sábado, 8 de diciembre de 2007

«Spe salvi», la segunda encíclica de Benedicto XVI

Isabelle de GAULMYN, en Roma (original en francés; traducción mía)

La segunda encíclica del pontificado se hizo pública hoy. En la prolongación de "Deus caritas est", el Papa quiere volver a llevar a los católicos a los fundamentos de la fe

El secreto ha sido bien guardado: todo el mundo esperaba una encíclica «política» sobre la doctrina social de la Iglesia. Ahora bien, el Papa ha publicado el viernes 30 de noviembre un texto de tipo más teológico, sobre la esperanza. Como la primera, publicada al final de enero de 2006 y consagrada al amor (Deus caritas est), esta segunda encíclica de Benedicto XVI debía ser corta y personal: él mismo la escribió, desde el principio al final, este verano.

Benedcito XVI ha elegido por tanto ofrecer a los católicos, para el Adviento, una meditación sobre la virtud teologal de la esperanza. «Spe salvi facti sumus», escribe para comenzar: «En la esperanza hemos sido salvados, dice San Pablo a los Romanos y a nosotros también». Puede esperarse con esto que el Papa teólogo responde así a las críticas modernas de la esperanza cristiana, las de las Luces, de Nietzsche o de Marx.

Críticas en parte en el origen, según él, de la crisis terrible que conoce la sociedad humana hoy. Ante las esperanzas seculares, la encíclica debería mostrar la pertinencia y la actualidad de la esperanza cristiana, con su dimensión de salvación, adquirida desde aquí abajo para ser cumplida en más allá, según la dinámica de la Epístola a los Romanos (8,24). Siempre pedagógico, Benedicto XVI invoca, para su propósito, figuras de testigos contemporáneos, como Santa Bakhita, joven religiosa de Darfour en el siglo XIX.

Acompañar a los católicos a los fundamentos de la fe

¿Sorprendente esta encíclica? No tanto como eso. Como lo anuncia un cardenal, «Benedicto XVI lo pensaba sin duda ya al escribir su primera encíclica». En efecto, Spe salvi se sitúa en la lógica de Deus caritas est, manifestando la intención de declinar las tres virtudes teologales que son la caridad, la esperanza y la fe. Teologales, es decir que hacen penetrar en el corazón del misterio cristiano.

Esto cuadra en la manera de este Papa teólogo, que busca desde el principio de su pontificado conducir a los católicos a los fundamentos de la fe, una especie de retorno a las fuentes. Así propone cada miércoles una catequesis sobre los Padres de la Iglesia. Así incluso ha escrito un libro sobre Jesús hombre e hijo de Dios, que se articula de manera evidente con sus encíclicas.

La esperanz, Benedicto XVI reflexiona sobre ella desde hace tiempo. Había evocado este tema como prefecto de la Doctrina de la fe, ante la Comisión teológica internacional, a propósito del limbo. Algunos meses después de su elección, en septiembre de 2005, a los obispos mexicanos, les pidió que se convirtieran en «apóstoles de esperanza, poniendo una alegre confianza en las promesas de Dios». «Ante un horizonte tan cambiante y complejo como el actual, la virtud de la esperanza es puesta a prueba duramente en la comunidad de los creyentes», les decía.

Más recientemente, en Nápoles, ciudad particularmente tocada por la violencia y la pobreza, ¡ha usado la palabra una docena de veces en su homilía! «Ante las realidades sociales difíciles y complejas como las vuestras, hace falta reforzar la esperanza, que se funda sobre la fe y se expresa de una manera incansable», lanzaba a los napolitanos, con esta convicción:«Nuestra profesión de fe es siempre una profesión de esperanza, pues la fe es esperanza».

Encíclicas espirituales casi intimistas

Pero estas dos primeras encíclicas sorprenden de todos modos por la forma, espiritual, casi intimista. «Es una innovación total en la historia de la Iglesia», subraya el historiador Philippe Levillain. Después de los siglos XIX y XX, los grandes textos pontificios eran a menudo políticos, ligados a un contexto histórico vivido por el sucesor de Pedro: Benedicto XV sobre la paz, Pío XII sobre la guerra...

Las encíclicas de Juan Pablo II fueron escritas también en esta perspectiva. No es el caso de los textos de Benedicto XVI. De ahí, sin duda también, una segura dificultad para recibirlos. Sabemos hoy que los aplazamientos sucesivos de la publicación de Deus caritas est eran deibidos en parte al bloqueo, en el seno del Vaticano, de parte de aquellos que no veían en ella un texto de la naturaleza de una encíclica. Y unas asociaciones de laicos confiaban cuánto habían sido desconcertadas por un texto que no parecía dirigirse a ellos para indicar la dirección que seguir.

Benedicto XVI ha elegido completar su papel de «Papa teólogo», haciendo accesibles a todos las grandes verdades del mensaje evangélico. Una convicción que, al ver el éxito en librería de Deus caritas est, parece encontrar una espera de la sociedad actual.