domingo, 2 de diciembre de 2007

La otra cara de Ratzinger: amor y esperanza

Redacción Il Giornale (original en italiano; traducción mía)

Después del amor, la esperanza. Benedicto XVI parece querer terminar y retomado el camino de las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y en la encíclica «Spe salvi» publicada ayer reflexiona sobre la esperanza cristiana y sobre su actualidad. Una vez más, es un Papa que sorprende. Lo habían pintado como un Pontífice anti-moderno, propugnador de una Iglesia cerrada en sí misma, atenta sólo a defender la propia identida, contrapuesta al mundo y casi insensible a las esperas, a los dramas y a la búsqueda de la humanidad contemporánea empapada de relativismo.

Una vez más, la que en estos años ha estado cosida encima de Joseph Ratzinger aparece como una caricatura. ¿Quién se habría imaginado que el «panzerkardinal» convertido en Papa habría dedicado su primera encíclica al amor que se hace caridad? ¿Y quién podía prever que su segunda encíclica fuese dedicada precisamente a la esperanza? Lo que más impresiona, leyendo las densas páginas de la nueva carta papal es la atención, la escucha y el compartir las esperas que vibran en la cultura contemporánea de hoy. Cierto, Benedicto XVI describe los falsos mitos del progreso y de la «redención» conseguibles a través de la ciencia, critica la promesa del paraíso en esta tierra llevada adelante por la revolución proletaria marxista con su pretensión de una política «científicamente fundada» capaz de hacer el mundo bueno y justo. Constata que estas experiencias han dejado desgraciadamente a sus espaldas solamente cúmulos de escombros y han acabado en desastres inhumanos. No todas, en realidad, han acabado. Muerta la utopía marxista, hoy parece vencer la científica, que transforma la verdadera ciencia en ideología reduciendo al hombre -que es espera de infinito– a mero y casual producto de la evolución biológica. Pero Papa Ratzinger no se detiene en el análisis conmovido y realista. Sabe leer y valorar precisamente aquellas corrientes de pensamiento que ya desde hace decenios han reflexionado sobre el fracaso de aquellas promesas y continúan buscando una respuesta. La respuesta de Benedicto XVI no puede ser otra que el Evangelio: el cielo no está vacío, hay un ser personal que es razón y amor. Él ilumina y rige el mundo y sólo en la relación personal con él el hombre es verdaderamente libre y puede experimentar en la vida la promesa de la felicidad.

Con la carta «Spe salvi» el Papa lanza un mensaje claro a los cristianos. No pueden pensar solamente en la salvación de sus almas, fingiendo que no existen las esperas, las dudas, los dramas, la búsqueda que los rodea. Todo, en el cristianismo, es dimensión de relación: entre Dios y el hombre, entre los hombres.

1 comentario:

Francesc Ll. dijo...

Efectivamente, Benedicto XVI sorprende y nos enrriquece