jueves, 27 de septiembre de 2007

¿Son injustos los enchufes?

Antoine Hérouard, secretario general de la Conferencia de obispos de Francia (por interim) responde en la revista Croire Aujourd'hui.

(original en francés; traducción mía)

Ayudar o dar un empujón para unas prácticas o un empleo, ¿es oportuno y justo?

Céline termina sus estudios. Ha estado en una escuela de comunicación pero, para su último año, debe encontrar unas prácticas de seis meses, redactar un informe, presentarlo ante un tribunal en su escuela. Todo eso para poder ser diplomada. En el espíritu de la escuela, esas prácticas son a la vez como la conclusión de la formación teórica recibida y puede desembocar en una primera experiencia profesional. Solamente eso, encontrar unas prácticas no es tan simple. La escuela no propone ayuda particular, pues piensa que la búsqueda de las prácticas es un elemento muy formador. Céline ha enviado decenas de Curriculum vitae, a todos los niveles, pero eso no funciona: sea que no obtiene respuesta, sea que le dicen que seis meses es demasiado tiempo. Ve con angustia que se aproxima el plazo y que no tiene nada a la vista. ¿Qué hacer? Va a perder el año, no podrá validarlo, no tendrá su diploma y además no encontrará trabajo detrás.

Las tentaciones de usar las relaciones

Por supuesto, esas famosas prácticas son el tema de conversación nº 1 en la escuela: todo el mundo habla de ello, no es fácil para nadie... Pero a pesar de todo, numerosos amigos (as) suyos han terminado por conseguir una promesa de prácticas. ¿Un poco de suerte, una idea más precisa de lo que quieren hacer, una prospección más profunda, una mejor situación geográfica? Quizás, pero finalmente, aquellos que han encontrado son, la mayor parte de las veces, por relación, o, como ellos dicen, por enchufe. De golpe, Céline quiere hablar a su padre: después de todo, tiene una buena situación, es un notable de la ciudad y por sus amigos del Rotary club, me encontrará seguramente algo.

Ella habla de esto, toda confiada, a su padre pero he aquí que las cosas no pasan como ella lo había imaginado: él le responde que le toca a ella encontrar, que, él, cuando empezó, joven, nadie le ayudó (¡y sobre todo ni su propio padre!) y que es a fuerza de voluntad y de coraje como él ha construido su carrera... En cuanto a sus amigos del Rotary, por supuesto podría pedirles, pero piensa que no es justo, que si Céline debe obtener unas prácticas, es por le valor de ella y no por la reputación de su padre. Y después ¿cómo hicieron aquellos cuyo padre no tiene tan buena situación o tal red de relaciones? No decididamente, eso no sería justo. Él piensa que eso sería algo inmoral y contrario a los valores que ha buscado poner por obra toda su vida... Él no puede ni quiere ayudar a Céline.

El hijo del mejor amigo del patrón

Pierre es empleado en una oficina de estudios. Es responsable de uan unidad de cinco personas y la actividad marcha muy bien. Tienen mucho trabajo y sin duda ampliamente demasiado. Las horas extraordinarias se multiplican y Pierre no cuenta los sábados que ha debido volver a trabajar para terminar un estudio que debía ser entregado al cliente sin retraso. Ante el desarrollo de la actividad, se ha decidido con su responsable directo contratar a una persona suplementaria. Se define un perfil del puesto, con el nivel de competencia técnica que parece indispensable para asegurar la función. Se ponen los anuncios, llegan las respuestas. Una primera clasificación es efectuado y cinco personas, con perfiles bastante parecidos, convocadas para entrevistas. Pierre las recibe, su jefe las recibe, y finalmente, dudan entre dos candidatos que parecen desenvolverse bien, tanto desde un punto de vista de las competencias técnicas como en el nivel humano y relacional. El asunto parece bien comprometido cuando, de golpe, el gran patrón que sólo había seguido el procedimiento desde muy lejos, llega a encontrar a Pierre y su responsable directo para decirles que hay una muy buena candidatura que proponer, que es preciso estudiarla muy seriamente, que le ha sido recomendada calurosamente, etc. Pierre está un poco decepcionado, van a perder el tiempo, han encontrado lo que parecía convenir, pero no hay nada que hacer. Es preciso recibir al nuevo candidato del cual descubren que no tiene verdadermante el diploma requerido, que no tiene el mínimo de experiencia que tienen los otros candidatgos presentes y que, en el plano humano, parece muy seguro de sí mismo y un poco altanero. Brevemente, no es el candidato ideal, pero se descubre que es el hijo del mejor amigo del patrón y por eso será contratado...

