiempo estabais sin Cristo, separados de la nación de Israel, y que no teníais parte en los pactos ni en la promesa de Dios [...] Pero ahora, unidos a Cristo Jesús por la sangre que Él derramó, vosotros, que antes estabais lejos, habéis sido acercados [...] Por eso, ya no sois extranjeros, no estáis ya fuera de vuestra tierra, sino que ahora compartís con el pueblo santo los mismos derechos, y sois miembros de la familia de Dios. Sois como un edificio levantado sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas; y el propio Cristo Jesús es la piedra angular. Unido a Cristo, el edificio entero va levantándose en todas y cada una de sus partes hasta llegar a ser un templo santo, unido al Señor. Así también vosotros, unidos a Cristo, os unís todos unos a otros para llegar a ser por medio de su Espíritu un templo en el que Dios habita (Efesios 2,12-13.19-22).
FINAL

viernes, 9 de marzo de 2007

Hubo un padre sinodal más: Rafael (III)

(Viene de la entrada anterior)

Pero hay más. La "Disputa" es la primera imagen que uno ve entrando en la Estancia del Sello, pero no es la única. A espaldas del visitante que franquea el umbral por la puerta en el ángulo Noreste, en el sentido original del recorrido, está la "Escuela de Atenas", pintada sobre la pared de la estancia enfrente de la "Disputa".

Con este otro fresco se recoge la lógica global del programa sugerido a Rafael.

Las dos paredes principales están de hecho ligadas. "Escuela" y "Disputa" constituyen una única gran imagen en la que el visitante mismo se mueve.

Quien se coloca en medio de la Estancia ve avanzar, desde la profundidad de un aula vastísima aún en construcción -en la "Escuela de Atenas"- figuras nobles entre las cual se reconocen los mayores filósofos de la antigüedad: en el centro Platón, que con la derecha señala el cielo y lleva en la mano izquierda el "Timeo", y Aristóteles, que hace un gesto hacia el suelo y lleva la "Ética a Nicómaco". Y después Sócrates, Pitágoras, Heráclito, Diógenes, Euclides, Zoroastro, Tolomeo. Algunos están puestos en grupo y discuten animadamente, otros permanecen solos, enfrascados en sus pensamientos. La asamblea entera parece avanzar hacia el espectador: una impresión generada por pocas figuras pero reforzada por la imponente arquitectura en perspectiva.

En la "Disputa" en la otra parte de la Estancia, Rafael ha creado la impresión opuesta: los personajes a ras de suelo parecen alejarse del espectador, volviéndose al altar en la profundidad del espacio litúrgico definido por el hemiciclo de nubes.

Quien se encuentra en medio de la Estancia tiene por tanto la sensación de formar parte de un movimiento colectivo que empieza en la "Escuela de Atenas" y termina en el altar de la "Disputa".

La magnífica aula de la "Escuela" tiene pues un carácter arquitectónico específico: parece la nave de una gran iglesia. Tiene de hecho la forma de la nueva Basílica de San Pedro diseñada por el amigo de Rafael, Donato Bramante, e iniciada tres años antes de que la Estancia fuera pintada al fresco, en 1506. Un visitante de la época familiarizado con la vida de la corte pontificia debía conocer ya el proyecto bramantesco, y habría sido capaz por ello de identificar el espacio arquitectónico de la "Escuela" con la proyectada Basílica.

Poniéndose entre los principales frescos de la Estancia del Sello, el visitante renacentista debía por tanto sentirse como en el crucero de la iglesia en construcción, emblemática de la Iglesia universal, a lo largo de cuya nave grandes pensadores del mundo antiguo avanzan hacia el altar colocado en el ábside definitivo de las nubes. Un cultivador del Humanismo podía sentirse partícipe del milenario progreso del espíritu humano: del paganismo greco-romano, a través del presente, hacia la eternidad de Cristo ya atisbada por la fe en el admirable signo ocurrido ante el hombre en la Iglesia, la Eucaristía.

Para el visitante del primer Cinquecento -como también para los los católicos de hoy- aquel pequeño círculo blanco que Rafael aísla en el centro del altar era entonces la llave de todos los misterios de la fe.

El humanista cristiano veía en el pan de Dios no el objeto estático de devoción en que la Eucaristía se había convertido en el pietismo tardo medieval, sino una realidad dinámica de vida de aquella unidad de muchos miembros que es la Iglesia. Donato Acciaiuoli, en un sermón sobre la eucaristía pronunciado en 1468, enumera de hecho como primer beneficio del sacramento la comunión eclesial. Pero insiste también en la fascinación intelectual que el misterio ha ejercido siempre y continúa ejerciendo sobre los hombres. En la "Disputa" de Rafael vemos de hecho no sólo la adoración eucarística -un acto puramente religioso- sino una animada "escuela" de pensadores reagrupados en torno al altar, los cuales se esfuerzan por penetrar en el sentido del misterio. Estos doctores cristianos están igualmente animados en la búsqueda de la verdad como sus predecesores paganos, en la "Escuela de Atenas" de enfrente.

