martes, 30 de junio de 2009

Sin el latín... y sin el griego

(original en francés; traducción mía)
Isabelle de Gaulmyn
¡"Sin el latín, sin el latín"... la encíclica económica, tan esperada, habría sido publicada ya! Porque ¿a quién  señalamos aquí como responsable de los últimos retrasos de este importante texto sobre la doctrina social,  el primero de Benedicto XVI, el primero también en tener en cuenta la mundialización,  un documento que se ha hecho más urgente por la crisis financiera y económica que sacude el mundo? ¡El latín! Como todas las encíclicas, ésta será también, incluso oficialmente primero, traducida al latín, la lengua de la Iglesia universal. El texto, se dice, será particularmente complejo de traducir a la lengua de Cicerón porque utiliza conceptos  modernos, para los cuales nuestros antepasados los romanos no tenían nada para decir, ni siquiera pensado... Sin contar que los efectivos de personas empleadas en las sección latina de la Secretaría de Estado han disminuido desde hace algunos años. ¿Cómo traducir al latín la "globalización", "los mercados financieros" o incluso "las stocks options"?
Sin embargo no despreciemos demasiado deprisa el retorno a las lenguas "muertas". La misma palabra "economía" viene del griego, y, según indiscreciones Benedicto XVI, en esta encíclica, partiendo como le gusta hacer, de la etimología, "oikos" (casa) y "nomos" (administrar), o sea "administrar los bienes de la casa", recuerda que la economía es ante todo un asunto de familia. De la familia humana...

lunes, 29 de junio de 2009

El caso Medjugorje: no apagar el Espíritu

(original en italiano; traducción mía)
De Libero, 16 enero 2009


Benedicto XVI, como Juan Pablo II, defiende la fe del pueblo cristiano

de Antonio Socci
Hoy turban la Iglesia, arriesgándose a crear escándalo y extravío para millones de fieles, más que ciertos ateos declarados que hacen campañas publicitarias en los buses de Génova, están aquellos que -quizás con un hábito eclesiástico- hacen la guerra a Dios desde el interior y bajo pretextos "religiosos" propagan un pensamiento "no católico" (como confió amargamente Pablo VI a Jean Guitton).

No por casualidad el cardenal Ratzinger inició un memorable discurso a los biblistas en un ateneo vaticano recordando la figura del Anticristo de un relato de Soloviev, cuyo Anticristo era "un célebre exegeta" con doctorado en Teología en Tubinga. La admonición, aunque sea gallarda, era evidente.
Por otra parte, curiosamente, en estos años no ha sido el campo ortodoxo el que ha desenterrado una especie de Inquisición contra quien propaga herejías y contesta al Magisterio pontificio, sino más bien aquellos que querrían poner bajo inquisíción a la Virgen misma que osa manifestarse sin su permiso. A menudo son vejados por nuevas inquisiciones quienes testimonian una fe viva y fiel al Papa, no los herejes.
Ahora suscitan algunas preocupaciones, entre tantos y fervorosos fieles de la Virgen, ciertas "anticipaciones" (que no se saben si son verdaderas) del llamado "vademecum" que debería ocuparse de eventos sobrenaturales. Las voces sobre su presunto contenido han sido referidas por "Panorama", hace tres meses, y en estos días por un sitio de internet: se trataría de un "directorio" contra Medjugorje (meta de millones de peregrinos y lugar extraordinario de conversión) y contra los hechos de Civitavecchia donde, en febrero-marzo de 1995, una estatuílla de la Virgen proveniente de Medjugorje, ha llorado lágrimas de sangre durante 14 veces.
A favor de la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y del llanto milagroso de Civitavecchia están no sólo las cuidadosas investigaciones científicas llevadas a cabo sobre los videntes durante las apariciones y sobre la estatuílla de Pantano, investigaciones que excluyen categóricamente toda forma de estafa o de autosugestión. Está también la enorme cantidad de conversiones e incluso de curaciones inexplicables que se han verificado y continúan verificándose (los testimonios están documentados). Está la perfecta ortodoxia que se respira en estos santuarios. Y, juntamente con la devoción de millones de simples cristianos, está la devoción convencida de tantos sacerdotes, obispos y cardenales. Sobre todo aquella, aclarada, de Juan Pablo II que ha manifestado de mono inequívoco y más veces, incluso por escrito, su convicción personal sobre la autenticidad de las apariciones de Medjugorje y de las lágrimas de la Virgencita.
Ciertamente un “vademecum” para los obispos hoy puede ser utilísimo para tratar tantos casos de "visionarios" de pacotilla y de embaucadores, pero hay que excluir que tal "directorio" sea apuntado contra Medjugorje y Civitavecchia que son dos santuarios marianos y tienen ahora su historia de devoción del pueblo cristiano (que, recordémoslo, es solicitada en las canonizaciones y presupuesta de hecho incluso en las definiciones de los dogmas) y son dos santuarios marianos.
Se dice que el “directorio” prescribe el recurso incluso a “psiquiatras ateos”. En Medjugorje ya ha sucedido. Al principio, en 1981, cuando el régimen comunista se desató contra las apariciones con arresos, vejaciones y violencias, los seis muchachos fueron incluso arrastrados ante psiquiatras del régimen que sin embargo debieron reconocer su perfecta salud mental y su buena fe. Al final algunos de aquellos médicos incluso se convirtieron, junto con los policías que debían reprimir el fenómeno.
En Civitavecchia la Virgencita superó el duro examen del obispo que no creía y que vio acaecer la décimocuarta  lacrimación justo entre sus propias manos, sufriendo un shock cardiaco. Y ha superado también el examen de la comisión eclesiástica (que ha excluido alucinaciones, fenómeno parapsicológico o diabólico) y el examen laico más exigente, el de la ciencia (que ha reconocido que no es posible la explicación científica del fenómeno) y de la magistratura que -después de cuidadosas investigaciones y considerados los numerosísimos testimonios de las lacrimaciones (entre ellos "el Comandante de la policía municipal, agentes de la policía penitenciaria y de la policía del Estado"), escribe que éstas "deben reducirse o a un hecho de sugestión colectiva o a un hecho sobrenatural". De no ser porque aquellas lágrimas de sangre, al ser fotografiadas y filmadas, no pueden ser una "sugestión": han sido además analizadas en laboratorio, al microscopio y definidas como "sangre humana".
Sobre Medjugorje el secretario de Estado Bertone, apenas fue nombrado, explicitó la posición de este pontificado precisando que las peregrinaciones allí, obviamente no oficiales, "están permitidas" y aconsejó incluso "un acompañamiento pastoral de los fieles". Además definió todavía una vez como "personales" las declaraciones del obispo de Mostar e indicó como justa la posición de espera de los obispos de la ex Yugoslavia que "deja la puerta abierta a futuras investigaciones".
También porque el gran número de apariciones,  aún hoy en curso, no es un obstáculo, después que han sido reconocidas recientemente las apariciones de Laus donde la Virgen, desde 1647, se manifestó durante 54 años y largamente de forma cotidiana.
Por tanto los fieles de Medjugorje y Civitavecchia pueden estar tranquilos. Del resto el Papa demuestra que tiene la unidad de la Iglesia muy dentro del corazón. También lo ha demostrado recientemente en el modo en que ha resuelto paternalmente el problema neocatecumenal y en el modo en que ha tendido la mano a los tradicionalistas, con la recuperación de la antigua liturgia, pidiendo a los obispos franceses que los acojan y que no discriminen a ninguno. Verdaderamente el Santo Padre quiere conjurar en todos los modos fracturas y desorientación de los fieles. Finalmente también la devoción y la estima hacia Juan Pablo II lo inducen a defender Medjugorje e Civitavecchia. Por eso hay que excluir que el directorio sea "contra" estos dos santuarios.
También hay mucha duda de que el Papa pueda aprobar un "directorio" tan duro y represivo como aquello anhelado por ciertas indiscreciones, porque justamente Ratzinger fue el autor del memorable discurso con el cual el cardenal Frings, arzobispo de Colonia, en 1962 convenció a la Iglesia para que jubilara el viejo Santo Oficio y ciertos sistemas suyos "cuya modalidad de procedimiento no está de acuerdo en muchas cosas con nuestro tiempo y para la Iglesia será un daño y para muchos un escándalo".
Considerados los errores dolorosísimos hechos hace 50 años por eclesiásticos al tratar casos de santos como padre Pío o acontecimientos como Ghiaie di Bonate, es dudoso que el propio papa Ratzinger permita volver a reglas vejatorias que hoy podrían ser impugnados desde el punto de vista de los derechos humanos, además del derecho natural y del derecho canónico, produciendo "un daño para la Iglesia y un escándalo".
Benedicto XVI no quiere en absoluto "apagar el Espíritu" y "despreciar las profecías" (1 Tes 5,19-20), como alún teólogo y algún curial, sino que quiere exactamente lo contrario: ya de cardenal puso en guardia a los católicos de convertirse en "deístas", o sea aquellos que no creen verdaderamente "en una acción de Dios en nuestro mundo" y por eso se engañan con que "debemos nosotros crear la redención, nosotros crear el mundo mejor, un mundo nuevo. Si se piensa así el cristianismo ha muerto".
"La Iglesia" explicaba Ratzinger "afronta los desafíos que le son propios gracias al Espíritu Santo que, en los momentos cruciales, abre una puerta para intervenir". Históricamente lo ha hecho con los grandes santos "que eran también profetas", pero ante todo a través de la Virgen: "Hay una antigua tradición patrística que llama a María no sacerdotisa, sino profetisa. El título de profetisa en la tradición patrística es el título de María por excelencia... Se podría decir, en un cierto sentido, que de hecho la línea mariana encarna el carácter profético de la Iglesia".
Por tanto que la "Reina de los profetas" sea escuchada, no amordazada.

