viernes, 20 de abril de 2007

Benedicto XVI, Papa agustiniano

El Papa se recogerá durante los días 21 y 22 de abril en Pavía sobre la tumba de San Agustín. Un Padre de la Iglesia que el teólogo Ratzinger ha estudiado largamente y al que Benedicto XVI se refiere con mucho gusto, signo de una proximidad teológica y espiritual.

«Un magisterio que habla sobre todo de Cristo y del Amor» ¿Se trata de Benedicto XVI? No, sino de San Agustín... y el autor de esta definición no es otro que Juan Pablo II, en una carta apostólica escrita en el XVI Centenario de la conversión del gran santo de África del Norte [1986].

Caracterizar el pontificado de Benedicto XVI por esta frase de su predecesor es tentador tanto que las dos nociones, Cristo y amor, están omnipresentes en sus discursos y textos. Tanto como que es una gran verdad también que el Papa alemán está impregnado fuertemente del pensamiento del obispo de Hipona.

La demostración no es muy difícil: Agustín aparece por todos lados en la vida de este Papa, que le debe además su tesis doctoral en teología, en 1953. En el escudo que Benedicto XVI se ha escogido, como en sus textos, las referencias agustinianas están omnipresentes. Como prueba, la todavía reciente audiencia del pasado 11 de abril.

Cuando improvisa, Benedicto XVI cita a San Agustín

Benedicto XVI ha recurrido así al teólogo de Hipona para explicar el evangelio de la mujer adúltera, en la parroquia de Santa Felicidad, el 25 de marzo. Lo invoca de nuevo para decirle a la Iglesia italiana reunida en congreso en octubre de 2006 en Verona, que el cristiano no debe ser «del mundo», sino «esperanza en el mundo».

La lista sería prolija... Pero podemos señalar que cuando improvisa a Benedicto XVI le gusta volver sobre los escritos de San Agustín: citas espontáneas que dan fe de su proximidad con él.

Agustín, incluso, es citado en su encíclica Deus caritas est cuatro veces. Como nota el asuncionista Marcel Neusch en la revista Itinéraires augustiniens, «ningún otro autor aparece tanto. Justino y Ambrosio son citados sólo una vez» (1). Y Tomás de Aquino ni siquiera es mencionado... mientras que hay referencias a autores «profanos», como Descartes, Nietzsche, Platón o Salustio. Tres citas están sacadas de las obras mayores de Agustín: Las Confesiones, el tratado Sobre la Trinidad y La ciudad de Dios.

La primacía de Dios, el amor...

¿Benedicto XVI agustiniano mientras que su predecesor habría sido más bien tomista? El atajo es rápido y corre el riesgo de encerrar a uno y otro Papa en categorías estrechas. Esto sería sólo porque la oposición es engañosa: Santo Tomás era fuertemente agustiniano... Y ciertos textos de Benedicto XVI, como el célebre discurso de Ratisbona sobre fe y razón, están directamente marcados por la escolástica tomista.

Sin embargo, se encuentran en los discursos del actual obispo de Roma numerosos temas que gustaban al antiguo obispo de Hipona.

La primacía de Dios, por ejemplo, apunta en la revista Jesús el P. Vittorino Grossi, doctor en Patrística por la Pontificia Universidad Agustiniana: «La autonomía del hombre no debe ir nunca contra su Creador. Si no, damos la espalda a la vida para ir hacia la muerte».

Otro acento agustiniano fundamental, el amor. La encíclica Deus caritas est se inspira netamente en las reflexiones del Padre de la Iglesia (conocemos su «Ama y haz lo que quieras»), que no oponía el amor-caridad (agapè) a eros.

La "humildad de Dios", predilecta de Agustín y de Benedicto XVI

E igualmente con Agustín Benedicto XVI va a introducir la segunda parte de la la encíclica, sobre el ejercicio concreto de la caridad: «Ves la Trinidad cuando ves la caridad» (Sobre la Trinidad VIII, 8, 12). En el prójimo Dios se hace visible y se da para encontrarlo.

La eclesiología de Joseph Ratzinger es también agustiniana, apunta en Radio Vaticana Mons. Giovanni Scanavino, obispo de Todi, religioso agustino: una eclesiología de la comunión que, dice, va a servir fuertemente al joven teólogo bávaro durante el Concilio.

Encontramos en el vínculo establecido entre Iglesia y Eucaristía por la reciente exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (El sacramento del amor) del Papa alemán, los acentos de San Agustín en su lucha contra los donatistas -en sustancia, pero en el sentido de la teología sacramental: fuera de la Iglesia, punto de salvación. Para Benedicto XVI también, no sabríamos pertenecer plenamente a la cabeza, Cristo, sin pertenecer al cuerpo de Cristo, la Iglesia, recibiendo los sacramentos de esa salvación.

Podríamos multiplicar estos ejemplos, evocar incluso la «humildad de Dios», predilecta de Agustín como de Benedicto XVI –como podemos leer en su homilía de Navidad pasada– o bien esta fe que, para uno y otro teólogo, no va nunca sin la inteligencia.

Un Papa que se identifica con el obispo de Hipona

Hay más. Leyendo las anécdotas de la vida del Padre de la Iglesia latina contadas por Benedicto XVI, viendo las citas que utiliza, tenemos el sentimiento de que este Papa se identifica con mucho gusto con el obispo africano de los primeros tiempos cristianos.

Al Papa le gusta recordar qué pesada le parecía la carga pastoral a Agustín, que habría preferido quedarse en la contemplación y el estudio. Una alusión a su propio deseo, desde antes de la muerte de Juan Pablo II, de volver a sus queridos estudios, deseo que «la llamada de Dios» para la Sede de Pedro ha venido a contrariar.

Como San Agustín todavía más, a Benedicto XVI le gusta enfrentarse al texto bíblico, explicarlo, comentarlo. Agustín era predicador. El Papa también. Una lectura exigente, renovada sin cesar, y a Benedicto XVI le gusta citar al santo de Hipona: «He llamado muchas veces a la puerta de la Palabra, hasta que pude entender lo que Dios me decía».

Un «pesimismo agustiniano»

Misma interioridad de la fe, vivida en en una relación personal con Dios. Es impresionante, por ejemplo, ver a Benedicto XVI hacer referencia a san Agustín y a esa «gracia de la perseverancia que debemos pedir cada día al Señor para afirmar la gracia primera de la conversión» en su carta al cardenal Carlo Maria Martini por sus 80 años, cardenal al que aprecia.

Mismo pesimismo, también, frente al mundo. Un «pesimismo agustiniano», nacido de la certeza del pecado original, pero compensado por el optimismo de la gracia. Coronado, pues, por la fe. La descripción que hace el obispo de Hipona de las desgracias de la humanidad con la invasión de los Bárbaros, al final de La ciudad de Dios, nos recuerda cierta visión ratzingeriana de la sociedad actual minada por el relativismo y el ateísmo…

Isabelle DE GAULMYN, en Roma
(1) Itinéraires augustiniens, n° 36, juillet 2006.

(original en francés; traducción mía)

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