(Sigue en la entrada siguiente).

jueves, 8 de marzo de 2007

Un bebé sobrevive a aborto "terapéutico": Estaba completamente sano

Un bebé de 22 semanas de gestación está grave en un hospital de Florencia (Italia), después de que los médicos practicaran a la madre un aborto "terapéutico", ante el riesgo de graves malformaciones en el feto.

La sorpresa vino cuando, tras la intervención, se comprobó que el niño nació con vida y sano. Los responsables de sanidad van a investigar cómo sucedieron los hechos, ya que dos ecografías señalaban el riesgo de que el feto sufriera una "atresia del esófago", malformación que afecta a un niño de cada 3.500. Una vez practicado el aborto se vio que el corazón del niño latía. Entonces, los médicos procedieron a reanimarlo, tras lo que se comprobó que el pequeño había nacido sin ninguna malformación.

L D (EFE) El caso se produjo en el hospital Careggi de Florencia (oeste) y el neonato, de 500 gramos de peso, está ahora internado en la unidad de cuidados intensivos del Meyer, en la misma ciudad. El bebé, que nació el pasado viernes, tiene pronóstico reservado, según un comunicado emitido por el hospital, que ha pedido "máxima discreción" sobre el caso por respeto a la familia.

Los dos hospitales y los responsables de la sanidad local decidieron crear una comisión para establecer con claridad cómo sucedieron los hechos y los procedimientos seguidos. Dos ecografías realizadas a la mujer, en la 20 y 21 semana de gestación, señalaron el riesgo de que el feto sufriera una "atresia del esófago", malformación que afecta a un niño de cada 3.500.

El director del departamento de ginecología del Careggi, Gianfranco Scarselli, explicó a La Reppubblica, que tras las sospechas de malformaciones en el feto, los médicos le recomendaron a la mujer que se realizara una resonancia magnética para intentar despejar las dudas. Sin embargo, según Scarselli, ella "estaba convencida de abortar" y no pudieron convencerla de realizar nuevos exámenes, mientras el periódico apunta la posibilidad de que hubiese consultado a otros médicos antes de tomar la decisión.

Una vez practicado el aborto se vio que el corazón del niño latía y los médicos procedieron a reanimarle, tras lo que se comprobó que el pequeño había nacido sin ninguna malformación. Las leyes italianas contemplan que la interrupción del embarazo, prevista en tres supuestos, se debe realizar antes de los 90 días gestación y después de ese plazo sólo se puede realizar en caso de peligro para la mujer o de malformaciones en el feto que pongan en riesgo a la salud física o psíquica de la madre.

De Revista "Ecclesia"; no necesita comentarios, esto me recuerda a los ajusticiados que luego se descubre que son inocentes.

Hubo un padre sinodal más: Rafael (II)

(Viene de la entrada anterior)

La actualidad de estas referencias como también la inclusión de personajes de la época entre los que están en la base del fresco se insertan no obstante en un contexto que subraya el vínculo con el pasado.

Los personajes de la época representados -por ejemplo Sixto IV, el tío de Julio II, a la derecha de altar, de pie- se mezclan con Padres y Doctores de la Iglesia primitiva y medieval, sin solución de continuidad.

Y la colocación del Espíritu Santo bajo Cristo y directamente sobre la hostia y el altar evoca no sólo la afirmación del Concilio florentino, sino también la antigua fórmula de la epíclesis eucarística en la cual el sacerdote suplica a Dios Padre que envíe el Espíritu Santo santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Además, los cuatro evangelios que emanan de las alas del Espíritu Santo puesto sobre la custodia alude a la indescriptible relación entre la Palabra y el Pan eucarístico, como en la misma Misa, donde la lectura nos orienta hacia la plenitud de las Escrituras: Cristo encarnado y realmente presente en el Sacramento del altar.

Para un visitante de la época del Renacimiento, por consiguiente, la "Disputa" debía sugerir una situación escatológica preanunciada por la liturgia.

También la brillante construcción de la perspectiva, que en la Roma del primer Cinquecento debía despertar admiración, lleva la mirada al altar situado en un espacio delimitado por el hemiciclo de nubes sobre el cual se sientan Cristo y las otras figuras del primer nivel. Este espacio semicircular parece el ábside de una iglesia espiritual, sin muros ni techo, en la cual dos asambleas, cuyos miembros tienen iguales dimensiones y pareja dignidad, contemplan a Cristo. La asamblea terrena lo ve en el misterio eucarístico, sobre el cual ella razona, estando aún buscando el sentido pleno del misterio. La celeste no lo ve más como señal sino como es ahora en la gloria, junto con el Padre y el Espíritu.