viernes, 26 de junio de 2009

Vida privada y divorcios. La carta de Enrique VIII al Papa

(original en italiano; traducción mía)
PAOLO RODARI

El Vaticano, oficialmente, calla sobre la atribulada cuestión berlusconiana. Y, en efecto, hay poco que decir. Si no que, como ha escrito recientemente Avvenirre, nos gustaría más moderación y mayor claridad. Sin embargo el parecer de la Iglesia y de las jerarquías vaticanas interesa sin duda al primer ministro y a los suyos: no por casualidad, justo en estos días difíciles, el fiel Gianni Letta ha empezado en L'Osservatore Romano con una intervención dedicada a la necesidad de conjugar "desarrollo" e "imperativos morales". No una intervención reparadora, la de Letta, sino de todas formas una señal ofrecida dentro y fuera de los muros sagrados.
La cuestión de todas formas permanece atávica. En el sentido de que, bien visto, la necesidad de los poderosos del mundo de recibir una bendición de la Iglesia cuando las cosas van bien (y sobre todo cuando van poco bien con motivo de una conducta moral poco ortodoxa) viene de mucho atrás. Y llegó ayer mismo una demostración desde el Vaticano que, quinientos años después de la coronación de Enrique VIII, ha presentado oficialmente el documento con el cual, en 1530, el soberano inglés pedía el divorcio de Catalina de Aragón.
Una publicación que recuerda un suceso doloroso para la Iglesia católica: todo llevó al cisma anglicano. Un suceso que, en cierto sentido, permanece actual aún hoy aunque, es necesario decirlo, ni Gianni Letta es Tomás Moro -éste, canciller del rey, dimitió cuando Enrique VIII sancionó la sumisión del clero al poder temporal- ni Berlusconi es Enrique VIII -éste último, cerciorado de que el Papa Clemente VIII no quería responder afirmativamente a la petición de anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón a fin de desposar a la amante Ana Bolena, rompió con Roma y hasta nunca.
Ayer, el Archivo secreto vaticano en colaboración con la sociedad "Scrinium" mostró un facsímil de la carta en pergamino -el original es custodiado celosamente en el estudio de monseñor Sergio Pagano, prefecto del Archivo- con la cual el rey inglés presentó la petición de divorcio de Catalina de Aragón. Una carta reproducida en 200 ejemplares y vendida en la buena cifra de cincuenta mil euros. Una carta, la de Enrique VIII, fácilmente "interceptable", hoy como entonces, vistas las dimensiones: redactada sobre un pergamino de un metro de largo, de alto dos veces otro tanto, pesa dos kilos y medio. Pegados encima, a modo de apéndice, penden más de ochenta sellos de cera recogidos en pequeñas tecas de lata y sostenidos por una cinta de seda. Encima de los sellos, hay ochenta y tantas firmas cuidadosamente repartidas en trece columnas delimitadas por una única larga cinta de seda hábilmente entrelazada.
Es verad, Enrique VIII al escribir al Pontífice muestra la voluntad de una bendición vaticana. Pero, al mismo tiempo, muestra carácter y determinación: "Pero si el Pontífice no quisiere hacerlo, desatendiendo las exigencias de los ingleses -se lee al final del escrito después de la petición adelantada al Papa-, éstos se sentirían autorizados a resolver por sí mismos la cuestión y buscarían remedios en otro lugar. La causa del rey es la de ellos. Si (el Pontífice) no interviniese o tardara en actuar, sus condiciones se harán más graves pero no irresolubles: los remedios extremos son siempre más desagradables, pero al enfermo lo que le interesa es la propia curación...".
Palabras, aquellas del pergamino, que muestran cómo desde las autoridades religiosas es posible (ya lo creo) desmarcarse, si bien el desmarcamiento siempre tenga consecuencias.
No saben nada los más de ochenta firmantes de la carta: éstos, en los meses siguientes a la firma, serían puestos ante la toma de una posición definitiva incluso a costa de la vida. Y, de hecho, aquellos que dieron un paso atrás, aquellos que tras la firma del documento se lo volvieron a pensar, sufrieron penosas consecuencias. Dos de ellos fueron ajusticiados en 1537. Un marqués y un barón después fueron condenados a muerte como conspiradores y también dos abades íntimamente contrarios a las profundas innovaciones religiosas llevadas a cabo en el reino sufrieron la misma suerte a causa de sus "ánimo íntimamente corrompido". Un trágico fin le tocó en suerte también al hermano de Ana Bolena, Lord Rochefort que, acusado de relaciones incestuosas con la reina, resultó ajusticiado con ella en 1536.

