domingo, 28 de diciembre de 2008

Testigo ocular de Jesús

Este cuadro de Fra Angélico muestra gráficamente que los evangelios recogen la predicación de los testigos oculares de Jesús y que el de San Marcos puede llamarse con razón El testamento del pescador.

Los evangelistas escribieron su obra para dar a conocer lo más importante de la vida y predicación de Jesús, confesar su fe en Él e invitar a otros a creer.

El proceso de formación de los evangelios fue el siguiente:

1. Después de Pentecostés los apóstoles y los testigos fueron predicando todo lo que habían visto y oído en los años que estuvieron con Jesús.

2. Esos relatos orales se fueron agrupando por temas (la Pasión, parábolas, milagros...)

3. Cuando empiezan a faltar los testigos oculares de la vida de Jesús surge el problema de la confusión acerca de los acontecimientos

La siguiente noticia muestra la cercanía de los testimonios escritos con los acontecimientos que narraban:

Benedicto XVI recibe un manuscrito que demuestra la historicidad de los Evangelios Los Papiros Bodmer 14-15 están ahora en la Biblioteca Apostólica Vaticana

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 23 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha recibido como regalo para la Santa Sede unos de los papiros más antiguos de los Evangelios que demuestran su carácter histórico.

Entregó como regalo al Papa los Papiros Bodmer 14 y 15 (P75), datados entre 175 y 225 d.C., este lunes su donante, el estadounidense Frank J. Hanna y su familia.

«El Papiro contiene cerca de la mitad de los Evangelios de Lucas y de Juan. Fue escrito en Egipto y quizá utilizado como libro litúrgico», explicó el cardenal Jean-Louis Tauran, Archivista y Bibliotecario de la Santa Romana Iglesia, durante la audiencia.

Los manuscritos pertenecían antes a la Fundación Bodmer de Cologny, a las afueras de Ginebra (Suiza) y se encuentra ahora custodiado en la Biblioteca Apostólica Vaticana.

«La Biblioteca del Papa posee el más antiguo testimonio del Evangelio de Lucas y entre los más antiguos del Evangelio de Juan», añadió el purpurado francés.

Los papiros Bodmer 14 y 15 (P75) contienen un total de 144 páginas y constituyen el manuscrito más antiguo que mantiene unidos el texto de dos Evangelios.

«Casi seguramente estaba destinado a una pequeña comunidad, una “parroquia” egipcia de lengua griega, que, como es habitual en todas las liturgias cristianas, leía el Evangelio durante la celebración eucarística», explica el diario vaticano «L’Osservatore Romano» en su edición del 24 de enero.

El hecho de que los Evangelios de Lucas y Juan se encontraran unidos en un mismo papiro, como sucede en este caso, es visto por los expertos como una demostración de que para las primeras comunidades cristianas los Evangelios formaban una unidad, han explicado a Zenit algunos de los participantes en el encuentro con el Papa.

El documento es decisivo pues coincide con el del «Codex Vaticanus», uno de las ediciones más antiguas de la Biblia, del siglo IV. Los Papiros Bodmer 14 y 15 demuestran, por tanto, que las versiones más antiguas del Nuevo Testamento que se conservan en su integridad corresponden con los Evangelios que ya siglos antes circulaban entre las comunidades cristianas.

Entre otras cosas, en estos papiros se encuentra la transcripción más antigua del Padrenuestro, según es relatada por Lucas.

En la entrega del papiro participó el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado; el obispo Raffaele Farina, prefecto de la Biblioteca Vaticana, y Gary Krupp KCSG, fundador de la «Pave the Way Foundation», que durante un año ha trabajado para alcanzar este resultado.
ZS07012307

No hay segundo caso Galileo

Isabelle de Gaulmyn (original en francés; traducción mía)

«¿Qué pasaba antes del comienzo del mundo? ¿Qué hacía Dios antes de crearlo? Preparaba el infierno para aquellos que hacen tales preguntas...»… Con esta broma, el célebre astrofísico Stephen Hawking, que sufre una ELA (esclerosis lateral amiotrófica) que lo paraliza totalmente, ha comenzado su exposición sobre la evolución, durante un coloquio organizado por la Academia Pontificia de las ciencias, en el Vaticano. Coloquio sobre un asunto a priori polémico: la teoría de la evolución de la especie humana, del mundo y del universo, a la luz de la fe... Sabemos que el creacionismo, y su sucedáneo, la teoría del «Diseño inteligente» contesta hoy de manera a veces violenta las teorías de Darwin, en nombre especialemente de una cierta concepción de la fe. Ahora bien ello no desagrada a algunos, no habrá, en el Vaticano, un segundo asunto Galileo... El Papa, al recibir a los miembros de la Academia, ha explicado bien cómo las dos lógicas, una horizontal -la ciencia-, la otra vertical -la fe-, no eran incompatibles. Al contrario. Benedicto XVI ha comparado la naturaleza a un libro escrito por Dios, y que está por descifrar también, como la Biblia. Leer la evolución, ha dicho, no es leer un "caos" sino un libro "en el cual nosotros leemos la historia, la evolución, la "escritura", y la significación en función de los diferentes enfoques de las ciencias". Pero -puesto que las imágenes cuentan-, retenemos como símbolo de esta "armonía" la del Papa, inclinado, la mano sobre la frente del astrofísico británico como para ponerle en su sitio un mechón rebelde, mientras que éste, por medio de su ordenador-sintentizador le dejaba este mensaje: "Santo Padre, estoy contento de haberme encontrado con Usted. Hoy debería haber un buen encuentro entre Ciencia e Iglesia".

miércoles, 29 de octubre de 2008

La elección de un nombre

(original en francés; traducción mía)

Albéric de Palmaert pour le Pèlerin Magazine

¡Elegir un nombre  es importante!

Llevar el nombre de un santo patrón significa tomarlo como modelo y recurrir a su intercesión

Dar un nombre a su hijo no es anodino. Elegir el nombre de un santo es importante. "El patronímico de santos expresa, desde los orígenes del cristianismo, la comunión existente entre la Iglesia terrestre y aquellos que gozan ya de la plenitud de la visión de Dios. Llevar el nombre de un santo patrón significa tomarlo como modelo y recurrir a su intercesión". Así se expresó Monseñor Félici, entonces nuncio apostólico en Bélgica respondiendo a un tintinófilo enterado ¡que deseaba llamar a su hijo "Tintín"!.  Es por tanto importante para los padres cristianos que elijan un nombre que se informen sobre la vida del santo patrón de su hijo. Será también importante para el niño conocer la vida de él.Existe hoy una gran posibilidad de vidas de santos, en tebeos, en vídeo...

lunes, 15 de septiembre de 2008

¿Para qué sirve el Papa?

(original en francés; traducción mía)

Mientras que Benedicto XVI debe llegar el 12 de septiembre a Francia para un viaje a París y Lourdes, se vuelve sobre el papel del obispo de Roma en la Iglesia católica y en el mundo

El término viene del griego 'pappos' que, desde Homero, es utilizado para marcar una veneración, respetuosa. En Oriente designa después a los obispos y a los sacerdotes. Aparece en Occidente a comienzos del siglo III, reservado a los obispos.

No es hasta el siglo VIII cuando los obispos de Roma lo emplean para ellos mismos cada vez más a menudo. En el siglo XI, mientras es necesario asentar el poder de Roma frente a otras ciudades e imponer progresivamente la autoridad apostólica, Gregorio VII, en un«dictatus papae», establece que el título será a partir de entonces reservado al sucesor de Pedro, «porque es único en el mundo».

La palabra no tiene nada que ver, etimológicamente, con el familiar «papa» de los niños hacia su padre. La confusión viene del hecho de que en Italia, en las familias, se ha extendido el uso francés de decir «papà», con acento sobre la última sílaba, mientras que la palabra italiana era originalmente «babbo».

El "Viva il papa!" que se escucha en la plaza de San Pedro para el papa no tiene nada que ver, como lo creen a veces los turistas francófonos en Roma, con un familiar "¡viva el papá!"… Explicaciones sobre las prerrogativas del jefe de la Iglesia católica.


¿Cómo es elegido el papa?

Y primero, ¿quién puede ser elegido? En teoría, todo bautizado que cumpla las condiciones para llegar a ser obispo, porque el papa es el obispo de Roma. En realidad, desde el siglo XV, el papa ha sido elegido siempre entre los cardenales. Los electores son en efecto los cardenales, que son nombrados ellos mismos por los precedentes soberanos pontífices.

La elección del papa está regulada de manera extremadamente meticulosa por textos que prácticamente cada papa a retocado. Pero el objetivo ha seguido siendo el mismo: crear las condiciones para que el nuevo papa pueda tener los medios de asegurar su misión con toda independencia.

Lejos de presiones extrañas, de injerencias mediáticas, los cardenales se reúinen pues en cónclave, en secreto, dentro de la capilla Sixtina.

Sólo aquellos que tienen menos de 80 años participan en el cónclave: una regla introducida por Pablo VI en 1970, para evitar que el alargamiento de la duración de la vida no haga crecer demasiado el peso de los cardenales más ancianos. Es elegido aquel que obtenga más de dos tercios de votos en el curso de los escrutinios.

Esta regla de dos tercios había sido modificada por Juan Pablo II y la sustituyó por la de la mayoría al final de un cierto número de días sin resultado; uno de los primeros actos de Benedicto XVI fue sin embargo volver a la antigua práctica, por miedo a que el papa pueda ser el rehén de una parte del Sacro Colegio en lugar de representar a la Iglesia entera.

No hay campaña electoral. Sin embargo, antes del cónclave, los cardenales -incluidos aquellos de más de 80 años- se reúnen en congregaciones generales para evocar los grandes problemas y desafíos de la Iglesia. Un tiempo importante donde se bosquejan las grandes tendencias que después "harán" la elección.

¿Cuál es su papel pastoral ?

"Bendito sea Dios que te ha elegido como pastor de toda la Iglesia", dice el cardenal protodiácono entregando al nuevo elegido, al comienzo de su ministerio, el palio. El papa no es un "súper-obispo".

Su papel pastoral es universal, pero le es correspondiente por derecho según los términos mismos empleados por Jesús para Pedro: "Confirma a tus hermanos en la fe".

"He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones", ha dicho en ese sentido Benedicto XVI a los jóvenes australianos este verano, durante la JMJ.

Es lo que se llama el magisterio del papa, que no ejerce solo, sino con el conjunto de los obispos, sucesores de los Apóstoles, cuyo colegio él preside. Este magisterio aspira a transmitir el mensaje de Cristo en su integridad y a asegurar la unidad de la fe. Integridad, para evitar desviaciones, malas interpretaciones, sectarismo u otras cosas; unidad, para preservar la Iglesia del cisma.

Es una forma de enseñanza, que el papa ejerce cotidianamente, por medio de discursos, de cartas, de homilías, de audiencias. O de manera más solemne, por medio de textos que tienen un alcance general, encíclicas o exhortaciones apostólicas.

Este Magisterio se ejerce en comunión con los obispos, que el papa puede consultar sobre tal o cual punto: es el caso de las exhortaciones apostólcias que recogen las conclusiones de una asamblea del Sínodo de los obispos.

En cambio, podemos notar que las dos encíclicas publicadas hasta hoy por Benedicto XVI son muy personales, y enteramente escritas por el papa, aunque la segunda parte de "Deus caritas est" se inspira claramente en una reflexión sobre la acción caritativa de la Iglesia elaborada por el Consejo pontificio Cor Unum.

¿Cuál es el poder del papa sobre los fieles?

El poder del papa se extiende al conjunto de la Iglesia católica, no depende de ningún otro, y no tiene necesidad de delegación especial para ser ejercido. Pero no ejerce sin embargo un poder absoluto. En cada diócesis el obispo tiene competencia total sobre la porción del pueblo de Dios que le está confiado, según el principio de subsidiariedad.