De fundamental importancia es también el esquema oculto con el cual Rafael ha compuesto la imagen: la gran cruz constituida por la línea horizontal de los santos, profetas y patriarcas sobre las nubes, y la vertical del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo más la Eucaristía. Esta cruz, como el marco de la visión de gloria, sobre los armarios de libros, sugería que "mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado [...] fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1 Corintios 1,22-24).

(Continuará en la próxima entrada).

miércoles, 7 de marzo de 2007

Hubo un padre sinodal más: Rafael (I)

El documento recoge las propuestas de la asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, celebrado en el Vaticano, en octubre de 2005. El tema era «La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia».

En el aula del Sínodo hubo una reproducción de "La Disputa del Sacramento" de Rafael.

Voy a traducir un artículo del vaticanista Sandro Magister, que reproduce la explicación del P. Timothy Verdon, llamado al sínodo como experto por Benedicto XVI. Verdon es uno de los mayores especialistas del mundo en arte cristiano; nacido en Nueva Jersey en 1946, es sacerdote en Florencia. Se formó como historiador del arte en la Universidad de Yale, vive desde hace 30 años en Italia y dirige la oficina de la archidiócesis de Florencia para la catequesis a través del arte. Es además consultor de la Pontificia Comisión para los bienes culturales de la Iglesia, miembro (fellow) del Centro para los Estudios del Renacimiento de la Universidad de Harvard, docente en la Universidad de Stanford y en la Facultad de Teología de la Italia central.

El el fresco está en los Palacios apostólicos, a pocos pasos de la Capilla Sixtina. Rafael lo pintó en 1509. El Papa Julio II le encargó este trabajo, en la que era la biblioteca de su apartamento para recibir visitas y que después ha tomado el nombre de Estancia del Sello.

La "Disputa", que ocupa los 7 metros de largo de la pared en la que se encuentra y que está rodeada por un arco, fue el primer fresco pintado en el Vaticano por el artista de Urbino, que entonces tenía 27 años. Y también es el de más denso contenido teológico. Sobre la pared de la misma biblioteca papal enfrente de la "Disputa", Rafael pintó poco después otro famoso fresco, la "La Escuela de Atenas".

Ambos frescos y la entera estancia proporcionan una clave de lectura primordial de la fe católica tal como era vista por los humanistas de la corte pontificia, al alba de la Edad Moderna.

Una clave de lectura aún hoy potentemente instructiva, como muestra Timothy Verdon en el texto reproducido abajo.

La "Disputa del Sacramento", un manifiesto en el que la Iglesia narra su propia historia (por Timothy Verdon)

¿Qué comunicaba a sus contemporáneos esta imagen centrada en la Eucaristía? La agitada asamblea pintada en 1509 por Rafael, cuyo centro es Cristo en gloria que muestra las llagas, suscitaba ante todo el recuerdo iconográfico del juicio universal: el día en el que Cristo vendrá "sobre las nubes y todos lo verán, también aquellos que lo traspasaron, y todas las naciones de la tierra se golpearán el pecho por Él" (Apocalipsis 1,7).

Para la sensibilidad de la época el impacto inmediato, el primer mensaje del fresco tenía un carácter escatológico. Hacía ver claramente la relación entre la Iglesia militante sobre la tierra y la triunfante en el cielo.

En la aparente confusión de la escena, después, más allá de la extraña plataforma de nubes que divide la pared en sentido horizontal, el espectador habría notado el eje vertical, definido por: Dios Padre, en alto; Cristo que muestra las heridas, en medio; el Espíritu Santo en forma de paloma que desciende, en un resplandor de gloria bajo Cristo; y aún más abajo -bajo el altar puesto sobre tres escalones al nivel del pavimento- la hostia eucarística en una custodia.

Así, bajo una primera impresión, genéricamente escatológica, el observador atento habría hecho reflexiones más específicamente teológicas, incluso dogmáticas: una estructura trinitaria central y el sacramento como extensión visible de la vida de las tres personas divinas, objeto de la atención de los personajes dispuestos en torno al altar en bajo.

El eje principal del fresco, desde el grupo trinitario hasta la hostia, parece evocar las conclusiones del concilio ecuménico celebrado en Florencia 70 años antes, cuyo decreto "Laetentur caeli" exalta la presencia real del cuerpo de Cristo en la hostia consagrada después de haber definido como "racional y lícita" la adición del "Filioque" en el Credo [Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre "y del Hijo"]: y Rafael en efecto hace ver al Espíritu Santo que procede el Padre "y del Hijo".

(Continúa en la entrada siguiente).

lunes, 5 de marzo de 2007

Lucha cuaresmal

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño, es decir, uno de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.

Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer. La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo. Les contestó: "Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león". -"No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?"