Enrique VIII, el origen del cisma

(original en italiano; traducción mía)

El archivo secreto vaticano ha restaurado y expuesto por primera vez al gran público, en una copia en alta definición, la carta con la cual los lores ingleses pidieron al papa Clemente VII que anulara la boda del rey Enrique VIII con Catalina de Aragón.

GIACOMO GALEAZZI

El documento, que se llama oficialmente Carta de los pares de Inglaterra al pontífice Clemente VII para rogar la causa de anulación de matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón, es considerado la base de la ruptura de la Iglesia inglesa con la de Roma, un cisma que ha cambiado profundamente la historia del Reino de Inglaterra y juntamente la de Europa.

Ahora mismo podrá leerse gracias a la publicación de la obra Causa Anglica: il tribolato caso matrimoniale di 
Enrique VIII, realizada en colaboración con la sociedad Scrinium, que además de una serie de estudios críticos sobre el documento, contiene la reproducción fiel de la súplica,emitida en 1530. Firmada por 83 miembros influyentes de la política y de la sociedad inglesa, entre los cuales estaban condes, vizcondes, duques, barones, obispos y abades, la misiva pedía al papa Clemente VII que invalidara la boda del rey Enrique VIII con Catalina de Aragón, que no le había dado herederos masculinos, para permitirle casarse con Ana Bolena, de la cual, se cuenta, el rey estaba sinceramente enamorado. Una decisión a la cual el Papa no llegó nunca, temiendo las reacciones de la familia de Catalina, emparentada con la dinastía de Carlos V.
El documento es reproducido hoy en 200 ejemplares (al precio de 50.000 euros cada uno) en la forma, en los materiales y en las medidas, perfectamente idénticos al original: el pergamino, que tiene un metro de largo y del cual se ha expuesto un facsímil esta mañana en una urna de cristal de murano durante la conferencia de presentación del proyecto, lleva al pie una división del folio en trece columnas, entelazadas por un hilo de seda y sobre el cual están puestas las 83 firmas de los suscriptores. De él penden 81 sellos, también fielemnte reproducidos en lacre, y que son los escudos familiares y de los apellidos de los firmantes.

El documento en sí "no es ciertamente el más importante desde el punto de vista jurídico e histórico entre los cuales se enviaron a Clemente VII con ocasión -ha explicado Chapin, viceprefecto del archivo secreto vaticano- pero es sin duda el más solemne y vistoso de todos". Como pretende una tradición en uso en la cancillería inglesa, la carta está redactada en doble copia, y mientras la conservada en Inglaterra es en parte ilegible y corrompida, la que está en el Vaticano se ha mantenido en buen estado de conservación y ha permitido la reproducción.

Un trabajo que, ha explicado Marco Maraino, oficial del archivo secreto vaticano, ha requerido dos años de investigación sobre una carta "de tonos casi intimidatorios" y juntas las circunstancias en las cuales viene sellada, acelerando una ruptura que quizá en aquellos tiempos de "suspendida tensión no era previsible". "Ésta es además otro punto de vista muy importante -ha añadido el historiador David Starkey- de un paso sin el cual el protestantismo probablemente no habría sobrevivido".

martes, 23 de junio de 2009

Condón, chantaje a África

(original en italiano; traducción mía)

GIACOMO GALEAZZI

Los países africanos para recibir ayudas de Occidente deben aceptar el aborto, el preservativo y la ideología de género. Estas son las condiciones que le son impuestas para poder acceder al sostén económico.

Es dura la denuncia de mons. Robert Sarah, originario de Guinea, 63 años, actualmente Secretario de la Congregación para la evangelización de los pueblos y arzobispo de Conakry. Recientemente ha acompañado al Papa en su viaje a Camerún y Angola, de él se habla como del posible próximo Presidente del Pontificio consejo justicia y paz. En una entrevista al «Consulente Re», recorre el reciente viaje del Pontífice y habla de algunos de los grandes problemas que afligen el continente africano.  "Mucho viene impuesto a África - afirma mons. Sarah- como condición para recibir ayudas económicas". "Los países occidentales -explica- con su potencia política, económica, de medios de comunicación dan la impresión de querer destruir todas las otras culturas para imponer una cultura paneuropea, panamericana". "Los países africanos, para recibir una ayuda -prosigue el obispo- deben aceptar el aborto, el preservativo, la esterilización femenina, la ideología de género. Es la lucha de David contra Goliat. Hay sin embargo señales de que África está decidida a combatir sirviéndose de la potencia de Dios y del sostenimiento de la Iglesia. Es verdad que la fe en África es aún joven, frágil; pero el continente poco a poco está adquiriendo una madurez evangélica confortante, siempre más consciente de deber rechazar las falsas glorias, los falsos ideales, los paraísos efímeros y artificiales importados".  "Yo siento- afirma incluso mons. Sarah - que debo agradecer al Santo Padre por su solicitud paterna al atraer la atención de África entera sobre estos temas. Estoy seguro de que el Señor Dios omnipotente no dejará a los débiles y a los pobres indefensos, sin protegerlos". Y aún sobre la condición actual del continente añade: "Son verdaderas, reales las deshumanizaciones y las opresiones que afligen al pueblo africano. Domina la ley del más fuerte, son recurrentes los conflictos étnicos y las masacres tribales. Sin embargo nosotros no debemos combatir tales flagelos con la espada, sino con la ayuda y en el nombre del Señor".

