viernes, 11 de enero de 2008

Medjugorje, viaje en busca de María

Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

He hecho alrededor de 2000 kilómetros entre tierra y mar tras las huellas de una mujer. Es una mujer “de una belleza indescriptible”, dice quien la ha encontrado. Y para nosotros curiosos intenta una vaga descripción: altura alrededor de 1'65, edad alrededor de 18-20 años, rostro ordenado, casi siempre sonriente, mejillas rosadas, cabello negro ondulado, ojos marcadamente azules, voz dulce de adolescente, vestimenta muy simple.

Enamoramiento

Pero los testimonios precisan pronto que su belleza es una belleza inimaginable, ningún rostro en el mundo es parangonable al suyo. No estamos hablando de un sueño o de una imagen literaria. Sino de una persona viva, que sonríe, habla y escucha, llora, abraza, llama por el nombre, que enseña y que implora, que se apasiona con los pequeños problemas de cada uno. Desde 1981 seis muchachos de un pueblecito de la Bosnia croata -Medjugorje- la encuentan casi cotidianamente y ella -ante la pregunta- ha respondido que es la Virgen María. El punto clave es que: está viva. Y estos muchachos no son dementes, son del todo normales, también a juicio de la ciencia, incluso del ex régimen de Tito. Perseguidos al principio por la policía comunista, han crecido con ella al lado, han estudiado en la universidad, se han casado, tienen hijos. No son alucinados (pasan por distintos también para Medjugorje y se reconocen pronto). En cambio, estos seis -que en 1981 por otra parte no estaban entre los muchachos más asiduos en la parroquia- son tipos equilibrados, racionales, cordiales. Pero, como dice una de ellos, Marija, que hoy vive en Monza, "estamos en cierto sentido enamorados de ella. Especialmente al principio, no digo que éramos dependientes, aunque la belleza de su cara y su voz cuando hablaba nos atraían... Después, despacio despacito, nos ha llevado hacia Jesús, hacia la Iglesia, hacia la Eucaristía y nos ha hecho descubrir un mundo tan grande, tan inmenso..."

Su belleza es su “eterna juventud”, subraya padre Livio, director de Radio María, se explican con el hecho de que todo el ser de María, alma y cuerpo, resplandece de Gracia y está en la Gloria de Cristo. Es por tanto paraíso. Con sus 23 años de presencia constante, según el padre, estamos ante un hecho absolutamente único en la historia de la Iglesia que evidentemente es debido a algo excepcional, a aquello que debe acaecer.

Así hemos alcanzado aquel pueblecito bosnio para asistir a una aparición. Para comprender y para interrogarnos sobre esta joven mujer, su “filosofía” y también “misión secreta” que justifica una permanencia tan larga (si, por ejemplo, es una empresa que debe salvarnos de catástrofes inminentes).

Un Palacio imperial

A juzgar por millones de personas que este verano se han movido por ella, es decididamente el personaje del momento (ha entrado incluso en una diatriba entre Giuliano Ferrara y Francesco Merlo). Estadísticamente es la mujer más amada de la historia humana, la más cantada por poetas y músicos, la más representada por pintores y escultores, la más invocada. Lo suyos son “gli occhi da Dio diletti e venerati” [los ojos por Dios más amados y venerados] (Dante). Si incluso Dios se ha enamorado de ella se comprende por qué en este verano de 2004 un río de gente –jóvenes y no sólo ellos– ha hecho kilómetros para buscarla en los lugares donde ella pasó (Lourdes, Fátima, Chestochowa, Loreto, Guadalupe): donde ha pasado para curar, para enjuar las lágrimas, a dar abrigo y consuelo a desolados y desesperados, a abrazar la soledad y llamar a todos. Ya que de ella se dice desde siglos (Bernardo de Claraval) que no decepciona nunca y no abandona a ninguno.

