sábado, 22 de diciembre de 2007

Benedicto y la autocrítica del cristianismo moderno

Luigi Accattoli (original en italiano; traducción mía)

"Autocrítica del cristianismo moderno"
son las palabras para mí más inesperadas de la encíclica. Afirma que la reducción de la esperanza en época moderna -que se hizo evidente con la caída de las ideologías- reclama un pensamiento de parte del mundo secular y del cristiano: "Es necesario que la autocrítica de la edad moderna, que debe siempre aprender a comprenderse a sí mismo". La autocrítica cristiana debe concernir en particular al hecho que él -perseguido por el avance de la ciencia- se "concentró en gran parte sobre el individuo y su salvación" y "con esto ha reducido el horizonte de su esperanza y no ha reconocido tampoco suficientemente la grandeza de su cometido, si bien es importante lo que ha seguido haciendo para la formación del hombre y la atención de los débiles y de los que sufren". En otro pasaje de la encíclica el papa afirma que desde la apuesta de la humanidad moderna sobre la ciencia la fe "queda desplazada a otro nivel –el de las realidades exclusivamente privadas y ultramundanas–", y resulta así "irrelevante para el mundo". La autocrítica del cristianismo -por tanto- debería partir del rechazo de aquella irrelevancia y de la reivindicación del deber de ocuparse de la "historia universal" y de comunicar un mensaje no sólo relevante sino decisivo para la entera humanidad. No había encontrado nunca esta idea de una autocrítica del "cristianismo moderno" -quizá análoga a aquella del cristianismo antiguo desarrollada por el papa Wojtyla- en los escritos del cardenal Ratzinger y en los textos del papa Benedicto. No la entiendo completamente pero me atrae. En el primer comentario a esta entrada proporciono los cuatro textos en los cuales está formulado el concepto.

1 comentario:

El pescador dijo...

Párrafo 17: "Ahora [en época moderna], esta « redención », el restablecimiento del « paraíso » perdido, ya no se espera de la fe, sino de la correlación apenas descubierta entre ciencia y praxis. Con esto no es que se niegue la fe; pero queda desplazada a otro nivel –el de las realidades exclusivamente privadas y ultramundanas– al mismo tiempo que resulta en cierto modo irrelevante para el mundo. Esta visión programática ha determinado el proceso de los tiempos modernos e influye también en la crisis actual de la fe que, en sus aspectos concretos, es sobre todo una crisis de la esperanza cristiana".

Párrafo 22: "¿Qué podemos esperar? Es necesaria una autocrítica de la edad moderna en diálogo con el cristianismo y con su concepción de la esperanza. En este diálogo, los cristianos, en el contexto de sus conocimientos y experiencias, tienen también que aprender de nuevo en qué consiste realmente su esperanza, qué tienen que ofrecer al mundo y qué es, por el contrario, lo que no pueden ofrecerle. Es necesario que en la autocrítica de la edad moderna confluya también una autocrítica del cristianismo moderno, que debe aprender siempre a comprenderse a sí mismo a partir de sus propias raíces".

Párrafo 25: "La ciencia puede contribuir mucho a la humanización del mundo y de la humanidad. Pero también puede destruir al hombre y al mundo si no está orientada por fuerzas externas a ella misma. Por otra parte, debemos constatar también que el cristianismo moderno, ante los éxitos de la ciencia en la progresiva estructuración del mundo, se ha concentrado en gran parte sólo sobre el individuo y su salvación. Con esto ha reducido el horizonte de su esperanza y no ha reconocido tampoco suficientemente la grandeza de su cometido, si bien es importante lo que ha seguido haciendo para la formación del hombre y la atención de los débiles y de los que sufren".

Párrafo 42: "En la época moderna, la idea del Juicio final se ha desvaído: la fe cristiana se entiende y orienta sobre todo hacia la salvación personal del alma; la reflexión sobre la historia universal, en cambio, está dominada en gran parte por la idea del progreso".