Primado de Pedro

(original en italiano; traducción mía)
LA CARTA DE CLEMENTE I
Clemente I fue el tercer sucesor e San Pedro en la cátedra de Obispo de Roma.
Al final del I siglo, probablemente hacia el 97, escribió una carta a los cristianos de Corinto, que habían depuesto o apartado a algunos presbíteros. El hecho es significativo, porque el Obispo de Roma interviene en los asuntos internos de otra Iglesia, también fundada por los apóstoles. E interviene con una carta cuyo tono y contenido demuestran que Clemente era  consciente de sus responsabilidades y exigía un acto de obediencia de los destinatarios.
Veamos algunas de las expresiones contendias en la celebérrimas epístola: “Os escribimos todos esto para reprenderos…” – “…aceptad con contrición la corrección…” - “Pero si alguno no obedece a lo que por medio nuestro él (Cristo) dice, sabemos que se verá implicado en una culpa y en un peligro no indiferente” - “Nos daríais motivo de gozo y de alegría si, obedeciendo a cuanto os hemos expuesto aquí…”.
Clemente da órdenes de reintegrar en sus funciones a aquellos que la comunidad de Corinto había apartado. No sólo: amenaza con sanciones si no se le obedece. Difícil no pensar en un acto de gobierno por ser el obispo de Roma en relación con otra Iglesia.
¿Y cómo acogieron los corintios la carta de Clemente? Con máxima consideración, conservándola con cuidado, tanto que en el año 170 el entonces obispo de Corinto, Dionisio, escribe al papa Sotero informándole de que aquel escrito era leído en la celebración eucarística dominical.
Un primado reconocido también en el primer siglo. Como dice la historia...

Píldoras de apologética: El azar 2

(original en italiano; traducción mía)

EL AZAR/2

A cuantos atribuyen al puro "azar" la causa de la disposición ordenada de lo real, Fred Hoyle (1915-2001), uno de los más grandes astrónomos y matemáticos del siglo XX, respondía: “Pero ¿es posible que el azar haya producido también sólo las otras dos mil enzimas necesarias para el funcionamiento del cuerpo humano? Basta una pequeña serie de cálculos en el ordenador para darse cuenta de que la probabilidad de que esto haya sucedido 'casualmente' es igual a la probabilidad de obtener siempre 12, por 50.000 veces de fila, arrojando dos dados sobre la mesa”. Interesa subrayar, añadimos nosotros, que los dados no deben estar trucados, obviamente.

Y proseguía: “Más o menos la misma posibilidad del viejo ejemplo del mono que, golpeando sobre una máquina de escribir, terminaría sacando la Divina Comedia entera, con párrafos y puntuaciones en el punto justo”.

Concluyendo así: “Y esto, repito, sólo para las enzimas, porque la improbabilidad alcanza niveles de locura si lo alargamos a todas las innumerables condiciones necesarias para la vida: ¿todos como números salidos del cilindro del azar? Si se responde sí, se sale de la razón”.

Píldoras de apologética: El azar 1

(original en italiano; traducción mía)

EL AZAR/1

El biólogo Jacques Monod (1910-1976), en su celebérrimo "El azar y la necesidad", un best seller en el cual condensaba su pensamiento sobre presupuestos teóricos de la ciencia y sobre relaciones entre conocimientos científicos y valores humanos, escribía: “El puro azar, el solo azar está en la raíz misma del prodigioso edificio de la evolución: esta noción central de la biología moderna es la única concebible, como única compatible con loshechos de la observación y de la experiencia”.

¿La única concebible? ¿La única compatible con la experiencia, por tanto con los hechos? ¿Nociones centrales de la biología?

No todos los científicos pensamos como él. Grichka Bogdanov, físico teórico, respondiendo a una pregunta del filósofo Jean Guitton, decía a propósito del azar: "Una célula viviente está compuesta de una veintena de aminoácidos que forman una cadena compacta. La formación de estos aminoácidos depende a su vez de alrededor de dos mil enzimas específicas… Los biólogos llegan a calcular que la probabilidad de que un millar de enzimas se reagrupen por casualidad de modo ordenado hasta formar una célula viviente (en el curso de una evolución de diversos millones de años) es del orden de 101000 (uno seguido de mil ceros) contra 1".

Un comentario: si este cálculo excluye que se pueda atribuir al “azar” la formación de una sola célula, ¿cómo es posible atribuirle la de toda la creación?

Píldoras de apologética: ¿Ateo? Nunca más

(original en italiano; traducción mía)

ADIÓS AL ATEÍSMO

Era conocido como el ateo más famoso del mundo, autor de una obra monumental, titulada "God and Philosophy" (Dios y la filosofía - 1966) sobre la cual se formaron los cultivadores del ateísmo de las últimas generaciones.

Pero el último año ha publicado "There is a God" ("Hay un Dios") y con esto ha abjurado definitivamente de su pasado de ateo convencido. ¿Qué le ha hecho cambiar de idea? Simplemente un uso más inteligente de la razón humana.

De hecho, es verdaderamente cosa de buen sentido pensar que “debe haber habido una inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico” (Avvenire del 6/12/2007) y la constatación de que “el origen de la vida y la reproducción no pueden ser explicadas simplemente desde un punto de vista biológico" (ibidem).

No sólo. Al estudioso le “parece siempre menos plausible que un caldo químico haya podido generar de manera mágica el códice genético".