Con estos peregrinos -por la fiesta de la Asunción- el papa mismo vuelve a Lourdes: son 150 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción que la Iglesia opone, en el siglo XIX, a todas las nuevas ideologías fundadas sobre la ilusión de que el hombre –pretendiéndose dios- pueda construir un paraíso en la tierra con sus fuerzas. La historia del siglo XX ha demostrado que por el contrario ha construido infiernos. Y justamente para abatir estos infiernos del siglo XX ella se aparerció primero en Fátima y después en Medjugorje.

Giuliano Ferrara ha recordado, con estupor, que es venerada como Reina. No engañan su aspecto de adolescente, su humildad, su bondad. Tiene poder real y lo ha ejercido en momentos decisivios de la historia humana. Por ejemplo, apareciéndose a un pobre indio en Guadalupe (1531) ha determinato la historia americana y por tanto nuestro hoy. Extraña reina: cambia la historia humana escogiendo personas insignificantes y con la predilección por las cosas más pequeñas y humildes. En el viaje que me lleva al embarque de Ancona hacia Croacia paso de hecho –el 29 de julio- por aquel que ella misma ha definido como su palacio real: allí se apareció a Francisco de Asís como “Reina de los ángeles” y le confió haber elegido la mísera Porciúncula, una minúscula y pelada iglesita en el valle espoletano, como su palacio real.

Es espontánea la comparación con otro palacio imperial que se encuentra después del embarco de Ancona, aquel que aparece ya desde el trayecto sobre la costa dálmata: el Palacio de Diocleciano en Split, construido justamente 1700 años antes, en el 304. Era el Palatium por antonomasia (por el cual el topónimo Split). El palacio real poderoso del último feroz perseguidor de los cristianos. Hoy sobre aquellas piedras colosales desmocha un alto campanario con la cruz. Vienen a la mente las palabras de ella en el Magnificat: “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.

Los cristianos perseguidos por el imperio romano no podían ni siquiera imaginar, en el 304, que de allí a pocos meses subiría al trono Constantino y todo cambiaría. ¿Y los cristianos perseguidos por el imperio comunista –que justamente sobre esta orilla tenía su frontera occidental– podían imaginar ver desplomarse en la nada –y sin sangre- el gran moloch perseguidor? ¿Existe la ligera mano de María, como dice el Papa? Dejo Split –y estos pensamientos– a las espaldas y el 2 de agosto recorro hacia el sur la espléndida costa croata devastada a trechos por una urbanización salvaje.

Hacia Medjugorje

Cien kilómetros de carretera de dos carriles a pico sobre el mar. Después la tierra adentro y la desolada Bosnia: el puente de Mostar ha sido recién construido. Las heridas sangran aún. En un campo pobre, de pequeños cultivos de tabaco y vides, desmocha una iglesita blanca con sus dos campanarios: es Medjugorje. Un puesto perdido e insignificante: hasta el 81. Carreteras sin conexión y llenas de hierba. El sol, en un cielo blanquecino, ya da calor a las 7.30. Los bares están abriendo, pero ya circulan tantos peregrinos porque el 2 de cada mes Mirjana Dragicevic, una de las videntes, tiene su aparición, bajo un toldo en el “Campo de la vida” de los muchachos de sor Elvira. Basta seguir a la gente. A la izquierda de la iglesita se va hacia el barrio de Bijakovici, donde viven los muchachos, y después de 800 metros se llega a una avenida en cuesta: sabré después que los muchachos estaban justamente sobre aquella avenida polvorienta, hoy ocupada por los autocares, aquel 24 de junio de 1981, hacia las 18.15. Cuando uno de aquellos convoyes, a 200 metros, donde empieza el montecito pelado y pedregoso del Podbrdo, una joven mujer inundada de luz con un niño en brazos. La cual hacía señal con la mano de acercarse: ellos escaparon a toda pastilla, asustados. El encuentro verdadero se verificará el día siguiente y el 26 el primer mensaje, cuando llorando pedirá su “paz, paz, paz, paz con Dios y entre los hombres”. Nadie comprendía. Pero exactamente diez años después, en 1991, aquel mismo 26 de junio, allí en Bosnia estallaría la primera guerra feroz en Europa desde 1945.