También el papa debe decidir en colegialidad con los otros obispos. Por otro lado, la Iglesia no es una secta. La obediencia, en el sentido estricto, es requerida cuando un acto jurídico lo pide explícitamente: por ejemplo una prohibición de publicación para un teólogo, que, desués de haber hecho recurrido eventualmente, debe someterse.

Pero para todo lo que es de la doctrina, hace falta más bien hablar de adhesión al Magisterio, la cual implica reflexión y libertad en conciencia. Como dice el Derecho canónico, la adhesión al Papa no es del mismo orden que la sumisión al acto de fe, al cual están en cambio obligados todos los católicos.

"Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres" (canon 752). Salvo que la infabilidad del Papa esté comprometida, lo que implica entonces una obediencia absoluta -pero eso no se hace más que de manera extremadamente precisa y limitada: en realidad, los casos de infabilidad son muy raros, el último se remota a 1950 para la proclamación del dogma de la Asunción.

¿El Papa tiene peso en la diplomacia internacional?

Difícil de medir con exactitud el peso diplomático de la Santa Sede. El Papa no ejerce, retomando la fórmula de Pablo VI, fficile de mesurer avec exactitude le poids diplomatique du Saint-Siège. Le pape n’exerce, más que una "minúscula y casi simbólica soberanía temporal". Heredero de la época en que disponía de un verdadero poder temporal en Europa, el Papa dispone de un aparato diplomático, con embajadores (los nuncios), y mantiene hoy relaciones diplomáticas con 176 Estados.

Juan Pablo II se implicó mucho en el escenario internacional, y su acción ha podido tener una influencia decisiva, por ejemplo en la caída del muro de Berlín o en la condena de la intervención americana en Iraq; Benedicto XVI está menos presente en este plano.

Más generalmente, esta diplomacia puede desempeñar un papel en el país donde la comunidad católica es numerosa e influyente: en la República Democrática del Congo ha tenido peso en el proceso de paz, o incluso en el Líbano o en América del Sur. Sobre todo se escucha la voz del Papa en el plano de los grandes principios internacionales.

Después de la segunda mitad del siglo XX, ha adquirido el reconocimiento de una forma de autoridad moral y espiritual, que le permite recordar aglunos grandes principios de la humanidad: dignidad del hombre, libertad de pensamiento y de religión, protección de la vida, solidaridad con los países más pobres...

Ciertamente la eficacia de estas intervenciones es, por naturaleza, limitada. Haría falta por tanto no desatender este papel: en mayo pasado, cuando Benedicto XVI subió a la tribuna de las Naciones Unidas en Nueva York, todos los países estaban representados, y fue escuchado muy atentamente, ciertos embajadores se alegraban abiertamente de ver teorizada así la universalidad de los derechos del hombre.

¿Cuál es su papel con las otras religiones?

Con las otras Iglesias, el Papa desempeña hoy un papel de primer orden. No es que la iniciativa venga de él: al contrario, el ecumenismo tal como se entiende hoy día, es decir el diálogo teológico con las otras confesiones cristianas en vista a restablecer su unidad, nació en el siglo XIX aparte de Roma, es decir a sus espaldas.

Pero a partir del Vaticano II, Juan XXIII transforma el papel del Papa: convidando a observadores cristianos no católicos, lanza el "ecumenismo pontifical". Desde entonces, el papel del Papa será decisivo, en los avances como en las dudas del ecumenismo.

En el plano teológico, el obispo de Roma puede dar impulsos, más aún cuando su función misma constituye un punto de fricción con los otros cristianos: en la encíclica ‘Ut unum sint’ (1995), Juan Pablo II ha invitado a las otras Iglesias a discutir modalidades de ejercicio de su ministeriode Pedro.

Benedicto XVI ha relanzado el diálogo con los ortodoxos sobre este punto, aunque él no participa, pues tiene lugar entre teólogos. El Papa puede también querer "volver a encuadrar" este diálogo teológico, como lo ha hecho Benedicto XVI aprobando una nota de la Congregación para la doctrina de la fe reafirmando que la Iglesia de Cristo "subsiste" en la sola Iglesia católica.

El papel pastoral del Papa al servicio de la unidad cristiana es quizás aún más importante cuando se encuentra con responsables de otras Iglesias, mostrando así un acercamiento verdadero más allá de las divergencias teológicas. Es lo que ha hecho reciente y largamente, el 5 de mayo, con el primado anglicano Rowan Williams.

Está asimismo en las relaciones con las otras religiones, en particular el islam. Desde Juan Pablio II, el Papa es un motor de ese diálogo y considerado como tal por los interlocutores musulmanes.

Benedicto XVI aprendió en sus propias carnes en Ratisbona en septiembre de 2006: quiera o no, lo que dice el Papa en esa área encuentra un eco considerable y tiene grandes repercusiones, debe sopesar cuidadosamente sus palabras y ademanes.

Hacia él se dirigieron lógicamente los musulmanes para relanzar el diálogo, que ha desembocado en la programación de un gran encuentro islamo-católico del 4 al 6 de noviembre próximos en Roma.

¿Cómo gobierna la Curia?

"Sobre la punta de los pies", respondía, con su gran sonrisa, Juan Pablo I. La Curia romana es una organización administrativa compleja, producto de un apilamiento histórico de siglos de tradiciones y que no es fácil de manejar hoy. Está compuesta de dicasterios (Congregaciones, Consejos pontificios, Tribunales...) cuyos prefectos o presidentes nombra él.

Como los ministerios, cada uno tiene atribuciones específicas, para las cuales dispone de un poder administrativo: la liturgia para la Congregación para el culto divino, decretos de beatificación o de canonización para la de las causas de los santos, etc.

Esto puede ser una especie de consejo, como el nombramiento de obispos, hecho por el Papa pero preparado por la Congregación para los obispos. Un mismo documento puede ser releído por numerosos dicasterios, particularmente por la Congregación para la doctrina de la fe, lo que explica la lentitud de ciertas publicaciones.

Para el gobienro de la Iglesia propiamente dicho, el Papa se apoya en la Secretaría de Estado, cuyo papel ha crecido considerablemente en el siglo XX.

Está compuesta de dos secciones: los asuntos generales, que comprende ocho divisiones lingüísticas, por donde pasa todo el correo y donde se hacen traducciones y notas de síntesis, y las relaciones con los Estados, encargada de la diplomacia de la Santa Sede.

Esta verdadera placa giratoria de la Curia está dirigida por un cardenal Secretario de Esgtado, hoy el salesiano italiano Tarcisio Bertone, una especie de "primer ministro" del Papa.

En realidad, lejos de formar un bloque monolítico, la Curia presenta una realidad compleja. Universalidad de la Iglesia obliga, está compuesta de diversas nacionalidades, aunque domine Italia, y de tendencia y corrientes a menudo diferentes, o sea opuestas, con las cuales el Papa debe contar.

Además, un nuevo Papa no viene con su propio equipo, como en las democracias actuales. Es raro que se separe de colaboradores que no hayan alcanzado la edad del retiro (75 años): Benedito XVI lo ha hecho con Mons. Fitzgerald, encargado del diálogo interreligioso con Juan Pablo II, y el cardenal Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, nombrado para Nápoles. Son excepciones, que marcan un profundo desacuerdo -pero la práctiva es más bien la continuidad.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Los objetivos del viaje de Benedicto XVI a Francia

(original en francés; traducción mía)
Sophie de Villeneuve

En algunos extractos significativos, las 10 grandes preocupaciones de Benedicto XVI


Devolver a Cristo al corazón de la Iglesia


"Buscar el rostro de Jesús debe ser la aspiración de todos nosotros que somos cristianos"


Hacer sentir que Dios es un amante apasionado

"Dios es en absoluto la fuente originaria de cada ser; pero este principio creativo de todas las cosas —el Logos, la razón primordial— es al mismo tiempo un amante con toda la pasión de un verdadero amor" Deus Caritas est [nº 10]


Reafirmar que la fe y la razón se necesitan una a la otra

"La fe supone la razón y la perfecciona, y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales" Angélus del 28 de enero de 2007


No considerar la fe como un catálogo de prohibiciones

"El cristianismo, el catolicismo no es una colección de prohibiciones; al contrario, es una opción positiva. Es muy importante que la consideremos de nuevo porque esta idea casi ha desparecido completamente en nuestros días" 2006 a la televisión alemana


Hacer de la Eucaristía el corazón de la vida cristiana

"La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía [...] Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos" Sacramentum caritatis [nº 6], 2005



Balizar firmemente el diálogo interreligioso

"El objetivo más amplio del diálogo es descubrir la verdad. En nuestro intento de descubrir los puntos de comunión, hemos evitado quizás la responsabilidad de discutir nuestras diferencias con calma y claridad" Washington, 2008


Excluir a la Iglesia del debate estrictamente político

"Este trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. El respeto de una sana laicidad —incluso con la pluralidad de las posiciones políticas— es esencial en la tradición cristiana" Brasil 2007


Defender la identidad cristiana en un mundo marcado por el "relativismo"

"La identidad de una Universidad o de una Escuela católica no es simplemente una cuestión del número de los estudiantes católicos. Es una cuestión de convicción: ¿creemos realmente que sólo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe? ¿Se expresa férvidamente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios?" Washington, 2008


Salvar la herencia del Vaticano, tras las grandes divisiones que ha obrado en la Iglesia

"Queda la gran herencia del Concilio, que abrió un camino nuevo. Es siempre una charta magna del camino de la Iglesia, muy esencial y fundamental [...]. (...) debemos redescubrir la gran herencia del Concilio, que no es un espíritu reconstruido tras los textos, sino que son precisamente los grandes textos conciliares releídos ahora con las experiencias que hemos tenido y que han dado fruto en tantos Movimientos, en tantas nuevas comunidades religiosas" Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Treviso en 2007


Salvaguardar el carácter sagrado de la liturgia

"En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto" Carta a los obispos que acompaña el Motu Proprio "Summorum Pontificum"

sábado, 6 de septiembre de 2008

Campaña contra el aborto

Ante la nueva ley del aborto promovida por el Ministerio de Igualdad y que va a ser consultada a una Comisión de Expertos todos ellos abortistas, los católicos no podemos permanecer silenciosos ante el nuevo genocidio que se nos viene encima y que ya lleva más de años produciéndose. Para que se vea la manipulación a que estamos sometidos, una noticia de Canal Sur (TV pública andaluza que funciona como órgano de propaganda del Gobierno socialista y del PSOE) decía el otro día que esta ley se iba a aprobar con el máximo consenso, palabra mágica como ninguna hoy en día; ya se que aquí el consenso va a ser el de los asesinos contra la mayoría de niños indefensos que no podrán ver la luz.

martes, 2 de septiembre de 2008

Stultorum numerus infinitus est

Se suele citar Eclesiastés 1,15 como origen de la frase "el número de los necios es infinito", y debe ser verdad porque los tópicos se repiten y se enredan hasta la idiotez.

Esto viene a cuento de un comentario en la otra dirección de esta bitácora  y que dice así:

mira estoy en total desacuerdo y me parece una verguenza lo que hacen con la religion ya que de ella se abusan y le sacan a la gente que esta desesperada por falta de fe o por necesidad de amor hasta la ultima monedita que tienen encima cuando en realidad el diesmo ni tendria que existir ya que la casa de dios “la iglesia” la tendria que mantener el estado y no el bolsillo de los mas carenciados o desesperados sino diganme como puede ser que el vaticano este forrado en oro y cristales de no se donde y en AFRICA y digo africa porque es el caso mas extremo pero no es la unica parte del mundo en donde la gente y los niños mueren de hambre entonces les voy a hacer dos preguntas; si dios esta en todas partes y para el son todos iguales y merecen lo mismo porque pasan estas cosas o permite que pasen? y porque la humanidad hace con una religion el sustento diario y a nivel gloval porsupuesto? QUE VERGUENZA…
Voy a intentar responder a este comentarista que firma "xxx", ni siquiera nos da su nombre para que podamos dirigirnos a él.

