lunes, 5 de marzo de 2007

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado!

Sigo con otro soneto de Lope de Vega para comentar las lecturas de este lunes II de Cuaresma, que tratan sobre el arrepentimiento y el perdón (Daniel 9,4b-10); en esta ocasión se trata de un soneto sobre su arrepentimiento y cómo se da cuenta de su pobre respuesta al amor de Dios:
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio que me habéis comprado.

Besos de paz Os di para ofenderos,
pero si, fugitivos de su dueño,
hierran, cuando los hallan, los esclavos,

hoy me vuelvo con lágrimas a veros:
clavadme vos a vos en vuestro leño
y tendreisme seguro con tres clavos.

A continuación os copio de la página de Fray Nelson Medina, O.P. este Decálogo para aprender a arrepentirse, basado en Daniel 9,4-10); puede servirnos para preparar nuestra conversión y las confesiones de esta Cuaresma. A mí me ha llamado la atención el punto 4, pues siempre nos creemos que nuestros pecados son los peores y nosotros los más miserables:

  1. Reconoce que Dios fue fiel a su parte y tú no fuiste fiel a la tuya.
  2. No te justifiques; déjale la parte de las explicaciones a Dios.
  3. No te defiendas; deja ese trabajo a tu Abogado, el Paráclito, y a tu Abogada, la Sangre de Cristo.
  4. Reconoce que no eres el primero, ni el más importante ni el más terrible de los enemigos de Dios.Eres uno más. No cedas al orgullo de creer que lo tuyo es "rarísimo", "gravísimo" o "singularísimo". Eres... uno más.
  5. Reconoce -y sonríe al reconocer- que es típico de ti equivocarte o pecar, y es propio de Dios comprender y perdonar.
  6. Aún más: alaba al Señor, porque es más capaz de perdonar que tú de pecar.
  7. Predica que en Él hay misericordia. Predícalo mucho y de muchas maneras en muchos lugares de muchos estilos y culturas.

2 comentarios:

alfonso dijo...

Una de las cosas que más desazona y a veces puede llevar a apartarse de la confesión es que en efecto tenemos los mismos pecados siempre, pero como bien dices es normal, soy pura creatura, imperfecto, y sólo me cabe luchar, y levantarme cada vez que peco, caigo y niego al Señor como Pedro. Acarcarme a pedir el perdón que el mismo Cristo otorga en el sacramento de la reconciliación, una y otra vez y pedirle la fuerza para resistir la tentación.
Una vez lei y apunté una frase que me gustó, es de monseñor Luigui Giussani, dice así:
El pecado más grande contra nuestra vida y nuestro destino es insistir en el mal, detenerse en nuestra debilidad e incapacidad. "Es que no soy capaz, no puedo" ¿cómo qué no puedes?, ¡pero qué descubrimeinto es ese!,¡si no eres nada!¿acaso quieres decir que Dios tampoco puede?, ¡No!, todo lo que acontece en ti es una adhesión, responder es adherirse y la peteción es la forma última de tu adhesión y afecto a Dios. Dios tiene la fuerza para llevar a cabo lo que tú no eres capaz de cumplir.

El pescador dijo...

Siempre son los mismos pecados, claro, pero es que cuando superemos los pecados de siempre tendremos otros, porque somos humanos y estamos hechos de barro.