viernes, 13 de julio de 2007

Infame calumnia vía Internet y Televisión

Editorial de Andrea Galli en "Avvenire" sobre el mentiroso documental de la BBC acusando a Joseph Ratzinger cardenal y Papa de encubrir e ignorar los casos de abusos pedófilos:

Sábado 19 de mayo 2007

Cada uno, evidentemente, se consuela como quiere. O, mejor, como puede. Así asombra sólo en parte que ante la vitalidad católica documentada el pasado sábado en la Plaza de San Juan [Día de la Familia, manifestación pro-familia organizada por las asociaciones católicas italianas, N. del T.], haya quien encuentre desahogo benéfico en rebuscar en el cubo de la basura en busca de alguna raspa de pescado o de algún huevo podrido. Confiando quizá que cualquier medio de información, más o menos clandestino, no se haga demasiado el remilgado, y vuelva a lanzar generosamente el todo, ofreciendo al propio público como segura la comida ampliamente estropeada.

Nos referimos a un documental sobre sacerdotes católicos y abusos sexuales que, emitodo por la BBC en 2006, ha sido subtitulado en italiano por Bispensiero, sitio de amigos sicilianos de Beppe Grillo, y subido a Google Vídeo, donde parece que ha tenido cierto éxito. A propósito de buenas tragaderas. Se trata de un popurrí de afirmaciones y pseudo-testimonios que fueron abiertamente desmentidas en su tiempo por la Conferencia episcopal inglesa, la cual invitó a la augusta BBC a "avergonzarse por el formato periodístico usado en el ataque sin motivo contra Benedicto XVI".

La pieza fuerte del programa de hecho consistía (y aún consiste) en la acusación dirigida a Joseph Ratzinger de haber sido nada menos que el responsable máximo del encubrimiento de crímenes pedófilos cometidos por sacerdotes en varias partes del globo, en cuanto "garante" durante 20 años -desde que fue nombrado prefecto vaticano- del texto "Crimen sollicitationis", que es una instrucción emanada en realidad del Santo Oficio el 16 de marzo de 1962. Hay que notar esta fecha: en 1962 de hecho Joseph Ratzinger no era verdadero prefecto de la futura Congregación para la Doctrina de la fe, en aquel tiempo era aún un teólogo muy ocupado en su Alemania.

Hay que decir que el documento venía presentado por la BBC como un ingenio astuto, cavilado por el Vaticano para tapar delitos de pedofilia, cuando por el contrario se trataba de una importante instrucción hecho para «instruir» los casos canónicos y llevar a la reducción al estado laical a los presbíteros inculpados en nefandas pedofilias. En particular, trataba de las violaciones del sacramento de la confesión. Es de notar que la Instrucción volvía a pedir el secreto del procedimiento canónico para permitir a los eventuales testigos seguir adelante, sabiendo que sus deposiciones serían confidenciales y no expuestas a la publicidad. Y en consecuencia la parte acusada no vería deshonrado el propio nombre antes de la sentencia definitiva.

En suma, un conjunto de normas rigurosas, que nada tenían que ver con ocultar potenciales escándalos. Y que el texto "Crimen sollicitationis" no fue pensado para tal fin lo demostraba un párrafo, el décimoquinto, que obligaba a cualquiera que tuviese conocimiento de un uso del confesionario para abusales sexuales a denunciarlo todo, bajo pena de excomunión. Medida que si acaso da idea de la seriedad del documento y de aquellos que lo formularon, si se piensa que en base a la ley italiana el ciudadano particular (tal es también el obispo y quien está investido de autoridad eclesiástica) está sujeto a denunciar sólo los crímenes contra la autoridad del Estado, para cuyos hechos está prevista al pena de cadena perpetua.

Sin contar que Joseph Ratzinger, más tarde convertido sí en prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, habría firmado -pero estamos en mayo de 2001- una Carta a los Obispos y los otros Ordinarios y Jerarcas de la Iglesia católica, publicada también en las Acta Apostolicae Sedis, donde se preve expresamente que "el delito contra el sexto mandamiento del Decálogo, cometido por un clérigo contra un menor de dieciocho años", sea de competencia directa de la Congregación misma. Señal, para quien tenga un mínimo de buen sentido jurídico, de la voluntad romana no de ocultar, sino de dar más bien el máximo relieve a ciertos delitos, reservando su juicio no a realidades "locales", potencialmente condicionables, sino a uno de los máximos órganos de la Santa Sede.

Esta, y no otra, ha sido la posición de la Iglesia católica sobre los crímenes de pedofilia en su interior. Este, y no otro, es el limpio testimonio de nuestro Papa que en tiempos no sospechosos se lanzó contra la porquería en la Iglesia.

Los calumniadores deberían inclinar la cabeza y pedir excusas.

Andrea Galli
(original en italiano; traducción mía)

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