Como se ve, aquí se aplica la lógica más elemental y por tanto más aplastante. ¿Y entonces? Y entonces hay que admitir honestamente la existencia de un Creador: “Ha sido la misma evidencia que me ha conducido a esta conclusión”, ha declarado Flew (ibidem). Que está ahora “estudiando” el Cristianismo. Esperamos que le aproveche, añadimos nosotros.

Píldoras de apologética: Datación de los Evangelios 2

(original en italiano; traducción mía)

¿Cuándo fue compuesto el Evangelio de Marcos? En fecha muy antigua, se debe responder, cuando testigos oculares de los hechos narrados en relación con la vida de Jesús estaban aún vivos y para el evangelista habría sido bastante contraproducente mentir, so pena de haber quedado como un mentiroso.

Que Marcos había escrito su Evangelio bastante tempranamente es fácil de probar. De hecho, en torno a los años 64/65 d.C., Petronio, consejero del emperador Nerón, escribió el Satiricón, donde demuestra sin sombra de duda que conoce el Evangelio de Marcos. Señal de que este último ya había sido puesto por escrito en aquella época.

En el Satiricón encontramos analogías sorprendentes entre la unción de Betania, contada por Marcos (14,3 ss –el único de los sinópticos que habla expresamente del nardo), y la unción que, siempre con una ampolla de nardo, Trimalción hace durante una cena (Satir. 77,7). Sin embargo Petronio podía hacer esta analogía sólo si hubiera conocido el texto escrito de Marcos, no sólo por la precisión del nardo, sino también porque la unción de Betania era un episodio bastante poco conocido, y Petronio podía haberlo conocido sólo después de haberlo leído.

Noticias concernientes a los acontecimientos de la crucifixión, de la resurrección y dela institución de la Eucaristía, Petronio habría podido aprenderlas de los chismes que la gente difundía sobre el Cristianismo. No así, por el contrario, por la unción de Betania.

Por consiguiente, tenemos aquí una prueba –no ciertamente la única- de que poco después de la mitad del primer siglo un pagano conocía la versión escrita del Evangelio de Marcos.

Lo absurdo del evolucionismo de Darwin

Pedro Fernández Barbadillo, en su aguda bitácora Bokabulario, comenta la absurda teoría darwinista de la evolución de las especies: aquí está el enlace de la entrada titulada "La locura darwinista (Post apto sólo para personas maduras), cuya lectura recomiendo vivamente pues como decía Chesterton, el sentido común es el menos común de los sentidos

Me quedo con su conclusión: (Tautología es la repetición de una misma idea).

El biólogo Fernando Vallejo en su libro La tautología darwinista:
Sin saber siquiera que procedía de un óvulo fecundado por un espermatozoide, Charles Darwin se metió a explicar el Origen de las especies. La confusión que produjo dura hasta hoy.
La supervivencia del más apto es la tautología más hipócrita en toda la historia de la ciencia.

domingo, 21 de junio de 2009

El canto y la participación en la Misa

En la reforma tridentina se procuró la participación en la celebración contemplando la acción y el desarrollo de la misma como describía Romano Guardini en la catedral de Monreale (Sicilia):
La sagrada ceremonia se prolongó durante más de cuatro horas, sin embargo siempre hubo una viva participación. Hubo modos diversos de participación orante. Uno se realiza escuchando, hablando, gesticulando. Otro por el contrario se desarrolla mirando. El primero es bueno, y nosotros los del Norte de Europa no conocemos otro. Pero hemos perdido algo que en Monreale todavía existía: la capacidad de vivir-en la-mirada, de estar en la visión, de acoger lo sagrado por la forma y por el evento, contemplando.
Así, por ejemplo el altar mayor de la catedral de Jaén estaba diseñado para ser visible desde cualquier punto de la catedral, para que cualquiera pudiera participar de la celebración contemplándola.
Pues como decía, una forma de participación es el canto en la Misa, pero el problema es sobre todo cuando un solista o un coro canta temas que no pueden ser cantados por todos, v.gr. un tenor o canciones rocieras, con lo cual lo que realmente hace es dar un concierto: la asamblea no participa sino que escucha simplemente. Recuerdo una ocasión en que uno de estos coros cantó durante la entrada de la Misa una canción entera, unos cinco minutos, esperando todos a que terminaran de cantar.
Realmente nos hace falta a todos una catequesis, además de conversión, para que podamos celebrar dignamente los misterios del Señor y entendamos bien qué es la participación en las celebraciones sagradas.