1º Empieza criticando que la Iglesia sea una saca-cuartos que se aprovecha de la gente pobre. No voy a decir que los cristianos seamos perfectos, "estoy morena pero soy hermosa" decía la Sulamita del Cantar de los Cantares (1,1) y San Ambrosio lo aplicaba a la Iglesia pecadora pero también santa;

2º De aquí pasa al tema del diezmo, una institución que aún existe en algunas iglesias para que los cristianos que quieran la sostengan. Aquí entra en el meollo de su argumento, lo más descabellado de todo: afirma que el Estado y no los pobres es el que tiene que mantenerla.

Pues bien, resulta que los recursos del Estado salen por la fuerza de los bolsillos de los ciudadanos, el Gobierno no es un factor productivo, así que todo lo que gasta ha de quitárselo a otros, que se lo ceden obligatoriamente; de manera que nuestro comentarista xxx está diciendo que todo deberíamos sostener a la Iglesia a la fuerza, no voluntariamente como lo hacemos quienes pertenecemos a ella.

3º Sale el tema de la riqueza de la Iglesia, cómo no, y aquí demuestra una vez más que la ignorancia es muy atrevida, pues cita el caso de África como ejemplo de hambre y miseria, sin darse cuenta de que la Iglesia católica a través de sus misioneros está presente allí donde más necesidad hay, imitando a Jesucristo, a quien ven en todos esos millones de pobres.

4º Para responder a sus preguntas finales, bueno a la única que se entiende: Dios pone soluciones a la desigualdad y a la injusticia creada por el pecado, nos ha puesto a nosotros, nos ha hecho hermanos unos de otros para que cuidemos unos de otros, ésa es la gran revelación de Jesucristo, que Dios es nuestro Padre y por tanto todos somos hermanos (Lucas 11,2-4).

viernes, 11 de julio de 2008

La presencia del Señor Jesús precede y permanece más allá de la asamblea litúrgica

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Al inicio de la reforma litúrgica postconciliar se hizo camino la idea de que el tabernáculo es un obstáculo para la Misa “de cara al pueblo”, a pesar de que las instrucciones lo retuviesen lícito (cf “Inter Oecumenici” n. 95 y “Eucharisticum Mysterium” n. 54). Se decía: Jesucristo se hace presente con la consagración en la Misa, dejarlo en el tabernáculo significa realizar un conflicto de signos.
Esta idea, en verdad, ha encontrado su lugar en la misma instrucción (cf EM 55) y en apariencia, parece coherente. Pero ha sucedido, poco a poco, que los “diversos” o “modos principales de la presencia” de Jesucristo (cf “Lumen gentium” n. 48; Catecismo de la Iglesia Católica n. 1373; EM n. 9 y n. 55) han sido considerados, más o menos, equivalentes: en pocas palabras se ha hecho camino, en este camino, antes que en otro lugar, el relativismo. Hasta hoy muchos fieles no están en capacidad de distinguir las diversas formas de la “presencia de Cristo” en los santos signos. Cuando el Concilio estaba por comenzar su último sesión, Pablo VI, el 3 de septiembre de 1965, emanaba la encíclica “Mysterium Fidei”. Para hacer frente al redimensionamiento y a la negación de la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento, reafirmaba que Sacrificio y Sacramento son un único misterio inseparable y que este es la carne de Jesucristo crucificado y resucitado; que es el más grande de los milagros: que gracias a la transubstanciación es una nueva realidad ontológica; que el Santísimo Sacramento debe ser conservado en los templos y oratorios como el centro espiritual de toda comunidad, de toda la Iglesia y de la humanidad.
Pero no fue suficiente. Mientras el Papa, con la encíclica, defendía la Eucaristía, la reducción simbolista entraba en la Iglesia y se verificaba el primer y más vistoso efecto: el desplazamiento del tabernáculo del centro del altar. El motivo aparente era, justamente, el “conflicto de signos” entre Presencia permanente y Sacrificio de la Misa. Tal conflicto aparente, con sus consecuencias relativistas, ha llegado hasta nosotros. ¿Qué hacer? Es necesario explicar que Cristo está “siempre presente en su Iglesia” (SC n. 7; CCC n. 1088), especialmente en las especies eucarísticas, en las cuales lo está por antonomasia, es decir en modo corporal y sustancial, como Dios y como hombre, todo entero e ininterrumpidamente. La fórmula clásica siempre válida es: cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Él es el Santísimo Sacramento (cf MF en EM n. 10). Se debe luego explicar que, en los sacramentos, Él está presente con su “virtud” o poder. En tercer lugar, se debe aclarar que en el sacerdote que celebra, en la Iglesia reunida en oración, en la Palabra proclamada, Él está presente en espíritu. Por lo tanto, no hay múltiples presencias sino una única presencia permanente que es, por definición, la presencia eucarística (SC n. 7; CCC nn. 1373-1374). Entre tanto se ha hecho camino otra teoría: la equiparación de la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento a la presencia de su Palabra. Y sin embargo el Concilio Vaticano II dice que la presencia de Cristo en la Palabra está “cuando en la iglesia se lee la Sagrada Escritura” (SC n. 7), es decir, a dos condiciones: cuando la lectura se hace “en la iglesia”, - la realidad compuesta de jerarquía y fieles, - no en modo privado, y cuando “se lee” la Sagrada Escritura: no basta, por lo tanto, que esté el libro sagrado sobre el ambón o sobre el altar. (O, incluso, en cualquier otro lugar, como adelante, o incluso encima, del tabernáculo o a los pies de las estatuas).
La presencia en la Palabra está vinculada al uso, es una presencia “moral” vinculada a un acto del espíritu, con la condición espiritual del individuo y limitada en el tiempo. Mientras la presencia en el sacramento eucarístico es sustancial y permanente. Por lo tanto es particularmente importante reafirmar la relación imprescindible, y al mismo tiempo asimétrica, que existe entre Palabra y Eucaristía (cf “Dei Verbum” n. 21, con la indispensable nota explicativa).
En conclusión, no se puede seguir afirmando que la presencia real en la Eucaristía está “vinculada al uso” y “termina con él”, que es una cuestión de grado y no de sustancia, sin incurrir en un grave error doctrinal. Recientemente, después de haber contrapuesto la eclesiología del Vaticano II a la de Trento, se ha escrito una vez más de presencias y gradualidades diversas, lamentando que la presencia sacramental siga siendo comprendida en modo ontológico: quizás se ha olvidado que Pablo VI ya definió que, después de la transubstanciación, el pan y el vino “adquieren un nuevo significado y un nuevo fin puesto que contienen una nueva realidad que con razón denominamos ontológica” (“Mysterium Fidei” n. 47).
Por lo tanto, la presencia de Jesucristo “precede” a la asamblea litúrgica, como la columna de fuego precedía al pueblo de Dios en camino, “permanece” más allá de la asamblea y “no es producida” por la asamblea. (Agencia Fides 10/7/2008; líneas 57, palabras 837).

jueves, 3 de julio de 2008

La Iglesia y los Hijos de la viuda

En los últimos episodios de una de las series que cada semana intento no perderme y que se llama "Bones" (Huesos), ha aparecido en la nueva temporada un elemento que siempre ha sido secreto: la masonería, que tiene su influencia también en nuestra sociedad y la tuvo en nuestra Historia, por ejemplo en la independencia de nuestras colonias americanas.

Un ejemplo de la influencia masónica en nuestra política es el desvelado aquí: el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), cuyo símbolo es un triángulo, que ha propuesto diversas iniciativas legislativas a favor de las logias y servirse de su influencia. Otro ejemplo es el apoyo de los Hijos de la viuda a la asignatura de Educación para la ciudadanía.

Para saber más: este vídeo y este otro sobre el libro de José Antonio Ullate, "El secreto masónico desvelado", y el libro de César Vidal, "Los Masones: la historia de la sociedad secreta más poderosa"

La Iglesia ha recordado en su Magisterio reciente que la fe católica y la Masonería son incompatibles:

El 26 de noviembre de 1983, Joseph Ratzinger, Cardenal de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una "Declaración sobre la Masonería" para responder a "la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior". La respuesta es que
"[...] no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión [...]".

Al año siguiente, la misma Congregación publicó unas Reflexiones tituladas "La fe cristiana y la masonería son inconciliables" en italiano y en inglés. Ofrezco mi traducción del italiano:

REFLEXIONES A UN AÑO DE LA DECLARACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE LA DOCTRINA DE LA FE

FE CRISTIANA Y MASONERÍA NO SON CONCILIABLES

El 26 de noviembre de 1983 la Congregación para la Doctrina de la Fe publiaba una declaración sobre las asociaciones masónicas (cfr AAS LXXVI [1984] 300).

A poco más de un año de distancia desde su publicación puede ser útil ilustrar brevemente el significado de este documento.

Desde que la Iglesia ha empezado a pronunciarse sobre lo que concierne a la masonería su juicio negativo ha estado inspirado por múltiples razones, prácticas y doctrinales. La Iglesia no ha juzgado la masonería responsable sólo de actividad subversiva en sus relaciones, sino incluso desde los primeros documentos pontificios en materia y en particular en la Encíclica "Humanum genus" de León XIII (20 de abril de 1884), el Magisterio de la Iglesia ha denunciado en la Masonería ideas filosóficas y concepciones morales opuestas a la doctrina católica. Para León XIII éstas se achacaban esencialmente a un naturalismo racionalista, inspirador de sus planes y de sus actividades contra la Iglesia. En su Carta al Pueblo Italiano "Custodi" (8 de diciembre de 1892) escribía: "Recordamos que el cristianismo y la masonería son esencialmente inconciliables, así que inscribirse en una significa separarse de la otra".

No se podía por tanto dejar de tomar en consideración las posiciones de la Masonería desde el punto de vista doctrinal, cuando en los años 1970-1980 la S. Congregación estaba en correspondencia con algunas Conferencias Episcopales particularmente interesadas en este problema, con motivo del diálogo emprendido por parte de personalidades católicas con representantes de algunas logias que se declaraban no hostiles o incluso favorables a la Iglesia.

Ahora el estudio más profundo ha conducido a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe a confirmarse en la convicción de que los principios de la masonería y los de la fe cristiana son inconciliables en el fondo.

Prescindiendo por tanto de la consideración de la postura práctica de las diversas logias, de hostilidad o menos en las confrontaciones de la Iglesia, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con su declaración del 26.11.83, ha intentado colocarse al nivel más profundo y de otra parte esencial del problema: es decir en el plano de que los principios son inconciliables, el que significa en el plano de la fe y de sus exigencias morales.

A partir de este punto de vista doctrinal, en continuidad con el resto de la posición tradicional de la Iglesia, como testimonian los documentos antes citados de León XIII, derivan después las necesarias consecuencias prácticas, que valen para todos aquellos fieles que estuvieran eventualmente inscritos en la masonería.

A propósito de la afirmación sobre que no se pueden conciliar los principios sin embargo ahora se va objetando afirmando por alguna parte que la esencia de la masonería sería justamente el hecho de no imponer ningún "principio", en el sentido de una posición filosófica o religiosa que sea vinculante para todos sus partidarios, sino más bien recoger juntos, más allá de las fronteras de las diversas religiones y visiones del mundo, hombres de buena voluntad sobre la base de valores humanísticos comprensibles y aceptables por todos.

La masonería constituiría un elemento de cohesión para todos aquellos que creen en el Arquitecto del Universo y se sienten comprometidos en relación con aquellas orientaciones morales fundamentales que están definidas por ejemplo en el Decálogo; la masonería no alejaría a nadie de su religión, sino al contrario constituiría un incentivo para adherirse más.

En esta sede no pueden ser discutidos los múltiples problemas históricos y filosóficos que se esconden en tales afirmaciones. Que también la Iglesia católica empuje en el sentido de una colaboración de todos los hombres de buena voluntad, no es ciertaemnte necesario subrayarlo tras el Concilio Vaticano II. El asociarse en la masonería va no obstante decididamente más allá de esta legítima colaboración y tiene un significado más relevante y significativo que esto.