Un camino en cuesta

Estas dos situaciones, la de Céline en la búsqueda de su periodo de prácticas y la de Pierre que ve cómo le imponen una contratación que no le conviene, muestran lo que se llama comunmente el enchufe, o más positivamente, la ayuda o el empujón. ¿Qué pensar? Cada uno de nosotros se encuentra más o menos confrontado a situaciones de este tipo, sea por beneficiarse de ellas, sea por ser la «víctima», sea por ser aquel o aquella que va a dar, o no, ese famoso empujón. Y las dificultades presentes del mercado de empleo no hacen más que reforzar esta práctica.

¿Es preciso superar dos actitudes extremas?

La del padre de Céline que, por rigor moral, quiere prohibirse todo lo que podría revelar favoritismo y, en nombre de una honestidad que se pretende escrupulosa y sin fallo, puede parecer sin corazón, indiferente a otros, o sea egoísta. Que cada uno se desenvuelva como pueda. Eso puede ser muy bello pero hay una manera de envolverse en la virtud que es el desinterés por los otros y finalmente una manera de protegerse a sí mismo y de no interrogarse sobre sus propios criterios de elección y de comportamiento. Como si por miedo a comprometerse, fuera más fácil retirarse. Tienen las manos limpias pero no tienen manos...

La del patrón de Pierre que ejerciendo su enchufe por encima de otros criterios (de competencia, de adecuación al puesto...) impone una solución que será desagradable, pondrá al interesado en una situación difícil y quizá irá contra el interés de la empresa. Además del problema moral (¿es justo actuar así respecto al beneficiario, los colaboradores y los otros candidatos descartados?), hay otra cuestión alrededor del bien fundado económico y social de la decisión tomada. Llevado al extremo, se ve bien que lo que prima es la voluntad de ayudar a una persona o de dar una prueba o de esperar ser recompensado a la vuelta de tal «inversión». Esto puede ir además hasta conductas que podrían ser juzgadas como delictivas en ciertos casos (delito de favoritismo o de toma ilegal de interés, en la adjudicación de mercados, por ejemplo).

Proponer no es imponer

¿Entre esos dos extremos puede abrirse un camino? Una cosa es dar un consejo, interesarse por la situación y por la búsqueda de alguien, proponer eventualmente ir a llamar a tal o cual puerta, transmitir un CV a un empleador que podría estar interesasdo, recomendar una persona que valoramos de verdad, otra cosa es imponer una elección, forzar a algo o entrar en una lógica de dar a cambio de algo o sea de chantaje. Es la diferencia entre lo que puede ser atención al otro y lo que es aprovecharse de una situación y de un poder para imponer una elección que podemos sabemos que no es necesariamente la más justa.

Queda que ese camino es un camino en cuesta, que a menudo no tenemos respuesta a punto sobre lo que es justo y lo que conviene hacer. Pero es la interrogación incluso sobre la justicia lo que debe habitarnos e interrogarnos sin descanso...

Fuentes

Parábola del administrador astuto (Lucas 16,1-8)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando." Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas." Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?" Respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta." Después dijo a otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien cargas de trigo." Dícele: "Toma tu recibo y escribe ochenta." El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

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