sábado, 13 de junio de 2009

Eucaristía y liturgia: testigos de una presencia real

(original en italiano; traducción mía)
GIACOMO GALEAZZI (La Stampa)
La Carta a los Hebreos es uno de los escritos más ricos del Nuevo Testamento, pero demasiado a menudo los creyentes lo desatienden, quizás porque el argumento tratado es trabajoso y, como el autor mismo nos advierte, requiere una particular atención. El centro del anuncio está en estos versículos: "Jesús, como permanece para siempre, posee un sacerdocio inmutable. De ahí que él puede salvar en forma definitiva a los que se acercan a Dios por su intermedio, ya que vive eternamente para interceder por ellos" (7, 24-25). Durante la liturgia se ora siempre "por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos". De alguna manera se hace eco de la fe del autor de la Carta a los Hebreos: Jesús vive para siempre e intercede por su Iglesia, su cuerpo del cual es la cabeza. La Iglesia depende de Cristo para su misma vida. Jesús comunica esta vida en particular en la Eucaristía y Benedicto XVI, en la exhortación apostólica Sacramentum caritatis, explica que "la Eucaristía es CristoLa Eucaristía es Cristo que se nos entrega, edificándonos continuamente como su cuerpo" (n. 14). "La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia", recita un adagio de la edad patrística subrayando la existencia de una relación íntima y recíproca entre el cuerpo eucarístico y el cuerpo eclesial del Señor. Sin embargo es importante comprender correctamente cuál es la prioridad. Como destaca Benedicto XVI "la posibilidad que tiene la Iglesia de «hacer» la Eucaristía tiene su raíz en la donación que Cristo le ha hecho de sí mismo" porque "Él es quien eternamente nos ama primero" (n. 14). En la Eucaristía el amor de Cristo se encarna más plenamente: justamente su cuerpo y su sangre son dados para nosotros. Después del Vaticano II la reforma, bienvenida y necesaria, benvenuta e necessaria, de la liturgia ha traído consigo muchos ricos frutos. Las Sagradas Escrituras han encontrado un puesto de honor, para permitir al pueblo de Dios nutrirse a la mesa de la Palabra y la mesa eucarística. Además la mayor implicación de la entera asamblea en la celebración ha llevado a una participación más activa por parte de toda la comunidad, respondiendo a la exhortación del concilio a la participatio actuosa. Sin embargo, también los más encendidos defensores de los ritos litúrgicos reformados admiten la existencia de un potencial "lado oscuro" de la reforma. La celebración de la Eucaristía versus populum y la tendencia a evidenciar la Eucaristía como comida de la comunidad puede, sin quererlo, ensombrecer la naturaleza única de este lugar, hecho posible por el sacrificio de Cristo. Es el don de sí hecho por Cristo que está en el centro de esta comida: "El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo" (Juan 6,51). "La Eucaristía es Cristo que se nos entrega", escribe Benedicto XVI y en latín es aún más eficaz: Christus se nobis tradens ("Cristo que se entrega a nosotros"). El subrayado de la dimensión colectiva de la liturgia, de por sí indiscutiblemente válida, tiene el riesgo de transformarse en una autocelebración de la comunidad. Este riesgo se hace más elevado en una cultura terapéutica, es decir en la cual la emoción superficial a menudo viene asumida como criterio de autenticidad. El resultado puede ser un cuerpo "decapitado", una comunidad privada de la cabeza. Por lo demás la necesidad de evidenciar el primado de Cristo como cabeza del cuerpo y fuente de su vida, no ha salido a la luz sólo después del Vaticano II. Mucho tiempo antes, el teólogo jesuita, más tarde cardenal, Henri de Lubac, escribió en la Méditation sur l'Église: "Ciertamente no hay confusión entre la cabeza y los miembros. Los cristianos no son el cuerpo ni físico ni eucarístico de Cristo, y la esposa no es el esposo". Hay una unión íntima en una irreductible distinción. Cristo, la cabeza, no está nunca privado de su cuerpo, que es la Iglesia, y la Iglesia no puede prosperar si no es en la unión dadora de vida con su cabeza. Es por tanto esencial cultivar en la espiritualidad un sentido vivo de la presencia real de Cristo, que está expresada plenamente por la Eucaristía, pero va acompañada por otras experiencias de la presencia de Cristo. Los cristianos orientales, por ejemplo, han promovido la práctica de la "oración de Jesús", a menudo sincronizada con la propia respiración. La tradición benedictina trata en cambio de reconocer la presencia de Cristo en el huésped. En otros casos la recuperación de la adoración del Santísimo Sacramento ha ayudado a muchas personas a redescubrir la presencia viva del Señor entre los miembros de su pueblo. La Eucaristía se coniverte por tanto en una escuela de la presencia del Señor, que nos enseña a percibir su presencia en cada aspecto de la vida. El sacerdote que celebra la Eucaristía debería tratar de ser también el mistagogo de la comunidad, para conducir la comunidad a una comprensión profunda de la presencia salvífica de Cristo. Un aspecto crucial de esta mitagogía es la inserción de momentos de profundo silencio en la celebración eucarística, útiles para saborear mejor la presencia de Cristo en la Palabra y en el sacramento. En un mundo en el cual parece prevalecer demasiado a menudo la ausencia de significado y de esperanza, los cristianos formados en la Eucaristía, pueden ser testigos de una presencia real, sea en el culto de Cristo resucitado sea en el propio servicio hacia cuantos sufren por causas materiales y espirituales. Su experiencia de Cristo en la Eucaristía los empujará a cantar con Bernardo de Claraval: Jesu dulcis memoria, dans ver cordis gaudia/sed super mel et omnia, ejus dulcis praesentia!

viernes, 12 de junio de 2009

Sólo el sacrificio hace posible el banquete

LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvador Vitiello: Sólo el sacrificio hace posible el banquete
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En la homilía de la Solemnidad del Corpus Christi 2009, el Santo Padre Benedicto XVI ha llamado de nuevo la atención de toda la Iglesia sobre el riesgo de la "secularización" también entre los fieles, e incluso entre el Clero, y ha afirmado la relación entre sacrificio y banquete, en la Eucaristía.
El Papa ha afirmado: “celebrando la Pascua con los suyos, el Señor en el misterio anticipó el sacrificio que se habría consumido el día después sobre la cruz. La institución de la Eucaristía se nos presenta así como anticipación y aceptación por parte de Jesús de su muerte. Escribe sobre ello san Efrén Siro: ‘Durante la cena, Jesús se inmoló así mismo; en la cruz Él fue inmolado por los otros’”.
Hoy es más urgente que nunca, con vistas a una recuperación de la dimensión de lo sagrado tan necesario en Europa, ayudar a todos los fieles a comprender o recordar la universal dimensión sacrifical de la liturgia eucarística. Sin ceder a la religiosidad "pagana" pre-cristiana, sino más bien, favoreciendo una correcta comprensión del sacrificio expiatorio de Cristo Señor, el cual se ofreció a si mismo por nosotros y por nuestra salvación.
Es necesario recordar a todos los partidarios de la reducción de la Santa Misa a banquete, como esto es únicamente la consecuencia del Sacrificio. Sin la muerte de Cristo en la Cruz, los hombres nunca habrían podido llegar a ser "comensales de Dios", ni habrían podido vivir una comunión incluso física con Él, por medio de la Comunión eucarística, que es anticipación de la condición de resucitados, capaz de superar los vínculos del espacio y tiempo.
En este sentido no se debe nunca contraponer la dimensión sacrifical a la de la "cena del Señor”, pues sencillamente la primera es la misma condición de posibilidad de la segunda. ¡No hay "cena" sin Sacrificio!
El Santo Padre ha afirmado además: “Hoy existe el riesgo de una secularización que se introduce también en el interior de la Iglesia, que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones a las que les falta aquella participación del corazón que se expresa en la veneración y respeto de la liturgia. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose dominar por las actividades y por las preocupaciones terrenales”.
La correcta comprensión de la Eucaristía como Sacrificio pone al amparo de dichas superficiales interpretaciones y, sobre todo, la deseada recíproca fecundación entre la forma ordinaria y aquella extraordinaria del único rito latino, podrá, en el tiempo, permitir, también a nivel litúrgico, esa "recuperación teológica" hoy más necesaria que nunca. Porque "con la Eucaristía el cielo viene sobre la tierra, el mañana de Dios desciende al presente y el tiempo es como abrazado por la eternidad divina". (Agencia Fides 12/6/2009)