Más allá de todo se debe recordar que la comunidad de los "albañiles libres" y sus obligaciones morales se presentan como un sistema progresivo de símbolos de carácter extremadamente vinculante. La rígida disciplina del arcano que los domina refuerza ulteriormente el peso de la interacción de señales y de ideas. Este clima de secreto comporta, más allá de todo, para los inscritos el riesgo de convertirse en instrumento de estrategias no conocidas para ellos.

También si se afirma que el relativismo no se asume como dogma, sin embargo se propone de hecho una concepción simbólica relativista, y por tanto el valor relativizante de tal comunidad moral-ritual lejos de poder ser eliminado, resulta al contrario determinante.

En tal contexto, las diversas comunidades religiosas, a las cuales pertenecen cada uno de los miembreos de las Logias, no pueden ser consideradas si no como simples institucionalizaciones de una verdad más amplia e inasible. El valor de estas institucionalizaciones aparece, por tanto, inevitablemente relacionado con esta verdad más amplia, la cual se manifiesta por el contrario más bien en la comunidad de la buena voluntad, o sea en la fraternidad masónica.

Para un cristiano católico, sin embargo, no es posible vivir su relación con Dios en una doble modalidad, o sea separándola en una forma humanitaria-supraconfesional y en una forma interna-cristiana. El católico no puede cultivar relaciones de dos clases con Dios, ni expresar su relación con el Creador a través de formas simbólicas de dos clases. Esto sería algo completamente distinto de aquella colaboración, que para él es obvia, con todos aquellos que están empeñados en el cumplimiento del bien, aunque a partir de principios diversos. Por otra parte un cristiano católico no puede al mismo tiempo participar en la plena comunión de la fraternidad cristiana y, por otro lado, mirar a su hermano cristiano, a partir de la perspectiva masónica, como a un "profano".

También cuando, como ya se ha dicho, no haya una obligación explícita de profesar el relativismo como doctrina, sin embargo la fuerza relativizante de tal fraternidad, por su misma lógica intrínseca tiene en sí la capacidad de transformar la estructura del acto de fe de manera tan radical que no es aceptable para un cristiano, "para el cual su fe es amada" (León XIII).

Este trastorno en la estructura fundamental del acto de fe se cumple, además, para la mayor parte, de modo suave y sin ser notado: la firme adhesión a la verdad de Dios, revelada en la Iglesia, se hace simplemente pertenenica a una institución, considerada como una forma de expresión particular junto a otras formas de expresión, más o menos igual de posibles y válidas, de que el hombre se oriente al eterno.

La tentación de ir en esta dirección es hoy tanto más fuerte, en cuanto que corresponde plenamente a ciertas convicciones prevalentes en la mentalidad contemporánea. La opinión que la verdad no puede ser conocida es característica de nuestra época y, al mismo tiempo, elemento esencial de su crisis general.

Justamente considerando todos estos elementos la Declaración de la Sagrada Congregación afirma que la pertenencia a las asociaciones masónicas "sigue prohibida por la Iglesia" y los fieles que se inscriban en ellas "se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión".

Con esta última expresión, la S. Congregación indica a los fieles que tal pertenencia constituye objetivamente un pecado grave y, precisando que los pertenecientes a una asociación masónica no pueden acceder a la Santa Comunión, esta Congregación quiere iluminar la conciencia de los fieles sobre una grave consecuencia que deben sacar de una adhesión a una logia masónica.

La S. Congregación declara finalmente que "No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba". A este propósito el textose refiere también a la Declaración del 17 de febrero de 1981, la cual ya reservaba a la Sede Apostólica todo pronunciamiento sobre la naturaleza de estas asociacines que hubiese implicado derogación de la ley canónica entonces en vigor (can. 2335).

Del mismo modo el nuevo documento, emitido por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en noviembre de 1983, expresa idénticas intenciones de reserva relativas a pronunciamientos que difiriesen del juicio aquí formulado sobre que los principios de la masonería son inconciliables con la fe católica, sobre la gravedad del acto de inscribirse en una logia y sobre la consecuencia que deriva de ello para el acceso a la Santa Comunión. Esta disposición indica que, a pesar de la diferencia que puede existir entre las obediencias masónicas, en particular en su actitud hacia la Iglesia, la Sede Apostólica encuentra en ellas algunos principios comunes, que reclaman una misma valoración por parte de todas las autoridades eclesiásticas.

Al hacer esta Declaración, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe no ha intentado desconocer los esfuerzos llevados a cabo por aquellos que, con la debida autorización de este Dicasterio, han tratado de establecer un diálogo con representantes de la Masonería. Pero, desde el momento en que existía la posibilidad de que se difundiese entre los fieles la errada opinión según la cual ahora la adhesión a una logia masónica era lícita, ha considerado que era su deber darles a conocer el pensamiento auténtico de la Iglesia sobre el asunto y ponerlos en guardia en relación con una pertenencia incompatible con la fe católica.

Sólo Jesucristo es, de hecho, el Maestro de la Verdad y sólo en Él los cristianos pueden encontrar la luz y la fuerza para vivir según el designio de Dios, trabajando por el verdadero bien de sus hermanos.

domingo, 29 de junio de 2008

La Sábana Santa de Turín 1 de 3



La reliquia de la Sábana Santa que se conserva en Turín (Italia) explicada magistralmente por un miembro de la Sociedad Española de Sindonología.En este primer vídeo habla sobre los rastros de la Pasión y de la Crucifixión en el retrato que aparece en la Sábana Santa.En esta entrada y en esta otra también traté el tema.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Entrevista a Olegario González de Cardedal

Este profesor de Cristología de la Pontificia Universidad de Salamanca es uno de los grandes teólogos actuales. Reproduzco esta entrevista donde habla de cuestiones de la Iglesia actual, tanto la universal como la española.

Es interesante lo que dice sobre la ignorancia y el desconocimiento del latín que tienen los eclesiásticos: seminaristas y sacerdotes de ahora y del futuro, y tiene razón puesto que "estudiar latín y griego no sirve para nada, estudiar sociología es más útil" (entre comillas porque es una frase, no de Olegario, sino de altos cargos de una diócesis):

Entrevista a Olegario González de Cardedal


jueves, 31 de enero de 2008

«La liturgia en latín recuperada por Benedicto XVI abre una posibilidad más de expresión que se une a las existentes»

«No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia, volcada con los marginados»

La Opinión de Zamora TANIA SUTIL. - "El educador cristiano, testigo de fe" es el título de la conferencia inaugural de las jornadas diocesanas dedicadas a la educación desarrolladas durante estos días. ¿Cómo ejercer este testimonio en la actualidad?

- El testimonio de la fe siempre ha sido el mismo. La fe se transmite desde una convicción personal vivida, no como un hecho físico ni como una demostración científica. Se transmite como expresión de una vida que alguien experimenta, un valor iluminador y acrecentador de la fe humana que quien lo experimenta lo ofrece a los demás como una posibilidad.

- ¿Transmitir ese mensaje en la sociedad actual entraña más dificultades que en tiempos pasados?

- Todos los tiempos son igualmente fáciles o difíciles porque el sujeto personal, con sus cuestiones de fondo como el amor, el sentido, el futuro, la esperanza o el prójimo, son las raíces permanentes de la vida humana y son constantes a lo largo de la historia. El hecho religioso se ofrece en el contexto de las múltiples ofertas que la sociedad hace pero no entra en colisión directa con ninguna de ellas.

- ¿Es el aula el lugar idóneo para difundir ese hecho religioso?

- El hecho religioso es universal y permanente en la historia. Si es un hecho determinante de la vida humana, universal y constante, la escuela tiene que informar sobre ello en su totalidad.

- A propósito de la "Educación para la Ciudadanía", ¿corresponde al Estado la educación moral de los ciudadanos?

- Al Estado le corresponde explicitar aquellos valores, ideales o instituciones que están en la Constitución española a la vez que las declaraciones internacionales que el estado español ha suscrito. Ir más allá ya no sería propio del Estado.

- Como buen conocedor del Papa, ¿qué opina de la recuperación de ciertos elementos de la liturgia, tal y como oficiar la misa en latín y de espaldas a los fieles?

-Al Papa lo que hay que hacer es leerlo. Con ese texto jurídico abre una posibilidad más de expresión litúrgica, por tanto, no cierra ninguna de las posibilidades que existen hasta ahora sino que abre la oportunidad de que en determinadas circunstancias se pueda celebrar también el rito litúrgico vigente hasta el Concilio Vaticano II. Lo mismo que hay rito mozárabe, ambrosiano u oriental, ¿por qué no éste que no se impone nada a nadie? Mi tristeza profunda es que los españoles y los futuros seminaristas y sacerdotes no sepan latín. Y no saber las lenguas en las que están escritas las fuentes del Cristianismo es una pérdida fundamental porque quien no sabe no es libre. Una Iglesia que no conoce las fuentes y los textos originales de la historia máter es una Iglesia a merced de quienes sí lo saben. Por tanto, bienvenido sea una invitación a un saber más hondo, a una expresión litúrgica más ancha y a una mayor libertad en la Iglesia.

- ¿Existe en la actualidad un divorcio entre la Iglesia y la sociedad?

- No hay otra institución que esté tan presente en la sociedad como la Iglesia. Primero, porque donde hay un cristiano ahí está la Iglesia, a través de la innumerable lista de asociaciones, testimonios y grupos. Cuando alguien dice que la Iglesia no existe, es negar la realidad. La Iglesia se preocupa del Sida, de atender a los marginados y de estar en el mundo rural.

- ¿Y entre el Gobierno y la Iglesia?

- Una cosa es la normativa jurídica, que está perfectamente clara en los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, y otra es la situación del Gobierno socialista de la Iglesia, donde algunas propuestas legales que están llevando adelante no son compartidas por la Iglesia, que lo manifiesta por los cauces jurídicos y la expresión pública.

- ¿Percibe un empeño en imponer el laicismo como signo de la modernidad?

- En efecto, hay grupos laicos a los que les gustaría que desapareciera la religión como signo y hecho público de la vida española. Pero eso siempre lo ha habido. Yo me pregunto: ¿por qué tanto escándalo porque dos millones de españoles se manifestaran para exponer sus ideales de la familia hace unas semanas? Si se habla de que la sociedad es pasiva, pues ahí tienen a esas personas para demostrar que no es así. Es cierto que hubo dos frases que no son jurídicamente de recibo, pero la cuestión de fondo es que esa masa expuso su disentimiento respecto a los modelos de familia que intentan imponer. Lo demás, es una farsa y una falacia.

- Fueron polémicas las últimas declaraciones del obispo de Orihuela-Alicante, el zamorano Rafael Palmero, en las que manifestaba que la homosexualidad «es una enfermedad que nadie quiere padecer». ¿Comparte su tesis?

- Para definir la homosexualidad como una enfermedad tenemos médicos, psicólogos, moralistas... Es un área donde yo nunca he trabajado y hay que conocer saberes profesionales muy específicos en los que yo, honestamente, no he profundizado.

«La Iglesia no orienta el voto de sus fieles»

Nos encontramos a las puertas de unas elecciones generales. ¿Orienta la Iglesia el voto de sus fieles?

- La Iglesia no orienta el voto, sino a sus miembros con las condiciones que son determinantes para la vida humana. La Iglesia dice lo que piensa y cada uno es libre para oír o no ese mensaje. No hay ninguna institución en la sociedad española con tanta libertad interior como la Iglesia. Ni sindicatos, ni empresas, ni partidos ni universidades... ya que la Iglesia dice con total sinceridad cuáles son sus condiciones. Quien quiera ser miembro de ella, esos requisitos son normativos, pero no dice a qué partidos dar su sufragio. Eso sí, invita a actuar con coherencia personal.

- Llevamos casi cuatro años de Gobierno socialista. ¿Está la Iglesia más débil como consecuencia del Gobierno de Zapatero o, por el contrario, se ha hecho más fuerte?

