sábado, 8 de septiembre de 2007

También el ateo Habermas y el protestante Moltmann dan la razón al Papa

De Sandro Magister

(original en italiano; traducción mía)

En el primer día de su “peregrinaje” a Austria Benedicto XVI ha dirigido al cuerpo diplomático, encontrado en Viena el 7 de septiembre, palabras nada cubiertas en diplomacia.

En primer lugar sobre el aborto. Una vez recordado que “ha sido en Europa cuando, por primera vez fue formulado el concepto de derechos humanos”, el Papa ha ido pronto al grano:

“El derecho humano fundamental, el presupuesto para todos los otros derechos, es el derecho a la vida misma. Esto vale para la vida desde la concepción hasta su fin natural. El aborto, por consiguiente, no puede ser un derecho humano. Es su contrario”.

Y ha añadio:

“Al decir esto no expresamos un interés específicamente eclesial. Nos hacemos más bien abogados de una petición profunda humana y nos sentimos portavoces de los nascituros que no tienen voz [...] Mi llamada por tanto a los responsables de la política, a fin de que no permitan que los hijos sean considerados como casos de enfermedad ni que la categoría de injusticia atribuida por el ordenamiento jurídico al aborto sea de hecho abolida”.

También a la Iglesia el Papa ha dirigido una llamada:

“La credibilidad de nuestro discurso depende también del que la Iglesia misma hace para ayudar a las mujeres en dificultad”.

Muy cortante ha estado Benedicto XVI después sobre el tema de la eutanasia:

“Hay que temer que un día pueda ser ejercida una presión no declarada o también explícita sobre las personas gravemente enfermas o ancianas, para que pidan la muerte o se la den a sí mismos. La respuesta justa al sufrimiento al final de la vida es una atención amorosa, el acompañamiento hacia la muerte –en particular también con la ayuda de la medicina paliativa– y no una activa ayuda a morir”.

Tercer punto crucial, la fe en la razón. Europa, ha dicho el Papa, es patria de “una tradición de pensamiento para la cual es esencial una correspondencia sustancial entre fe, verdad y razón [...] Se trata de la cuestión de si la realidad tiene en su origen el caso y la necesidad, [...] o si por el contrario permanece verdadero aquello que constituye la convicción de fondo de la fe cristiana: In principio erat Verbum –En el principio existía la Palabra– en el origen de todas las cosas hay la Razón creadora de Dios que ha decidido participarse a nosotros seres humanos”.

A este propósito Benedicto XVI no se ha abstenido de citar para su propio apoyo a “un filósofo qaue no se adhiere a la fe cristiana”, Jürgen Habermas, último gran exponente de la escuela de Francfurt, el cual dice:

“Para la autoconciencia normativa del tiempo moderno el cristianismo no ha sido sólo un catalizador. El universalismo igualitario, del cual han brotado las ideas de libertad y de convivencia solidaria, es una herencia inmediata de la justicia judía y de la ética cristiana del amor. Inalterada en sustancia, esta herencia ha sido siempre de nuevo hecha propia de modo crítico y nuevamente interpretada. A esto hasta hoy no existe alternativa”.

Non es la primera vez que Joseph Ratzinger concuerda con Habermas. Véase en www.chiesa: “Habermas escribe a Ratzinger, Ruini responde. Aliados contra el ‘derrotismo’ de la razón moderna”.

Pero el mismo día salió también en “Jesus” una entrevista al más famoso de los teólogos protestantes alemanes, Jürgen Moltmann, admiradísimo por los católicos progresistas. A la pregunta: “¿Cual es su visión sobre el hombre contemporáneo?”, he aquí lo que Moltmann responde, en plena sintonía con Benedicto XVI:

“Del hombre moderno tengo la impresión de que no ama la vida en el modo correcto: por esto hace experimentos con embriones y fetos, como si fuesen el primer estadio de la vida humana y no de los seres humanos verdaderos y propios. La humanidad debe ser respetada también en su estadio original, adámico: esto para mí es lo más importante de las investigaciones con células para las enfermedades de los ancianos o para la demencia. En el mundo moderno, en el cual se sobrevuela sobre todo, se debe reforzar el amor por los estadios iniciales de la vida. Esto es imporante también en relación al terrorismo del mundo islámico”.

Para las homilías y los discursos de Benedicto XVI en Austria, ver la página ad hoc, en el sitio del Vaticano.

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