El fin de un tabú: también Romano Amerio es "un verdadero cristiano"

(original en italiano; traducción mía)


Amerio fue el más grande de los opositores tradicionalistas en la Iglesia del siglo XX y por eso fue castitgado con un ostracismo general. Pero ahora se descubre que su tesis central es la misma de Benedicto XVI. Él Quiere hacer la paz con los lefebvrianos.


de Sandro Magister


ROMA, 6 febrero 2006 – En la mañana del lunes 13 de febrero Benedicto XVI ha convocado a los cardenales prefectos de las congregaciones vaticanas para decidir sobre dos cuestiones: la revocación de la excomunión a los seguidores del arzobispo Marcel Lefebvre y el aligeramiento de la facultad de celebrar la Misa en latín según el rito establecido por el Concilio de Trento


El cisma lefebvriano y la defensa de la Misa tridentina son expresión de la oposición tradicionalista al Concilio Vaticano II y a las innovaciones que se siguieron de él.



Benedicto XVI ha dado ya pasos pasos importantes hacia una recomposición de estas divergencias.

El 29 de agosto, en Castel Gandolfo, ha recibido a los dos máximos responsables de la Fraternidad lefebvriana, Bernard Fellay y Franz Schmidberger, “en un clima de amor por la Iglesia y de deseo de llegar a la perfecta comunión”


El 22 de diciembre, en el discuros prenatalicio en la curia vaticana, ha dado una interpretación del Concilio Vaticano II que tiene en cuenta la seriedad de algunas críticas avanzadas por los tradicionalistas. En particular, el Papa ha querido volver a asegurarles que el decreto conciliar sobre la libertad religiosa no deber ser entendido como una cesión al relativismo.

Además, desde la primera Misa celebrada después de su elección Benedicto XVI se ha movido en la estela de la gran tradición litúrgica, volviendo a dar espacio al latín y al canto gregoriano.

Pero hay un elemento aún más sustancial que acerca a los tradicionalistas al magisterio de Benedicto XVI: el primado dado por él a la verdad.

El mensaje del Papa para la jornada mundial de la paz, por ejemplo, establece desde el título este primado: "En la verdad, la paz".

Y también su primera encíclica “Deus Caritas Est” la ha escrito para restituir verdad al amor: "La palabra 'amor' está tan gastada, consumida, abusada hoy. Debemos retomarla, purificarla y llevarla a su esplendor original".




* * *

Y bien, justamente el primado de la "veritas" es el corazón del pensamiento del más autorizado y culto representante de la oposición católica tradicionalista a la Iglesia del siglo XX: el filólogo y filósofo suizo Romano Amerio, muerto en Lugano en 1997 a los 92 años de edad.


Amerio condensó sus críticas en dos volúmenes: “Iota unum. Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel XX secolo” [Iota unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia católica en el siglo XX], comenzado en 1935 y ultimado y publicado en 1985, y “Stat Veritas. Sèguito a Iota unum”, publicado póstumamente en 1997, ambos por la tipografía del editor Riccardo Ricciardi, de Nápoles.


El primero de estos volúmenes, de 658 páginas, fue reimpreso tres veces en Italia con un conjunto de siete mil copias y después traducido al francés, inglés, español, portugués, alemán, holandés. Alcanzó por tanto muchas decenas de miles de lectores en todo el mundo.


Pero no obstante esto, un casi total silencio de parte de la opinión pública católica castigó a Amerio tanto en vida como después: él que nunca jamás condescendió con el cisma lefebvriano y fue siempre fidelísimo a la Iglesia.


Una recensión de “Iota unum” escritta para “L’Osservatore Romano” en 1985 por el entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana monseñor Angelo Paredi –a petición del director del diario vaticano, Mario Agnes– no se publicó nunca.


Para asistir al primer congreso de estudios sobre el pensamiento de hubo que esperar hasta 2005. El congreso tuvo lugar en Lugano con el patrocinio de la facultad de teología local y con la presencia del obispo, pero también sobre este congreso la atención fue mínima.


Ahora sin embargo un discípulo de Amerio, Enrico Maria Radaelli, ha publicado finalmente una monografía sobre este filólogo y filósofo largamente condenado al ostracismo, autor -además de los dos libros citados- de la imponente edición crítica en 34 volúmenes del gran pensador del siglo XVI Tommaso Campanella, de tres volúmenes dedicados a las “Osservazioni sulla Morale Cattolica” de Alessandro Manzoni, y de estudios sobre Epicuro, Paolo Sarpi, Giacomo Leopardi.


El ensayo de Radaelli, impreso por Marco Editore y a la venta en las librerías desde enero de 2006, tiene por título: “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”. Esso include testi inediti tra cui la recensione non pubblicata dall’”Osservatore Romano”. Y se distingue por una serie de contribuciones externas de particular interés. La introducción al volumen tiene por autor a don don Antonio Livi, sacerdote del Opus Dei, presidente en Roma de la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense. Otras aportaciones son de dos obispos italianos: el de Albenga e Imperia, Mario Oliveri, y el de Trivento, Antonio Santucci. Finalmente, hay un comentario escrito por don Divo Barsotti, una de las figuras más influyentes y respetadas del catolicismo italiano del último siglo, fundador de una comunidad espiritual, la Comunidad de los Hijos de Dios, que comprende los más diversos estilos de vida: hombres y mujeres que abrazan los votos monásticos, simples sacerdotes, parejas de esposos con niños. Hoy su comunidad cuenta con alrededor de 2000 personas, en Italia y varios otros países: Australia, Colombia, Croacia, Benin, Sri Lanka. Pertenece a ella el actual obispo de Monreale, en Sicilia, Cataldo Naro. Don Barsotti tiene 92 anni, vive cerca de Florencia, en Settignano, en una casa dedicada al santo ruso Sergio de Radonez, y esta página suya sobre Romano Amerio es quizá la última que ha sido capaz de escribir de su puño y letra. Pero es de fulmínea densidad.