- Está más fuerte porque está más consciente de sí misma. Ha despertado para tener en cuenta su misión específica.

jueves, 8 de mayo de 2008

El lado oscuro de El código Da Vinci II


¿Por qué el Código Da Vinci ha tenido tanto éxito? ¿Son ciertas las tesis que sostiene Dan Brown en su novela? ¿Fue Jesucristo Dios, o simplemente un hombre? ¿Se casó María Magdalena? ¿Tuvo descendencia? La segunda parte del documental "El lado oscuro del Código Da Vinci" pone en cuestión estas y otras muchas suposiciones del best seller de moda.

Después, César Vidal junto a Shai Shemer y José Antonio Ullate Fabo tratarán a fondo uno de los libros más polémicos de los últimos años poniendo a prueba las más que discutibles teorías que se exponen en él.

miércoles, 7 de mayo de 2008

El lado oscuro de El código Da Vinci I


Aunque ya hace tiempo que no se habla de este libro, el saber no ocupa lugar:

¿Por qué el Código Da Vinci ha tenido tanto éxito? ¿Son ciertas las tesis que sostiene Dan Brown en su novela? ¿Fue Jesucristo Dios, o simplemente un hombre? ¿Se casó María Magdalena? ¿Tuvo descendencia? La primera parte del documental "El lado oscuro del Código Da Vinci" pone en cuestión estas y otras muchas suposiciones del best seller de moda.

Después, César Vidal junto a Shai Shemer y Pedro Fernández Barbadillo tratarán a fondo uno de los libros más polémicos de los últimos años poniendo a prueba las más que discutibles teorías que se exponen en él.


martes, 6 de mayo de 2008

La Madre Marta de Jesús

La Madre Marta de Jesús fue un personaje clave en la historia de Cabra del Santo Cristo y este vídeo de la Asociación Cultural Cerdá y Rico nos da a conocer su apasionante vida.

Espero que os animéis a venir y conocer el pueblo y su magnífica Parroquia-Santuario del Santo Cristo de Burgos, obra de Juan de Aranda y Eufrasio López de Rojas.

miércoles, 30 de abril de 2008

El Evangelio según la LOGSE

Entonces Jesús se subió a la montaña y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados." Entonces San Pedro dijo: "¿Y tenemos que saberlo de memoria?" Y Andrés dijo: "¿Tenemos que escribirlo?". Y Santiago dijo: "¿Tenemos que examinarnos de esto? Y Felipe dijo:"No tengo papel". Y Bartolomé dijo: "¿Te lo tenemos que entregar?". Y Juan dijo: "¿Puedo ir al servicio?" Y Judas dijo: "¿Y esto para qué sirve?" Entonces uno de los fariseos que estaba presente pidió ver la Programación de Jesús y le inquirió en estos términos: "¿Cuál es el nivel de competencia curricular?. ¿Cómo es la atención a la diversidad ? ¿Cómo es la motivación de sus intereses?". Y a Jesús se le llenaron los ojos de lágrimas. Y pidió la jubilación anticipada." (Así me lo mandaron y así lo pongo).

Abel Infanzón

viernes, 18 de abril de 2008

La tradición de Santos Juliá y compañía


Dice Santos Juliá, antiguo cura (siempre se le olvida) y pésimo historiador: "No hay persecución religiosa en la primera etapa de la República. Hay unas quemas de conventos en mayo, pero eso entraba dentro de la tradición”. Cierto, como entraban en la tradición jacobina e izquierdista los ataques a la procesiones, incluso con bombas, o las matanzas de frailes, que recomenzaron en 1934. Nada de mayor importancia, nada de persecución, solo tradición:

“Desde Madrid, los incendios cundieron los días siguientes por Andalucía y Levante, dejando un balance final de unos cien edificios destruidos, incluyendo iglesias, varias de gran valor histórico y artístico, centros de enseñanza como la escuela de Artes y Oficios de la calle Areneros, donde se habían formado profesionalmente miles de trabajadores; escuelas salesianas, laboratorios, etc. Ardieron bibliotecas como la de la calle de la Flor, una de las más importantes de España, con 80.000 volúmenes, entre ellos incunables, ediciones príncipe de Lope de Vega, Quevedo o Calderón, colecciones únicas de revistas, etcétera; o la del Instituto Católico de Artes e Industrias, con 20.000 volúmenes y obras únicas en España, más el irrecuperable archivo del paleógrafo García Villada, producto de una vida de investigación. Quedaron reducidos a cenizas cuadros y esculturas de Zurbarán, Valdés Leal, Pacheco, Van Dyck, Coello, Mena, Montañés, Alonso Cano, etcétera, así como artesonados, sillerías de coro, portadas y fachadas de gran antigüedad y belleza… Un desastre casi inconcebible, perpetrado por los ilustrados republicanos amantes de la “cultura”.

Pero lo más revelador fue la reacción del Gobierno y de las izquierdas. Azaña paralizó en seco cualquier intento de frenar los disturbios, arguyendo: "Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano". Alcalá-Zamora, jefe del Gobierno provisional, escribe con amargura en sus memorias: "La furiosa actitud de Azaña planteó, con el motín y el crimen ya en la calle, la más inicua y vergonzosa crisis de que haya memoria". Pero omite su propia actitud contemporizante y amedrentada, reseñada en cambio por Maura. A los pocos días, en una reacción final muy desmesurada cuando el mal estaba hecho, el Gobierno declaró el estado de excepción y movilizó al Ejército, cesando instantáneamente los desmanes. Unas pocas compañías de la Guardia Civil habrían bastado para impedirlos.

Las izquierdas en general justificaron las tropelías atribuyéndolas "al pueblo", y culpando a las derechas por haber "provocado a los trabajadores". El Socialista amenazaba: "Si de algo han pecado los representantes de la revolución victoriosa es de excesivas contemplaciones con los vencidos" (no habían vencido a nadie, los monárquicos les habían regalado el poder).Viejo talante, que identificaba al pueblo con unas turbas de delincuentes y, lógicamente, a las mismas izquierdas con semejante "pueblo". Aún más grave que los incendios resultó esta clara inclinación de las izquierdas a vulnerar la ley y amparar las violencias so pretexto de un pretendido carácter popular. No se trataba de delincuentes, sino del "pueblo soberano", es decir, de las mismas izquierdas.

La Iglesia y los católicos protestaron, pero sin violencia. Ello no aplacaría a las izquierdas, que lo interpretaron como signo de flojera y mantuvieron su agresividad. Contra toda evidencia, siguieron acusándolos de violentos e intolerantes, manifestando al mismo tiempo burla y desprecio hacia ellos y sosteniendo, con sorna contradictoria, que la misma Iglesia había provocado adrede los disturbios con el fin de desprestigiar a la República.

Pero la casi increíble mansedumbre de la reacción derechista, debida en parte a su desorganización, no impidió que en aquel momento se abriese una grieta profunda en la opinión pública. Quienes desconfiaban del nuevo régimen vieron confirmados sus temores, y muchos que lo habían recibido con tranquilidad, incluso con alborozo, mostraron su preocupación. Entre ellos Ortega. Empezaron también las conspiraciones monárquicas en el Ejército, aunque tan irrelevantes como las republicanas anteriores.

No cabe exagerar las consecuencias políticas, bien descritas, tardíamente, por Alcalá-Zamora: los incendios crearon a la República "enemigos que no tenía; quebrantaron la solidez compacta de su asiento; mancharon un crédito hasta entonces diáfano; motivaron reclamaciones de países tan laicos como Francia o violentas censuras de Holanda. Se envenenó la relación entre los partidos". Alcalá-Zamora calla otro efecto, oculto pero no menos trascendental: su pusilánime gestión de la crisis al frente del Gobierno le hizo perder el liderazgo moral y político de la derecha, y esa frustración le llevaría a sabotear a los nuevos líderes de Acción Popular, con efectos finalmente trágicos.

En cuanto a Maura, ministro de Gobernación, había intentado atajar a tiempo los desmanes, sin conseguirlo, por la oposición de Azaña y las izquierdas y la indecisión de Alcalá-Zamora. A partir de entonces, "dejé prácticamente de ser ministro de un Gobierno para pasar a ser cabo de vara o loquero mayor de un manicomio suelto y desbordado", empeñado en "la lucha a brazo partido con las bandas de insensatos que estaban hiriendo de muerte a un régimen recién nacido, régimen que les había devuelto las libertades y derechos".

Es preciso recordar a Pérez de Ayala: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza". O a Marañón: “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado”. Etc.

O al mismo Azaña, según fue conociendo a sus cofrades: “Veo muchas torpezas y mucha mezquindad, y ningunos hombres con capacidad y grandeza bastantes para poder confiar en ellos. ¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”. “No saben qué decir, no saben argumentar. No se ha visto más notable encarnación de la necedad”. “¿Estoy obligado a acomodarme con la zafiedad, con la politiquería, con las ruines intenciones, con las gentes que conciben el presente y el porvenir de España según los dictan el interés personal y la preparación de caciques o la ambición de serlo?”

Así eran. Y, por lo visto, así siguen siendo, ¡la tradición no muere! Ahí tienen a Berzosa, rector de la Complutense: "¡Viva la Educación, viva la cultura, vivan los libros, viva la República!"; a ese nivel degradan la universidad; o a la afusilaora Grandes, dedicados todos ellos, con fondos públicos, a falsificar triunfalmente la historia. Ahí está su cultura. Nada de qué preocuparse: la tradición, simplemente.

jueves, 17 de abril de 2008

Descubiertos seis sermones inéditos de San Agustín de Hipona

Seis sermones de San Agustín de Hipona (354-430), uno de los padres de la iglesia y figura decisiva en la historia de la filosofía occidental, han sido hallados tras permanecer seis siglos alojados en la Biblioteca Ampoliana de la Universidad de la ciudad. Los sermones tratan sobre las limosnas, la financiación de la Iglesia a cargo de sus fieles, la resurrección de los muertos y la fiabilidad de las profecías de las Sagradas Escrituras.

Acaba de anunciarse el inesperado hallazgo de seis nuevos sermones de San Agustín de Hipona, descubiertos en la ciudad alemana de Erfurt tras haber permanecido seis siglos alojados en la Biblioteca Ampoliana de la Universidad de dicha localidad, situada al este de Alemania.

En 1412, el erudito Amplonius Rating de Berka donó 633 volúmenes manuscritos a la Universidad. En esos volúmenes iban los textos de Agustín, que son una copia escrita a mano en la primera mitad del siglo XII, probablemente en Inglaterra.

La investigadora Isabella Schiller, de la universidad de Viena, declaró a la BBC que "suponemos que los textos llegaron a Inglaterra desde el sur de Italia quizás aún antes del primer milenio y que allí se le sumaron otros textos". El descubrimiento corrió precisamente a cargo de Schiller y de sus colegas Dorothea Weber y Clemens Weidmann.

Tres de las sermones recién hallados tratan sobre las limosnas y la necesidad de que los católicos contribuyan al sostenimiento de la Iglesia. Otras dos versan sobre las festividades de los mártires Cipriano de Cartago, Perpetua y Felícitas.

Otro de lo textos, denominado "quinto sermón de Erfurt" aborda la realidad de la resurrección de los muertos y defiende la fiabilidad de las profecías de las Sagradas Escrituras.

jueves, 10 de abril de 2008

Firma: pide al Consejo de Europa que defienda la vida

La plataforma Hazte oír ha puesto en marcha una campaña de firmas por internet para evitar que el Consejo de Europa defina el aborto como un derecho humano fundamental. Las vidas más inocentes e indefensas están en juego, y hemos de alzar nuestra voz para que de una vez se reconozca el derecho fundamental a la vida, el primero de todos, sin el cual no puede existir ningún otro.

Lo cuenta así (incluyo el enlace para que puedas firmar tu protesta):

El Consejo de Europa pretende amparar el aborto

El Consejo de Europa pretende fomentar una política “a favor de la familia” mediante el impulso a la despenalización del aborto sin ninguna restricción en todos los países de la Unión Europea. Especialmente, en aquellos países en que éste está limitado o prohibido, por considerar que el aborto es una parte ineludible de los derechos humanos.