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también. "Los dos halcones son mis ojos. Se lanzan sobre todo lo que que se les presenta, bueno y malo. Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlos para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir. Son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosa difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta. Son mis dos pies.

Los más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula. Es mi lengua. Si no la vigilo de cerca, hace daño. El burro es muy obstinado. No quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día. Es mi cuerpo.

Finalmente necesito domar el león. Quiere ser rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso. Es mi corazón.

La lectura del evangelio del I Domingo de Cuaresma son las tentaciones de Jesucristo en el desierto, Él quiso retirarse a la soledad para orar y ayunar durante 40 días y así inaugurar la penitencia cuaresmal y consintió ser tentado por el demonio para rechazarlo y así enseñarnos a sofocar la fuerza del pecado (cf. Prefacio de la Misa Domingo I de Cuaresma).

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado!

Sigo con otro soneto de Lope de Vega para comentar las lecturas de este lunes II de Cuaresma, que tratan sobre el arrepentimiento y el perdón (Daniel 9,4b-10); en esta ocasión se trata de un soneto sobre su arrepentimiento y cómo se da cuenta de su pobre respuesta al amor de Dios:
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio que me habéis comprado.

Besos de paz Os di para ofenderos,
pero si, fugitivos de su dueño,
hierran, cuando los hallan, los esclavos,

hoy me vuelvo con lágrimas a veros:
clavadme vos a vos en vuestro leño
y tendreisme seguro con tres clavos.

A continuación os copio de la página de Fray Nelson Medina, O.P. este Decálogo para aprender a arrepentirse, basado en Daniel 9,4-10); puede servirnos para preparar nuestra conversión y las confesiones de esta Cuaresma. A mí me ha llamado la atención el punto 4, pues siempre nos creemos que nuestros pecados son los peores y nosotros los más miserables:

  1. Reconoce que Dios fue fiel a su parte y tú no fuiste fiel a la tuya.
  2. No te justifiques; déjale la parte de las explicaciones a Dios.
  3. No te defiendas; deja ese trabajo a tu Abogado, el Paráclito, y a tu Abogada, la Sangre de Cristo.
  4. Reconoce que no eres el primero, ni el más importante ni el más terrible de los enemigos de Dios.Eres uno más. No cedas al orgullo de creer que lo tuyo es "rarísimo", "gravísimo" o "singularísimo". Eres... uno más.
  5. Reconoce -y sonríe al reconocer- que es típico de ti equivocarte o pecar, y es propio de Dios comprender y perdonar.
  6. Aún más: alaba al Señor, porque es más capaz de perdonar que tú de pecar.
  7. Predica que en Él hay misericordia. Predícalo mucho y de muchas maneras en muchos lugares de muchos estilos y culturas.

sábado, 3 de marzo de 2007

El rostro del Niño Jesús a los 12 años

Esta foto está hecha con un programa que muestra el cambio causado por la edad. En este caso los forenses de la Policía científica italiana tomaron como modelo el rostro impreso en la Sábana Santa de Turín y le quitaron unos 20 años.

Usaron los equipos que calculan los cambios físicos para buscar niños desaparecidos o crear retratos robot.

Empezaron con una imagen tomada de la sábana santa de Turín. El aumento computerizado revela la impresión de una cara en la tela.

"El rostro del hombre en la sábana es el rostro de un hombre que sufrió. Tiene una nariz profundamente estropeada. Fue ciertamente golpeada", dijo el forense Dr. Carlo Bui.

El equipo tomó esta débil imagen y fue capaz de usar modelado por ordenador para desarrollar una foto. El ordenador entonces pudo hacer suposiciones acerca de rasgos a una edad más joven.

El sistema utilizado por la policía científica es el usado para localizar a los delincuentes importantes que desde hace años están en paradero desconocido (como los grandes capos de la mafia) y para encontrar a las personas desaparecidas desde hace años y cuyos rasgos han cambiado a lo largo del tiempo.

En esos casos la policía lo que hace es “envejecer” las caras de esas personas. Para este caso se realizó el recorrido al revés.

La imagen impresa en la Sábana Santa fue transformada en los laboratorios de la policía en la de un adulto y después, con la ayuda de forenses y diseñadores especializados, esa cara fue rejuvenecida, hasta definir cómo sería ese rostro con doce años.

Según la imagen se trata de un niño con la boca pequeña y ojos vivos.

Carlo Bui, el mismo forense que envejeció la única foto disponible de Bernardo Provenzano, il capo de tutti i capi de la Cosa Nostra siciliana, prófugo desde 1963 dice que «no se trata de ciencia-ficción, sino de la primera reconstrucción con parámetros estrictamente científicos. Hemos realizado un trabajo riguroso partiendo de la Síndone. Aun teniendo en cuenta que los datos a nuestra disposición son limitados, puedo afirmar que hemos realizado una óptima hipótesis».