miércoles, 9 de mayo de 2007

Apariciones marianas: modo de empleo

Algunas referencias de Iglesia para referirse de manera justa a las apariciones marianas y a la atracción, o sea entusiasmo, que pueden suscitar en los fieles

¿Quién reconoce las verdaderas de las falsas apariciones de María?

La Iglesia católica compromete su responsabilidad al reconocer tal o cual aparición. Lo hace tras largas investigaciones muy minuciosas. Se pronuncia el obispo de la diócesis donde tienen lugar las apariciones.

Cuatro criterios guían su discernimiento:

• La conformidad del mensaje con la Sagrada Escritura
• La comunión con la Iglesia
• La coherencia entre mensajeros y mensaje
• Los frutos espirituales de conversión.

De más de 100 presuntas apariciones de la Virgen María a lo largo del siglo XX, la Iglesia católica sólo ha confirmado tres: Fátima (1917), Beauraing (1932) y Banneux (1933). Está igualmente la Isla Bouchard con la peregrinación a "NotreSeñora de la oración" pero, por el momento, el carácter sobrenatural de las apariciones de 1949 no está reconocido. ¡La Iglesia es pues más que prudente!

¿Estamos obligados a creer en estas apariciones?

No, las apariciones no son objetos de fe. Podemos no creer, incluso cunado son reconocidas por la Iglesia y ser un buen cristiano, una buena cristiana.

En efecto, las apariciones no tienen como misión fundar la fe, sino (esta expresión proviene del documento elaborado por el "Grupo de Dombes", grupo ecuménico, sobre María, tomo 2, n 311). San Juan de la Cruz llega a pedir "resistir a las revelaciones particulares como si fueran peligrosas tentaciones".

¿Cuáles son las principales apariciones reconocidas?

Éstas son algunas apariciones que retener, que a menudo están en relación con acontecimientos importantes:

la Medalla Milagrosa (París, rue du Bac): 1830
la Salette: 1846
Lourdes: 1858
Pontmain: 1871
Pellevoisin: 1876
Fatima: 1917
Beauraing: 1932
Banneux: 1933...

[...]

¿Ir en peregrinación a esos lugares y santuarios? Pues claro, sabiendo que el fin es profundizar en el mensaje en vista a la conversión y de una vida siempre más conforme con el Evangelio.

¿Y las apariciones no reconocidas?

Numerosas apariciones permanecen no reconocidas por la Iglesia después de numerosos años de investigaciones con médicos, psicólogos, teólogos: Kérizinen (en Bretaña), San Damiano (en Italia), Garabandal (en España); y están aquellas que no son reconocidas por el momento, como las apariciones de Medjugorje (en Croacia).

La sabiduría consiste en entender ese pasaje del Evangelio: "Quien os escucha a vosotros a mí me escucha, quien os rechaza a vosotros a mí me rechaza. Y quien me rechaza, rechaza a Aquel que me ha enviado" (Lucas 10,16).

La actitud concreta que conviene tener con respecto a las apariciones no reconocidas es la de la obediencia y la prudencia, en la humildad y la confianza para con la Iglesia que habla por el obispo del lugar y por Roma.

Es así también importante estar en comunión y en caridad para con los pros y los contras en un espíritu de búsqueda para saber qué quiere el Señor. Recordemos la palabra de Jesús (Mateo 12, 39) a quienes le pedían un signo: "¡Generación malvada y adúltera!... No le será dado más signo que el del profeta Jonás" es decir el del Hijo del hombre que resucitará tres días después de su muerte.

La conclusión se impone: una sana devoción mariana da fecundidad a la vida cristiana, en la Iglesia Cuerpo de Cristo, sacramento de ese Cristo resucitado y vivo.

¿Las apariciones no revelan nuevos mensajes para nuestro mundo?

No. Ninguna aparición, fuese de la Virgen María, no puede aportar ninguna cosa nueva respecto a todo lo que ha sido dicho y anunciado en la Biblia. Las apariciones no revelan nada nuevo: no hacen más que reenviar al mensaje del Evangelio, manifestando así que nuestra conversión a la Buena Noticia no termina nunca. ¡Pero no hay que esperar ninguna exclusiva de las apariciones!

San Juan de la Cruz tuvo palabras muy claras sobre este punto:int Jean-de-la-Croix a eu des paroles très nettes sur ce sujet :

"Desde que entonces nos ha dado su Hijo, que es su Palabra, Dios no tiene otra palabra que darnos. Nos ha dicho todo a la vez y de un solo golpe en esta su Palabra (...); pues lo que decía por partes a los profetas, lo ha dicho todo entero en su Hijo (...). He aquí por qué quien quiera ahora preguntarle, o deseara una visión o una revelación, no sólo haría una locuera, sino que haría una injuria a Dios no mirando a Cristo, sin buscar otra cosa novedosa" (San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo).

Estas referencias se inspiran ampliamente en un artículo del Padre Emile Chartron, de la diócesis de Luçon, publicado en la revista diocesana de Luçon en octubre 2003.

(original en francés; traducción mía)

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