Pincha aquí para exigir a los representantes españoles en el Consejo que defiendan los derechos humanos de los niños por nacer

Este informe será presentado para su discusión y posterior votación el día 14 de abril de 2008.

En él se destaca que, si bien en varios países miembro el aborto es legal, la falta de centros de salud y médicos dispuestos a practicar un aborto, y las trabas burocráticas, “restringen” el acceso a “este derecho”.

Aunque el Consejo de Europa es un órgano independiente de la Unión Europea, sin capacidad ejecutiva, sus informes pueden ser utilizados políticamente para presionar a los miembros de la UE.

Exige a los representantes españoles en el Consejo de Europa que defiendan la vida y los derechos humanos de los niños por nacer

domingo, 6 de abril de 2008

La persecución religiosa en la II República (Pío Moa)

Conferencia de Pío Moa en Jerez de la Frontera (Cádiz) el pasado día 1 patrocinada por las hermandades y cofradías de la ciudad, en el ciclo sobre II República y religiosidad popular:

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA

Como es sabido, durante la guerra civil española se produjo una de las mayores persecuciones religiosas de todos los tiempos, marcada por muy numerosos actos de vesania y de crueldad extrema con fines explícitos de exterminio del clero y de los fieles más militantes, abarcando la matanza incluso a gente por el mero delito de ir a misa. Hubo además un programa deliberado de erradicación de cuanto recordase la religión cristiana: incendio de iglesias y monasterios, destrucción de las cruces y lápidas con signos religiosos en los cementerios, destrozo o robo de objetos valiosos de culto, de bibliotecas valiosísimas, etc. Dada la enorme acumulación de cultura y arte debida a la Iglesia, la persecución causó daños invalorables al patrimonio histórico, artístico y bibliográfico de la nación.

Esta persecución no irrumpió como un rayo en un cielo sin nubes. Al contrario, fue preparada por un hostigamiento permanente desde el siglo XIX, que alcanzó su máxima intensidad durante la II República. La acción anticristiana comenzó, apenas llegado el nuevo régimen, con la célebre quema de conventos, bibliotecas, obras de arte y centros de enseñanza, protegida por la inhibición de la fuerza pública. Pero lo más grave no fueron los delitos mismos, con ser gravísimos, sino la autoidentificación casi unánime de las izquierdas con los delincuentes, a quienes otorgaron el título de “el pueblo”. Y como el pueblo es soberano, los delincuentes se convertían así en soberanos de la nueva situación. No creo exagerar en lo más mínimo, pues tal identificación constituye el prólogo de actos todavía peores. Luego las izquierdas rompieron las normas democráticas que decían representar, con una Constitución no laica sino anticatólica, la cual reducía a los clérigos a ciudadanos de segunda y permitía usar el poder, ilegítimamente, para asfixiar a la Iglesia, vulnerando de paso las libertades políticas.

Los años siguientes, sobre todo con ocasión de la insurrección de octubre de 1934 – verdadero comienzo de la guerra civil– y el triunfo del Frente Popular en febrero del 36, volvieron los incendios de templos y comenzó la matanza de clérigos, más de treinta en Asturias; y episodios significativos como el de los caramelos envenenados, cuando algunos agitadores soliviantaron a las masas con el cuento de que las monjas distribuían tales caramelos a los niños, provocando así un motín con algún muerto y heridos. La propaganda anticatólica cobró mayor virulencia. Es decir, la sangrienta persecución lanzada al reanudarse la guerra civil en julio de 1936 solo culminó una preparación de años. Poco después de la victoria del Frente Popular, el periódico satírico La traca publicó esta encuesta: “¿Qué haría usted con la gente de sotana?”. Vale la pena citarla como botón de muestra, pues incluye 345 respuestas del siguiente tenor: “Cocerlos como se cuecen los capachos; los prensaba y luego el jugo que soltaran lo quemaba, y con las cenizas y pólvora cañoneaba el palacio del Papa”. “Pelarlos, cocerlos, ponerlos en latas de conserva y mandarlos como alimento a las tropas italianas fascistas de Abisinia”. “Darles una buena paliza de quinientos palos a la salida del sol de cada día”.

“Lo que se hace con las uvas: a los buenos colgarlos, y a los malos pisotearlos hasta que no les quedara una gota de sangre”. “Castrarlos, hacerles tirar de un carretón, hacerlos en salsa y darlos a comer a Gil Robles y al ex ministro Salmón”. “Hacerles sufrir pasión y muerte, como Cristo, a ver si, como dignos representantes suyos, lo sufrían con aquella resignación del Nazareno. Si le imitaban en todo, entonces, después de muertos, sería cuando creería en ellos”. “¡Pobrecitos curas! Es tanto lo que les quiero, que uno a uno los haría colgar de la torre de mi pueblo para que no hicieran más crímenes, que bastantes han hecho ¡Canallas!”. “Ponerlos en los cables de luz eléctrica, rociarlos con gasolina, pegarles fuego y después hacer morcillas de ellos para alimento de las bestias”. “Castrarlos. Molerlos. Hervirlos. Hacerlos zurrapas. Echarlos a la estercolera”.

Y así sucesivamente. Las respuestas venían de todo el país, con sus correspondientes firmas, lo que revela dos cosas: el profundo “envenenamiento de la conciencia de los trabajadores”, denunciado por el socialista Besteiro, y la sensación de impunidad que se iba adueñando de aquella gente. De ningún modo se trataba de desahogos grotescos y bravucones, pues actos muy similares se pondrían en práctica pocos meses después. Aquella propaganda incesante creó el ambiente para la gran matanza.

El anticatolicismo, no simple anticlericalismo, era el rasgo más propio de las izquierdas y los separatistas catalanes, su cemento de unión por encima de tantas rivalidades como los separaban hasta llevarlos a verdaderas guerras civiles entre ellos. No toda la izquierda, claro está, odiaba a la Iglesia con el mismo grado de intolerancia, pero incluso la más moderada veía con simpatía o indiferencia aquellas conductas y, en el mejor de los casos, se contentaba con abstenerse. Los más tradicionales comecuras eran las izquierdas republicanas, la Esquerra catalana y los anarquistas, mientras que socialistas y comunistas sostenían conceptos algo más pragmáticos que, desde luego, no excluyeron, llegado el momento, su participación de primera fila de la persecución.

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Este hostigamiento brutal, antidemocrático y sistemático, inclinó al grueso de la Iglesia al bando nacional, que salió en su defensa, frente al revolucionario empeñado en exterminarla. No fue, con todo, una postura unánime. Algunos sacerdotes izquierdistas y bastantes otros separatistas vascos y catalanes trataron de disimular la masacre o justificarla con diversos argumentos y, en esa medida, contribuyeron a ella.

Me extenderé un momento sobre estos últimos: en Cataluña se dio el caso curioso de que la Esquerra, pese a su intenso jacobinismo, hiciera lo posible por salvar a los curas nacionalistas. Un informe al cardenal Gomá, guardado en su archivo y recientemente publicado por José Andrés-Gallego y A. M. Pazos, dice: “Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los sacerdotes militantes del catalanismo hayan salido todos indemnes, mientras sucumbían a centenares sus hermanos”. Cabe dudar de que todos los nacionalistas salieran indemnes, pero hubo una operación política para favorecerlos, excluyendo a los curas catalanes no nacionalistas. El propio Vidal i Barraquer pudo librarse, dejando abandonado, al parecer por un malentendido, a su obispo auxiliar, Manuel Borrás, asesinado poco después. El nacionalismo de Vidal, comenta Azaña, “llega a extremos chistosos. No ve con malos ojos la disolución de los jesuitas, pero estima que ha podido hacerse una excepción con los jesuitas de Cataluña, que son de otra manera, y, por supuesto, mejores”.

La solidaridad de los clérigos nacionalistas con los martirizados fue escasa, si acaso existió. Madariaga cita a una de sus “lumbreras”, como lo llama, acaso el mismo Vidal i Barraquer: “Los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia”. No se entiende cómo pudo ocurrir aquello. Los revolucionarios no solo destruyeron iglesias, sino que masacraron a los sacerdotes. ¿Por qué tenían que hacerlo si los sacerdotes habían servido tan bien a sus designios de arrasar la Iglesia? ¿No debieran haber premiado y felicitado, más bien, a aquel clero tan conveniente para ellos? Al final de estas retorcidas justificaciones queda, de un modo oscuro y contradictorio, la vieja pretensión de presentar a las víctimas como culpables. Posturas que seguimos viendo hoy en el fraile ideólogo Hilari Raguer, por ejemplo.

O en el clero nacionalista vasco. Buena parte de él se sentía estrechamente ligado al PNV, en el cual veía un defensor de la religiosidad de los vascos, considerados una especie de nuevo “pueblo elegido”. Quien quizá expresó mejor su insolidaridad radical fue el muy católico Irujo, ministro de Justicia en el Frente Popular, con una propuesta de decreto encaminada a mejorar la imagen de las izquierdas en el extranjero: “La pasión popular, confundiendo la significación de la Iglesia con la conducta de muchos de sus prosélitos, [hizo] imposible en estos últimos tiempos el ejercicio normal del derecho de libertad de conciencia y práctica del culto”. La matanza y destrucción sistemáticas quedaban reducidas, para ventaja de la propaganda de los perseguidores, a la simple eliminación del derecho al culto, atribuido, además, a una “confusión popular”. Las víctimas, por su “conducta”, habían merecido de algún modo el castigo.

Al revés que los nacionalistas de Álava y Navarra, los de Guipúzcoa y Vizcaya, creyendo en la victoria de los revolucionarios, optaron por éstos a cambio de un estatuto de autonomía, que se proponían conculcar aprovechando las circunstancias. Cuando los navarros ocuparon Guipúzcoa, la autoridad militar fusiló a 12 ó 14 sacerdotes nacionalistas por sus actividades políticas. El PNV y el clero adicto hicieron grandes protestas en la prensa extranjera y en el Vaticano, apoyándose en sectores “progresistas”, especialmente franceses, pese al carácter tradicionalmente muy reaccionario y antiliberal del nacionalismo vasco. Franco cortó los fusilamientos, pero el clero peneuvista persistió en su campaña para negarle el carácter de defensor de la Iglesia. En realidad, el clero separatista se desentendió de la suerte de los sacerdotes perseguidos, justificando de diversos modos su matanza.

El proyecto de decreto de Irujo señalaba, además: “Una parte de la Iglesia católica, concretamente la de Euzkadi, ha sabido en todo momento cumplir su misión religiosa con el máximo respeto al Poder civil (…) Por eso no ha sufrido el más leve roce con sus intereses”. Estas frases eran tan falsas como la anterior. En la zona bajo autoridad del PNV habían sido asesinados nada menos que 55 sacerdotes que, por ser ajenos al separatismo, no merecieron atención reivindicativa ni protesta del clero ni de los políticos sabinianos, tan clamorosos por los fusilados en Guipúzcoa. Otros muchos religiosos vascos fueron masacrados en el resto del país ante la misma fundamental indiferencia de los clérigos nacionalistas.

Desde luego, Irujo hizo aquí y allá algunas gestiones en favor de los perseguidos y algunas denuncias ocasionales. Por ellas ha recibido un reconocimiento algo excesivo, si las comparamos con su política básica de ocultación de la verdad, de connivencia con los perseguidores desde el gobierno, y de apoyo a la propaganda revolucionaria, todo ello sin protesta alguna de los religiosos peneuvistas, que yo sepa. Pues esta connivencia de hecho constituía la contrapartida de las vulneraciones del estatuto por el PNV, como exponía el lendacari Aguirre ante las protestas de las autoridades izquierdistas: “Euzkadi sirvió con su ejemplo de único argumento en el exterior, invocado tantas veces en la Sociedad de Naciones y por numerosos políticos, incluso comunistas, como la señora Ibárruri en sus mítines de propaganda exterior”. Los servicios prestados por el PNV y su clero al Frente Popular fueron muy estimables, pero las izquierdas creían excesivo el pago que por ellos se tomaban los sabinianos. Estos precedentes, creo, ayudan a entender sucesos más recientes.