El toldo verde del “Campo de la vida” está lleno ya de gente desde las 6 y el prado alrededor. A las 8 comienza el rosario. Se dicen los 4 misterios enteros en diversas lenguas. En el entre tanto llega Mirjana, una bella treintañera rubia, ojos azules, vivaces, ingeniera agrónoma. Apenas iniciado el cuarto misterio glorioso – la Asunción– de golpe Mirjana cae de rodilas y por todas partes se hace un silencio jamás sentido. Nadie habla, todos saben que María ha venido, está aquí entre nosotros. El rostro de Mirjana, totalmente absorto en ella, está ligeramente transformado, luminoso. Habla con ella, Mirjana, pero su voz es totalmente silenciosa para nosotros. Todos callan, recogidos.

“Estando allí” me dirá Piergiorgio, turinés, ingeniero recién titulado “sientes aquella mirada de ella justamente sobre ti, incluso si no la ves”. Si de eso se da cuenta bien un médico milanés, el doctor Frigerio, que fue a Medjugorje para una aparición y llevaba consigo la bolsa llena de objetos sagrados que sus pacientes le habían confiado para que fueran bendecidos por la Virgen. Pero, por la multitud, no consiguió llegar hasta el altar donde se debía depositar. Acabada la aparición estaba para volverse a casa, disgustado, de no ser porque justamente lo buscó el pequeño Jakov que le dijo: “¿Eres tú el médico? La Virgen me ha dicho que te diga que no debes preocuparte: ha bendecido igualmente todos los objetos que tienes en la bolsa”. Esta es su delicadeza para cada uno que asombra. Llama “pequeño mío” a Juan Diego en Guadalupe. En Lourdes trata de “usted” a Bernadette a la que todos trataban con el despectivo “tú” de los mendigos.

En Medjugorje cada vez –por millares de veces– agradecerá a los muchachos “por haber respondido a mi llamada”. Los relatos de los testimonios la describen todos llena de atención y de amor para cada uno. “No podéis comprender” dirá en un mensaje suyo “cuán grande es vuestra persona en el designio de Dios”.

El 2 agosto tras la aparición a Mirjana no hay mensajes públicos. Los cuales llegan el 25 de cada mes a través de otra vidente, Marija Pavlovic. Mensajes que la Bella Muchacha de Nazaret da en la parroquia de Medjugorje y por medio suyo al mundo. Son siempre pocas palabras simples que invitan a la conversión y a la oración porque “la humanidad se encuentra en un gran peligro” y el rosario es el arma potentísima para permitir que Cristo dé salvación y paz a la humanidad. A Mirjana sin embargo le ha confiado los diez secretos que tienen que ver con la suerte del mundo. Cada uno será revelado tres días antes de que suceda, para que todos tengan tiempo de converstirse. Se sabe que el tercero es un bello signo que ella dejará sobre el monte de la primera aparición, un signo imborrable y claro de su presencia. Pero los otros parece que son muy preocupantes.

Aquel arsenal estallado

7 agosto. El embarque a Split junto al Palacio de Diocleciano. Clavado a lo largo del brumoso Adriático, aquellas murallas poderosas y aquella cruz que hoy allí desmocha. Mientras sobre el trayecto resuenan las guitarras y los cantos de los jóvenes que han estado en Medjugorje, intento mentalmente volver a poner en orden los eventos y las fechas.

