sábado, 3 de marzo de 2007

Epitafios cristianos en verso

Un epifafio (Del lat. epitaphĭus, y este del gr. πιτφιος, sepulcral) es, según la RAE, una Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento.

En la entrada de hoy voy a hablar de dos epitafios cristianos antiguos en verso.

La poesía cristiana hace su aparición en los epitafios muy pronto. Destacan dos por su antigüedad e importancia.

A) El epitafio de Abercio.

La reina de todas las inscripciones cristianas anticuas es el epitafio de Abercio. En 1883, el arqueólogo W. Ramsay, de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, descubrió cerca de Hierópolis, en la Phrigia Salutaris, dos fragmentos de esta inscripción que ahora se encuentran en el Museo de Letrán. Un año antes había hallado un epitafio cristiano de Alejandro, del año 216, que es una imitación de la inscripción de Abercio. Con la ayuda de este epitafio de Alejandro y de la biografía griega de Abercio, del siglo IV, publicada por Boissonnade en 1838, fue posible restaurar el texto íntegro de la inscripción. Comprende 22 versos, un dístico y 20 hexámetros. Narra brevemente la vida y acciones de Abercio. El texto fue compuesto hacia finales del siglo II, ciertamente antes del 216, fecha del epitafio de Alejandro. El autor de la inscripción es Abercio, obispo de Hierópolis (Asia Menor, hoy Turquía), que lo compuso a la edad de setenta y dos años. El gran acontecimiento de su vida fue su viaje a Roma, que describe. La inscripción está redactada en un estilo místico y simbólico, según la disciplina del arcano, para ocultar su carácter cristiano a los no iniciados. De Rossi, Duchesne, Cumont, Dölger y Abel lograron demostrar con éxito que tanto el contenido como el estilo revelan indudablemente su origen cristiano. Traducido al español, dice así:

Yo, ciudadano de una ciudad distinguida, hice este monumento

en vida, para tener aquí a tiempo un lugar para mi cuerpo.

Me llamo Abercio, soy discípulo del pastor casto

que apacienta sus rebaños de ovejas por montes y campos,

que tiene los ojos grandes que miran a todas partes.

Este es, pues, el que me enseñó... escrituras fieles.

El que me envió a Roma a contemplar la majestad soberana

y a ver a una reina de áurea veste y sandalias de oro.

Allí vi a un pueblo que tenía un sello resplandeciente.

Y vi la llanura de Siria y todas las ciudades, y Nísibe

después de atravesar el Eufrates; en todas partes hallé colegas,

teniendo por compañero a Pablo, en todas partes me guiaba la fe

y en todas partes me servía en comida el pez del manantial,

muy grande, puro, que cogía una virgen casta

y lo daba siempre a comer a los amigos,

teniendo un vino delicioso y dando mezcla de vino y agua con pan.

Yo, Abercio, estando presente, dicté estas cosas para que aquí se escribiesen,

a los setenta y dos años de edad.

Quien entienda estas cosas y sienta de la misma manera, niegue por Abercio.

Nadie ponga otro túmulo sobre el mío.

De lo contrario pagará dos mil monedas de oro al tesoro romano

y mil a mi querida patria Hierópolis.

La importancia teológica de este texto es manifiesta. La simbología de este texto es riquísima: el autor se declara discípulo del pastor casto que apacienta sus rebaños de ovejas por montes y campos, que tiene ojos grandes que miran a todas partes: esta descripción alude a Jesucristo el Buen Pastor que cuida de sus ovejas por todas partes, que vela por ellas constantemente (sus ojos grandes). Este Buen Pastor enseñó las Escrituras por las que lo conocemos.

Es el más antiguo monumento en piedra que hable de la Eucaristía. El pastor casto, del cual Abercio dice ser discípulo, es Cristo. Él fue el que le mandó a Roma a ver a la Iglesia, "la reina de áurea veste y sandalias de oro," y a los cristianos, "pueblo que tiene un sello resplandeciente." El término sello (σφραγί) para significar el bautismo era muy conocido en el siglo II. Por todas partes, en su viaje a Roma, encontró cristianos, que le ofrecieron la Eucaristía bajo ambas especies, pan y vino. El pez de la fuente, muy grande y puro, es Cristo, según el acróstico ΙΧΘΥΣ (Ichthys). La Virgen inmaculada que tomó el pez es, según el modo de hablar de aquel tiempo, la Virgen María, que concibió al Salvador.

B) El epitafio de Pectorio.

El epitafio de Pectorio fue hallado en siete fragmentos en un antiguo cementerio cristiano cerca de Autún (Francia) el año 1830. La forma y el estilo de las letras hacen pensar en el período que va del 350 al 400. Pero su fraseología es exactamente igual a la del epitafio de Abercio, que es del siglo II.