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La persecución, tan apasionada y sistemática, no respondía al odio político, pues la inmensa mayoría de las víctimas no pertenecía a partidos más o menos fascistas, de los que las izquierdas pudieran temer agresiones. Su utilidad desde el punto de vista bélico fue nula, y políticamente perjudicó en extremo a sus autores, al dejar en evidencia sus pretensiones de libertad, humanitarismo y cultura, y alimentó la desgana de Gran Bretaña, Usa y Francia por ayudar al Frente Popular, pese a los clamores "republicanos" y "democráticos" de éste. Esa aparente irracionalidad, unida a una crueldad tan extrema, ha obligado a buscar explicaciones al fenómeno, que a menudo han derivado a críticas a la Iglesia perseguida, y no tanto a sus perseguidores.

Entre ellas apenas trataré el bulo de que las iglesias y conventos servían de polvorines o de fortalezas desde donde curas y frailes disparaban contra "el pueblo". El evidente infundio continúa una larga tradición, iniciada en la primera mitad del siglo XIX, cuando los frailes fueron acusados de envenenar las fuentes públicas. Erraríamos al atribuir tales patrañas, por su tosquedad, a mentes incultas "del pueblo", pues, por extraño que suene, han sido divulgadas y más o menos creídas por intelectuales. Con ocasión de la magna pira de conventos, bibliotecas y escuelas a comienzos de la república, Rivas Cherif cuenta una frívola charla entre él y Azaña, en la que éste, "si se le argüía aduciendo la matanza de frailes del 34 del siglo pasado so pretexto de haber envenenado las aguas, decía que él no lo creía así; pero que si el pueblo lo aseguraba, era desde ese momento una verdad histórica irrebatible". En realidad, los bulos partían de círculos relativamente cultos y politizados, que los utilizaban para incitar a masas sugestionables, por lo común del lumpen. No se trata, pues, de una explicación, sino de una parte de la persecución misma.

Madariaga hace una acusación en la línea de la “lumbrera” por él aludida: en la Iglesia predominaría un estilo rutinario, hipócrita y hueco, sin apenas contenido espiritual, y un nivel cultural muy bajo. Pero el mismo autor se contradice, al menos en parte, al observar cómo las provincias de mayor cultura popular, donde el analfabetismo estaba erradicado, eran las muy clericales de Santander y, especialmente, Álava, “la provincia más devota de toda España”. No obstante, insiste: “Que la Iglesia española, un tiempo gloriosa y liberal, que con Vitoria y Suárez fundara el derecho internacional, y con Mariana definiera al príncipe democrático, viniese a degenerar hasta producir los curas guerrilleros y las monjitas místicas (...) La Iglesia española fue grande mientras se nutrió de la cultura de las grandes universidades del siglo XVI”. Pero ese hecho, aun en el caso de que fuese cierto, de ningún modo podría justificar la persecución. Además, aunque la Iglesia española tuvo parte muy importante en el despliegue intelectual del siglo XVI, y son extremadamente apreciables sus contribuciones a un pensamiento pre liberal, para su propio criterio, religioso y no directamente político, se trata de méritos derivados y no esenciales. Por otra parte, si bien la Iglesia no atravesaba su mejor momento en la II República, suponerla, entonces o en el siglo XIX, compuesta fundamentalmente por curas guerrilleros y monjitas místicas, distorsiona la realidad. La Iglesia mantenía numerosas publicaciones y trabajos de investigación muy variados, e instituciones culturales de primer orden, como la universidad de Deusto, donde se hallaba lo único parecido a una facultad de Economía en el país, cerrada sin mayor reparo por el gobierno de Azaña, tan afecto a la cultura. También se esforzaba la Iglesia en formar élites profesionales y políticas, y por contrarrestar intelectualmente las doctrinas laicistas y revolucionarias, como reconoce Martínez Barrio. Esfuerzo mejor o peor encaminado, pero en conjunto notable. Sin vivir una etapa de brillantez intelectual, tampoco estaba el clero tan decaído como se le achaca, ni mucho menos.

En cuanto a la presunción de una religiosidad formulista y hueca, choca con la evidencia de las víctimas, que muy a menudo aceptaron el tormento y la muerte antes que renegar de sus creencias, y lo hicieron perdonando expresamente a sus asesinos. Los célebres versos de Claudel sobre los miles de mártires "y ninguna apostasía" parecen bastante próximos a la realidad. Pues, como una muestra más del extraño carácter, por así decir antipolítico, de la persecución, a menudo se ofrecía a las víctimas salvarse si hacían algún acto simbólico como pisotear un crucifijo o blasfemar. Sea cual sea el punto de vista con que se trate el hecho, está claro que la fe de los católicos no era superficial y formularia, al menos la de un sector amplio de ellos.

Y cualesquiera fueran los defectos culturales o espirituales de la Iglesia, resulta grotesco el intento de justificar o explicar por ellos la sanguinaria y obsesiva persecución a la que se libraron sus enemigos. Como si los nazis hubieran perseguido a los judíos acusándolos de no cumplir como era debido con su religión.

Otra acusación común destaca una supuesta enemistad de la Iglesia hacia la república. Este argumento ha calado profundamente, también en la derecha, y ha originado una abundante literatura sobre la cerrazón eclesial. J. Caro Baroja afirma: "El clero español dio unos cuantos diputados avanzados, otros reaccionarios. Pero en conjunto, al menos en el Norte, la campaña más sorda y necia contra la República se hizo en las sacristías, utilizando la amenaza, la idea de persecución, etc. (...) La retirada de los crucifijos de las escuelas, las leyes acerca de licencias para procesiones y otras sancionadas por las Constituyentes, los incendios de iglesias y conventos, dieron lugar a interpretaciones torcidas o equívocas, que irritaban a hombres y mujeres, según los cuales, los castigos de Dios eran inminentes. Todo quedaba englobado bajo la misma interdicción clerical: desde "bailar el agarrado" o ir en el "correcalles" a leer La Voz de Guipúzcoa”. Puede ser, pero todo ello no pasa de pintoresquismo inocente al lado de las propagandas y actos anticristianos, realmente violentos y agresivos. Y hechos como las quemas de conventos, bibliotecas y escuelas por los supuestos adalides de la cultura, o las leyes que vulneraban las libertades ciudadanas para reducir a los clérigos a ciudadanos de segunda y a la indigencia, no admitían la menor “interpretación torcida o equívoca”: su realidad e intención estaban clarísimos.

A decir verdad, la acusación dicha tampoco encuentra respaldo en los hechos. La postura eclesial no fue homogénea. Las diferencia podrían personificarse en los cardenales Segura, por un lado, y Vidal i Barraquer por otro. El primero, impregnado del espíritu tradicional, pidió a los creyentes colaboración con las nuevas autoridades, sin dejar de recordar con gratitud a la monarquía. Aunque sus expresiones hacia la república no pasaban de frías, eran perfectamente legítimas en un sistema de libertades, y el gobierno le respondió con menos tolerancia de la que los republicanos habían disfrutado bajo la monarquía: le respondió con auténtico despotismo, resultando una colisión en la que Segura llevó las de perder. Vidal, próximo en algunos puntos a la democracia cristiana, prefería olvidar el pasado, aceptaba más abiertamente el espíritu del siglo y cerraba los ojos a muchas asperezas anticlericales, esperando que el tiempo las limase. Esta posición fue en parte auspiciada por el Vaticano –representado en Madrid por el mundano nuncio Tedeschini– y en el conjunto de España predominó la actitud intermedia de Ángel Herrera, con mucho peso en el episcopado y cofundador de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, de los diarios El debate y Ya y del partido de Acción Popular, embrión de la CEDA, en la cual influía ideológicamente.

La Iglesia adoptó, pues, una actitud respetuosa y contemporizadora, aunque, claro está, disgustada por las injurias que sufría no de la república, concebida inicialmente como democracia liberal, sino de los partidos izquierdistas, nada liberales ni demócratas, aunque no cesaran de invocar la libertad. La argucia de Azaña cuando alude al peligro, puramente inventado, de un gobierno de obispos y abadesas, o explica la persecución por la supuesta "intransigencia, la ferocidad del todo o nada" que achaca a los católicos, falsea por completo la realidad. Ni siquiera cuando la tremenda agresión de la quemas de conventos en mayo del 31, respondieron el clero y los partidos católicos con la violencia o la subversión, que no habrían dejado de estar justificadas como legítima defensa. La CEDA no sólo acató el nuevo régimen, sino que lo salvó literalmente en octubre de 1934, cuando lo asaltaron las propias izquierdas, como está hoy bien documentado. No fue la Iglesia la que hostigó a la república, sino las izquierdas de la república las que hostigaron sin tregua a la Iglesia.

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Una tercera explicación afirma que la Iglesia se ganó la animadversión de amplias capas populares, de los pobres, por haberlos olvidado, por no haber atendido a sus necesidades. Pero esta acusación ignora dos cosas: que los autores de la persecución no fueron “los pobres”, sino unos partidos y políticos que decían hablar en nombre de ellos. La inmensa mayoría de los pobres no participó en las matanzas, y una gran parte de ellos siguieron sintiéndose cristianos. Y por otra parte la Iglesia no estaba tan alejada de los necesitados como se pretende. Sostenía, entre otras cosas, una red muy considerable de asilos de ancianos y desvalidos, y de asistencia a enfermos, tanto más apreciable en una época en que apenas existía seguridad social, desarrollada más tarde, en época de Franco. Además dirigía centros de formación profesional y de enseñanza a obreros y jóvenes sin recursos, de ambos sexos, etc. Lo que hacía el clero en este orden, mucho o poco y desde luego no era poco, casi nadie más lo hacía. El argumento podría tener algún peso si el objetivo del exterminio hubieran sido las jerarquías eclesiásticas o los sacerdotes de los barrios y zonas acomodadas, pero no fue así. Los perseguidores detestaban especialmente las actividades eclesiásticas en las zonas populares, pues las veían como una intromisión en el campo proletario, que ellos creían monopolio suyo. Los curas y frailes dedicados a esas labores fueron también asesinados, a menudo con verdadero sadismo. Ya en mayo del 31 los incendios se dirigieron, significativamente, contra centros de formación profesional o escuelas salesianas y jesuitas para obreros, y Azaña quiso prohibir incluso la beneficencia eclesial.

Pese a estos hechos, la acusación permanece con fuerza, completada con la de haberse aliado la Iglesia tradicionalmente con los “ricos”, con los poderes “reaccionarios”, “explotadores”, con el “capitalismo”. Hace poco un ex sacerdote o ex seminarista pasado al socialismo, el historiador Santos Juliá, criticaba las beatificaciones de los mártires cristianos, asesinados muchos de ellos por socialistas, apoyándose en el intelectual católico francés Maritain, de quien citaba: "Es un sacrilegio horrible masacrar a sacerdotes –aunque fueran fascistas, son ministros de Cristo– por odio a la religión; y es un sacrilegio igualmente horrible masacrar a los pobres –aunque fueran marxistas, son cuerpo de Cristo– en nombre de la religión". Le repliqué en un artículo de Libertad Digital: “Un historiador con algún sentido crítico no puede emplear de ese modo la sentencia de Maritain oponiendo sacerdotes y "pobres". Los sacerdotes eran asesinados por el mero hecho de ser sacerdotes, pero, ¿de dónde saca Maritain que los pobres sufrían matanzas por serlo? Eso es propaganda stalinista, y su falsedad resalta no ya para un historiador, sino para cualquier persona con sentido común. Ello aparte, los muertos por la represión de los nacionales durante la guerra ascendieron a unos 70.000, según los cálculos más solventes de Martín Rubio: ¿tan pocos pobres había en España? Como sabe todo el mundo, cayó entonces gente acomodada, de clase media y de escasos recursos, pero ninguno de estos últimos lo fue por su posición social, sino por considerársele enemigo político o por venganzas personales. Lo mismo vale para la represión del Frente Popular (unas 60.000 víctimas, más proporcionalmente que sus contrarios, al haberse ejercido sobre un territorio menor), la cual sacrificó también a numerosos obreros y campesinos desafectos. La persecución de los clérigos y monjas se emparenta cualitativamente con el Holocausto perpetrado por los nazis contra los judíos, pues en ambos casos las víctimas eran asesinadas simplemente por ser judíos o clérigos. Un historiador serio debe tener en cuenta otro detalle que Juliá también olvida, y que ayuda a explicar la evidente falsificación del intelectual francés: la preocupación de este por su país, pues le alarmaba la influencia alemana e italiana en España en detrimento de los intereses franceses, y por ello presentaba a Franco como un títere de Hitler. Pudo tratarse de una mentira inconsciente, pero desde luego faltaba a la verdad y escondía que, en cambio, el Frente Popular sí fue dominado por Stalin desde el envío del oro español a Rusia”.