El 13 de mayo de 1917 aparece en Fátima y profetiza la llegada a Rusia del comunismo y las plagas derivadas de esta obra maestra de Satanás: una nueva guerra mundial, inmensos estragos y persecuciones nunca vistas en 2 mileniso de cristiandad, hasta el martirio de un papa. Ha sido exactamente la historia del siglo XX. Por una serie de razones no había sido hecha –en las modalidades debidas- aquella consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María que ella había pedido.

El 13 de mayo de 1981, precisamente el día de la Virgen de Fátima, un atentando golpea al Papa en san Pedro. En los días sucesivos en el hospital Juan Pablo II recuerda que justamente este evento era predicho en la tercera parte del secreto de Fátima. El papa decide hacer la consagración. El 25 de marzo de 1984, solemnnemente, encomienda el mundo al “corazón materno de María”, “madre de los hombres y de los pueblos, tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas”. ¿Qué sucede? Los expertos en cuestiones político-militares dicen en 1984, con Andropov y Chernenko en el Kremlin y el duro choque sobre los misiles con los EE.UU. de Reagan, que pone contra las cuerdas el sistema soviético, fue el momento de máxima tensión entre Este y Oeste. La URSS estaba perdiendo y un conflicto armado –apocalíptico - se creía de verdad probable. Pero a la vuelta de pocos meses –con la muerrte de Andropov y Chernenko y la llegada de Gorbachov (1985)- el comunismo marchó hacia una implosión fulminante a causa de su quiebra económica y social. La más grande dictadura de la historia se derrumbó en 4 años sin violencias ni víctimas: el “caso” quiere que el acto de liquidación de la URSS de 1991 se haya firmado el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción (“mi Corazón Inmaculado triunfará” se dio en Fátima) y que la bandera roja fuera arriada en el Kremlin el 25 de diciembre de 1991, por Navidad. ¿Pero qué había pasado en la URSS entre 1984 y 1985? ¿Bastaron las muertes de Andropov y Chernenko para explicar el vuelco de una línea política? Muchas cosas deberemos descubrir. Vuelto a casa encuentro el Dominical que sugiere justamente una de las piezas que faltaban. El experto en historia militar Alberto Leoni ilustra el hecho que da la puntilla al potencial militar soviético durante la crisis de 1984: la explosión del arsenal de Severomorsk, en el Mar del Norte. “Sin aquel aparato balístico que controlaba el Atlántico” dice Leoni “la URSS no tenía más ninguna esperanza de victoria. Por esto la opción militar fue cancelada”. Aquel incidente tuvo lugar dos meses después del rito solemne de la Consagración en la plaza de san Pedro. Pudo ser casual. Pero muchos han notado con algún estremecimiento la fecha del incidente de Severomorsk: 13 de mayo 1984, aniversario y fiesta de la Virgen de Fátima y del atentado contra el Papa…

Sin saber nada de todo esto, Lucía, la última de los videntes de Fátima aún viva, en una entrevista declaró cándidamente: “La Consagración de 1984 ha evitado una guerra atómica que habría sucedido en 1985”. Un mes después del atentado contra el Papa empezaron las apariciones de Medjugorje que, ha dicho María, cumple aquello que empezó en Fátima. Este verano los periodistas dedican muchas páginas a continuación de las peregrinaciones. María atrae silenciosamente. El 15 de agosto, para la Asunción, el Papa está en Lourdes: este perdido pueblecito de los Pirineos es la más grande meta de peregrinaciones del mundo, más que la Meca. “La Asunción al cielo, en cuerpo y alma, de María que se celebra” me explica un teólogo “significa que incluso cada cabello de nuestra cabeza es amado por Dios, enamorado de nosotros, y es destinado –con todo nuestro ser– a la gloria, a la divinización. Que transfigurará el cuerpo”.

Vuelvo a pensar en la belleza de la joven mujer que aparece en Medjugorje. Es la mujer “vestida de sol” que aplastará a Satanás, el león rugiente que siempre busca a quién devorar. Vuelvo a pensar en las palabras de Dostoievski: “La Belleza salvará al mundo”.

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