Esta inscripción es un bello poema de tres dísticos y cinco hexámetros. Los primeros cinco versos están unidos entre sí por el acróstico ΙΧΘΥΣ. El contenido se divide en dos partes. La primera, que comprende los versos del 1 al 7, es de carácter doctrinal y va dirigido al lector. Se llama al bautismo "fuente inmortal de aguas divinas," y a la Eucaristía, "alimentó, dulce como la miel, del Salvador de los santos." La antigua costumbre cristiana de recibir la comunión en las manos explica las palabras "teniendo el pez en las palmas de tus manos." Cristo es llamado "la luz de los muertos." La segunda parte, que comprende los cuatro últimos versos, es más personal. Ruega aquí Pectorio por su madre y pide a sus padres y hermanos difuntos una oración "en la paz del Pez." Es muy posible que la primera parte fuera una cita de un poema mucho más antiguo. Esto explicaría la semejanza de lenguaje con el epitafio de Abercio. El texto de la inscripción es como sigue:

¡Oh raza divina del Ichthys! (el Pez),

conserva tu alma pura entre los mortales,

tú que recibiste la fuente inmortal de aguas divinas.

Templa tu alma, querido amigo, en las aguas perennes

de la sabiduría que reparte riquezas.

Recibe el alimento, dulce como la miel, del Salvador de los Santos,

come con avidez, teniendo el Ichthys (el Pez) en las palmas de tus manos.

Aliméntame con el Pez, te lo ruego, Señor y Salvador.

Que descanse en paz mi madre,

te suplico a ti, luz de los muertos.

Ascandio, padre carísimo de mi alma,

con mi dulce madre y mis hermanos,

en la paz del Pez, acuérdate de tu Pectorio.

5 comentarios:

alfonso dijo...

Es curioso como en los primeros tiempos la simbología usada fuera el pastor con la ovjea al hombro o los peces, y no la cruz, hoy simbolo predominante.
Por cierto que la belleza de los epitafios es algo en lo que se repara poco, hace un tiempo oí unas canciones, no sé si constituían una ópera, de un compositor polaco de origen judio, la letra de las canciones estaba formada con los epitafios de los asesinados en los campos de concentración.

El pescador dijo...

La simbología de los primeros cristianos (siglos I-III) estaba condicionada por las persecuciones, el pez era un acrónimo de Jesús Cristo de Dios Hijo Salvador, algo así como una contraseña, y también usaban en las catacumbas símbolos paganos cristianizados: el ave fénix, el pavo real...; además también usaban símbolos bíblicos (v.gr. Jonás y la ballena).

La cruz como símbolo cristiano llegó después, y más tarde todavía la representación de Cristo crucificado. De todas formas se identificaba a los cristianos con el crucificado: hay un grafiti del siglo II ó III en la pared de un cuartel en el que se representa a un crucificado con cabeza de burro y al lado un hombre y dice en griego: "Alexemeno adora a su dios", es una burla contra algún cristiano por adorar a un crucificado.

La visión de Constantino el Grande la noche a la batalla del Puente Milvio (principios del siglo IV, que le abrió las puertas del poder) fue la cruz con la leyenda: "In hoc signo vinces", Con este signo vencerás.

No conocía esa ópera hecha con los epitafios de los asesinados en lox campos de exterminio, debe ser muy bella.

Los epitafios son todo un arte, y son realmente algo para la posteridad; me viene ahora a la mente el de Groucho Marx: "Disculpe que no me levante".

alfonso dijo...

A mí no me gusta demasiado la simbología primitiva, me parece muy light, me parece mucho más rico el simbolismo de la cruz. ¿es cierto que los primeros cristianos se avergonzaban de la cruz? o ¿se trataba de evitar problemas políticos porque realmente se seguía practicando la crucifixión y podían identificarlo con criminales?.
Por otra partes es curioso que el acróstico del nombre de Cristo en griego, XI, coincide con el símbolo del Dios caldeo del cielo, y también mucho más significativo es que Mitra o Aura Mazda, el Señor y gran Señor que se veneraba en el senado romano, tenía como símbolo una taba con una espada clavada, que claro es hace exactamente la imagen de una cruz, ¿se trata de prefiguraciones?

El pescador dijo...

La simbología cristiana primitiva tiene mucha riqueza, a mí me gusta mucho del del pez, que expresa un resumen de la fe en Jesucristo.

No creo que los cristianos se avergonzaran de la cruz, pues el grafito que contaba en el otro comentario mostraba que los cristianos eran conocidos por adorar a un crucificado y se burlaban de ellos por eso.

El acróstico del nombre de Cristo en griego es XP, las dos primeras letras mayúsculas de su nombre; yo no creo en las prefiguraciones, eso suena a copia.

alfonso dijo...

Yo no veo la riqueza del símbolo del pez por ningún lado, es más siempre que lo veo me recuerda a la new age, al símbolo de piscis, a las tonterías esas de los eones, cada eón dos mil años, y por tanto el eón de piscis, el de Cristo, estaría ya pasado. Si es tan rica deberías emplear algunos post en divulgarla, porque yo desde luego no la conozco, por más que en mi diócesis el símbolo sea el del pez, que alguno, sin ánimo irreverente identificará con el boquerón.
Por otro lado las prefiguraciones, son aquellos aspectos del culto pagano que prefiguran de alguna manera la venida de Cristo, así por ejemplo además de lo ya comentado, la iglesia tuvo durante mucho tiempo la égloga VI de Virgilio, canamus majoren, cantemos las cosas más altas, como un anuncio del nacimiento de Cristo, luego se demostró que Virgilio se estaba refiriendo a Augusto niño.
Prefiguración sería por ejemplo la espiga de trigo, cuyo grano como el de la parábola cae en tierra, que ya se usaba como imagen en los misterios eleusinos.