Maritain, por cierto, tenía bastante influencia en el Vaticano, donde, según Sainz Rodríguez, “nos consideraban un pueblo al que se tiene seguro, en el que no existe peligro de que se aparte de la disciplina católica, pero al que no hay que prestar excesivas atenciones. En cambio, el elemento francés pesaba enormemente en el Vaticano”, e incluso “los asuntos españoles eran interpretados a través de lo que se decía en Francia”. Tengo la impresión de que Sainz no iba aquí del todo descaminado.

Terminaba mi artículo: “Juliá y tantos otros desvirtúan la espeluznante persecución religiosa con argumentos especiosos, han pretendido durante años que la Iglesia pidiera perdón a sus torturadores y ahora se oponen a que honre a sus mártires. ¡Imaginemos que en Alemania se hiciese hoy algo semejante con los judíos! El envenenamiento de las conciencias prosigue, con las mismas falsedades de los años 30. Juliá y compañía no revelan el menor sentimiento por lo que entonces hizo el Frente Popular, y uno queda con la sospecha de que repetirían, si hubiera ocasión. Después de todo siguen demostrando una vocación en verdad fanática por defender a los pobres”.

Además, aunque la Iglesia se hubiera desentendido efectivamente de los pobres o los trabajadores, ello tampoco justifica en modo alguno la persecución. Al revés, sus enemigos deberían estar muy contentos de esa actitud.

Debemos atender a otra faceta de la acusación, muy próxima a la teoría marxista de la lucha de clases. Según ella, nada más natural que el compinchamiento de la Iglesia con los llamados explotadores, pues servía a estos para suministrar a los explotados el opio religioso que les hiciera resignarse, en lugar de rebelarse contra su triste situación. Esta doctrina incidía sobre algunos rasgos tradicionales del cristianismo, y no ha dejado de seducir a algunos sectores religiosos, que propugnaban el arrepentimiento por la identificación eclesial con los ricos y los poderosos. La Iglesia debía regenerarse para ganarse a los pobres, a los trabajadores manuales, a los desheredados del Tercer Mundo y, en el caso español, pedir perdón por haber apoyado en la guerra civil a quienes la estaban salvando del exterminio, en lugar de apoyar a sus exterminadores, los partidos llamados obreros del Frente Popular. Las víctimas de la persecución debían recibir así la suprema injuria de un olvido despectivo.

Se trata de un enfoque, ya digo, aproximadamente marxista, esto es, materialista, y creo que conducía a la Iglesia al suicidio teórico y práctico. Teórico porque le hacía renunciar o dejar en segundo término su legado espiritual, no materialista; y práctico porque los partidos marxistas quedaban como los auténticos defensores de la justicia social, de los pobres, mientras la Iglesia debía purgar su larguísima identificación con los opresores y solo muy a última hora reconocía su error y pretendía rectificar. Al estar la verdad, en lo esencial, al lado de aquellos partidos, el mensaje de la Iglesia se volvía redundante, quedaba a la defensiva o se diluía, y tal efecto tenía la célebre consigna de la cruz en una mano y la hoz y el martillo en la otra. El llamado diálogo con el marxismo, así planteado, benefició mucho a este y perjudicó a la Iglesia, en cuyo seno introdujo una notable confusión. En fin, hoy debiera estar bastante claro que los partidos autodenominados obreros nunca representaron nada parecido a unos “intereses históricos” del proletariado, que se combatieron y asesinaron entre sí y que nunca los pobres sacaron nada bueno de ellos.

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En mi opinión hay tres factores que explican suficientemente la persecución y sus rasgos criminales. En primer lugar, la tradición jacobina. En España, mucha gente identificó el liberalismo con la invasión napoleónica y la Revolución francesa, identificación errónea en general, pero apropiada en el caso de la fracción de los liberales llamados exaltados, luego progresistas y republicanos. Para estos, en efecto, la Revolución francesa constituía el modelo, y un punto fundamental de ella consistía en el aplastamiento de la Iglesia, como había ocurrido en Francia y habían predicado algunos ilustrados, particularmente Voltaire: écrasez l´infâme! Esta concepción difería de la de la Revolución useña o de la experiencia inglesa, que no conocieron tales convulsiones y persecuciones; en la misma España, el liberalismo tenía corrientes moderadas y enlazaba con la tradición intelectual española de los siglos XVI y XVII, eclesiástica en tan gran medida. Sin embargo el sector republicano, de estilo muy jacobino, propugnó la eliminación de la Iglesia, a la que presentaba como el obstáculo mayor a la modernización del país, a la razón y al progreso. Ese fue su objetivo esencial, causa de matanzas y quemas de iglesias ocasionales, así como de una copiosa propaganda. Debe destacarse que la literatura anticlerical en España nunca tuvo la altura intelectual de la francesa, y si destaca por algo es por su carácter soez y pedestre. No obstante, su persistencia y masividad le fueron ganando un influjo social considerable.

En segundo lugar, las nuevas corrientes revolucionarias, desde finales del siglo XIX, adoptaron un punto de vista parecido al de nuestros jacobinos. Los anarquistas miraban la creencia religiosa como un enemigo incluso mayor que el propio sistema capitalista, y desde muy pronto hizo objeto a la Iglesia de una hostilidad incondicional, mediante atentados con bombas y otras manifestaciones violentas. Probablemente fueron los más entusiastas incendiarios de templos (no los únicos, ni mucho menos). Los marxistas manifestaban una oposición menos frontal, pues daban la importancia decisiva al factor económico, al derrocamiento del sistema capitalista, después de lo cual la religión debía ir disolviéndose de forma natural, ayudada, eso sí, por la dictadura del partido, llamada del proletariado. No obstante, los marxistas creían necesario apoyar a los republicanos más radicales a fin de cumplir la “revolución burguesa”, preludio necesario de la proletaria, y por tanto apoyaban su anticristianismo, participando, como ateos militantes, en la propaganda y el hostigamiento a la Iglesia, así como, a su debido tiempo, en las matanzas. Como señalé al principio, este era el único punto de coincidencia entre todos aquellos grupos, y su influjo sobre sectores de la población no cesó de crecer en el primer tercio del siglo XX.

Estos dos factores, que se reforzaban, podían ser mantenidos relativamente a raya mientras persistiera la legalidad que convencionalmente llamamos burguesa, una legalidad no utópica o revolucionaria. Pues en una sociedad repleta de intereses, creencias, aspiraciones y sentimientos muy dispares, solo el mantenimiento de la ley garantiza una convivencia razonablemente pacífica, aun si con crisis naturales. Pero la república, nacida en principio como democracia liberal, sufrió desde muy pronto un proceso de derrumbe cada vez más agravado, que he descrito en tres fases: una fase de desbordamiento, de origen sobre todo izquierdista, durante el primer bienio (quema de conventos, insurrecciones anarquistas, golpe de Sanjurjo desde el otro lado, fracaso de algunas reformas razonables, pero aplicadas con ineptitud y transformadas en pura demagogia…). Una segunda fase de asalto de las izquierdas y los separatistas al poder que las urnas les habían arrebatado en 1933 (intentos de golpe de estado por Azaña y los republicanos, preparativos de guerra civil en pro de un sistema soviético por parte del PSOE, movimientos de rebeldía de los nacionalistas catalanes y vascos), culminada con la insurrección de octubre del 34, que dejó 1.400 muertos en solo dos semanas y en 26 provincias. Y una tercera fase al volver al poder las izquierdas agrupadas en el Frente Popular, tras las elecciones anómalas y no democráticas de febrero de 1936, para desatar de inmediato un movimiento revolucionario desde la calle, con cientos de asesinatos, incendios, ocupación de fincas etc., más la liquidación por el gobierno de la legalidad republicana, antes concebida como una democracia liberal.

Este proceso arruinó la convivencia social en España, acabó de quitar toda legitimidad al gobierno de izquierdas y motivó la rebelión de las derechas, reanudándose la guerra civil. Importa subrayar que la rebelión de julio de 1936 no fue un pronunciamiento militar al estilo de los del siglo XIX y algunos del XX (la gran mayoría de ellos, contra un tópico común, tuvo carácter izquierdista, es decir, exaltado, progresista o republicano), sino una verdadera sublevación de una parte muy amplia del pueblo en torno a un sector del ejército. Y que no ocurrió frente a un gobierno legítimo y democrático, como siguen pretendiendo diversas propagandas, sino contra un gobierno despótico y un proceso revolucionario. No sería la democracia, como a menudo se pretende, sino la revolución, la que saldría derrotada.

Fueron, pues, las izquierdas y los separatistas quienes hundieron la legalidad republicana, aunque persistieran luego en llamarse republicanos, un artificio de propaganda para retener una legitimidad ficticia y obtener apoyo exterior (solo lo obtendrían de Stalin, que convirtió al Frente Popular en protectorado suyo). La ruina del ideal demoliberal dejó una pugna entre dos ideales dictatoriales, el totalitario de las izquierdas y el autoritario de las derechas. Este último, muy preferible para cualquier demócrata, ganó la contienda, mantuvo a España fuera de la guerra mundial y facilitó un importante desarrollo económico y la disolución de los viejos odios de la república, para dar paso, son el tiempo y de forma bastante normal, al actual sistema de libertades políticas. No me extenderé aquí sobre estos hechos, hoy suficientemente documentados.

La caída de la ley tiene siempre o casi siempre los mismos resultados: el desencadenamiento de los odios y las pasiones, y con ellos, de los crímenes. El levantamiento derechista fracasó al principio y quedó en posición casi desesperada, recurriendo al terror para asegurar su retaguardia, mientras que el Frente Popular, seguro de su victoria empleó el terror como aplicación de un programa de “limpieza” acariciado y preparado por su propaganda desde largo tiempo atrás.

A mi juicio, estos tres factores, es decir, las concepciones jacobinas, su reforzamiento por las ideas revolucionarias marxistas y anarquistas, y la destrucción de la legalidad republicana por el Frente Popular, explican suficientemente la matanza de religiosos y muchos otros fenómenos de la época. Podemos hablar del pensamiento utópico y mesiánico detrás de tales actos, pero aquí dejaremos ese aspecto de lado.

¿Cuáles fueron los fallos de la Iglesia en relación con todo este proceso? Como he indicado, no creo que fueran los que habitualmente se le achacan. La Iglesia perdió mucho terreno en la sociedad española durante aquellos decenios, como lo ha vuelto a perder ya desde antes de la transición democrática, y eso requerirá seguramente un análisis interno. Pero no abordaré esa cuestión, pues no enfoco el tema desde el punto de vista del creyente, sino del demócrata. Como tal, considero que la Iglesia tiene el mismo derecho a expresarse y organizarse que cualquier otra asociación, máxime teniendo en cuenta su extraordinaria relevancia en la historia y la cultura españolas. Y estoy convencido de que los ataques que ha venido sufriendo y que sufre hoy nuevamente, perjudican seriamente no solo a la Iglesia, sino a la democracia misma, a la estabilidad de la sociedad y a la integridad del país.