Don Barsotti recoge plenamente la esencia de la crítica formulada por Amerio, al que define como "un verdadero cristiano". Y sostiene que la crítica tiene un fundamento válido: porque el error mayor en la Iglesia de hoy es precisamente el de quitar la verdad desde el primer puesto. Cuando por el contrario "el progreso de la Iglesia [debe] partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto". Salta a la vista la consonancia de esta tesis con el magisteiro del Papa Joseph Ratzinger.


Pero he aquí, integral, el escrito de don Barsotti:

"Sólo después de haber construido el fundamento de la verdad..." de Divo Barsotti


A mi venerable edad quizá no empuñaré más la pluma, o quizá la empuñaré, no sé. Pero, aunque con gran fatiga ahora, querría aprovechar la bella ocasión que se me ofrece, y dar a conocer en algún trazo mínimo mi pensamiento sobre un católico verdadero querido para mí como fue Romano Amerio.

Me ha impresionado de hecho, de este libro de Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, cómo y cuánto el autor ha sido capaz de resumir en pocos conceptos -incluso quizá en un concepto solo- la sustancia de la filosofía y de la opinión de un escritor como Amerio que, especialmente con su famoso libro “Iota unum”, tanto molestó a las conciencias católicas.

La lectura del libro de Radaelli, que es la primera monografía que se tenga sobre Amerio, me ha atraído desde el título: hablar de Romano Amerio -parece decir- es hablar de un orden de la verdad y de la caridad, donde la primera está unida a la segunda, pero la precede. Amerio dice en sustancia que los más graves males presentes en el pensamiento occidental, incluido el católico, son debidos principalmente a un general desorden mental por el cual se pone la "caritas" delante de la "veritas", sin pensar que este desorden mental pone patas arriba también la justa concepción que deberíamos tener de la Santísima Trinidad.

La cristiandad, antes que se afianzara en su seno el pensamiento de Descartes, había procedido siempre santamente haciendo preceder la “veritas” a la “caritas”, así como sabemos que de la boca divina de Cristo expira el soplo del Espíritu Santo y no al revés.

En la carta con la cual Amerio presenta al filósofo Augusto Del Noce aquello que será después el célebre “Iota unum”, explica claramente el fin para el cual lo ha escrito, que "es defender las esencias contra el mobilismo y el sincretismo propios del espíritu del siglo". O sea defender a las Tres Personas de la Santísima Trinidad y sus procesiones, que la teología enseña que tiene un orden inalterable: "En el principio existía el Verbo", y después, respecto al Amor, "Filioque procedit”. O sea el Amor proviene del Verbo, y nunca al contrario.

De rebote Del Noce, evidentemente impresionado por la profundidad de las tesis de Amerio, anota: "Repito, quizá me equivoco. Pero me parece que la restauración católica de la que el mundo tiene necesidad como problema filósofico último el del orden de las esencias".

Veo el progreso de la Iglesia a partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto.

La paz prometida por Cristo, la libertad, el amor son para todo hombre el fin que hay que alcanzar, pero hace falta llegar allí sólo después de haber construido el fundamento de la verdad y las columnas de la fe.

Por tanto -como dice Amerio- partir de Cristo, de la verdad sobrenatural que sólo Él enseña, para tener por Él el don del Espíritu Santo con el cual siempre Él, el Señor, nos da vida y fuerza, y salir a situar por último el arquitrabe de la "caritas".

Romano Amerio era un laico, un laico que conoció al Señor. Conoció el Credo evangélico y se convirtió en testimonio cristalino de él. He tenido siempre la impresión -incluso no habíendolo conocido en persona- de haber visto en él un verdadero cristiano, que no ha tenido nunca miedo de afrontar los temas más trabajosos de la Revelación.

Aquello que maravilla -y es su verdadera grandeza- es que incluso siendo un laico él es un verdadero testigo. No es un teólogo, no es un hombre de religión, sino uno que ha tenido de Dios el carisma de ver aquello que está implícito en la enseñanza cristiana. Él lo siente, y acepta este papel. Hace cuanto el Señor le inspira.

Toda la cristiandad tiene motivo para dar gracias a Dios por Romano Amerio, que en estos tiempos difíciles ha hablado tan claramente de los fundamentos de la Revelación. Me ha maravillado siempre el conocimiento que Amerio tiene del carisma que Dios le dio. Por este carisma, y por el regalo que él humildemente hace de él, Amerio permanece en la Iglesia como una figura de primer plano.

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El libro: Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, Marco Editore, Lungro di Cosenza, 2005, pp. 344, euro 25,00.
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El sitio web del autor del libro, Enrico Maria Radaelli, in italiano, inglés y latín:


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Las actas del congreso sobre Romano Amerio celebrado en Lugano el 29 de enero de 2005 están disponibles en el número de julio-septiembre de 2005 de “Cenobio”, revista trimestral de cultura de Suiza italiana: vista trimestrale di cultura della Svizzera italiana:

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En este sitio, sobre Romano Amerio y don Divo Barsotti:


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La interpretación del Concilio Vaticano II hecha por Benedicto XVI en el discurso a la curia vaticana del 22 de diciembre de 2005:


miércoles, 10 de junio de 2009

Píldoras de apologética: Datación de los Evangelios 1

(original en italiano; traducción mía)

SAN JUAN: ¿CUÁNDO HA ESCRITO SU EVANGELIO?

El Evangelio de San Juan fue escrito –a decir de los estudiosos- como muy tarde, al final del siglo I. Pero en un interesante artículo, publicado en "Il Nuovo Areopago" en 1994, Julián Carrón, hoy sucesor de don Giussani a la cabeza de CL, entonces profesor de Sagrada Escritura en el Centro de Estudios teológicos San Dámaso en Madrid, afirmaba la existencia en aquel Evangelio de “muchos elementos que pueden explicarse sólo antes de la primera destrucción de Jerusalén”, acaecida –como es conocido- por obra de los romanos en el 70 d.C.

Para sostener su tesis, Carrón cita, entre otros, un claro ejemplo que traemos: “En la narración de la curación del enfermo que esperaba la agitación del agua en la piscina para ser curado –contenido en el Evangelio de Juan- se dice: Hay (en griego: estin) en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda que tiene cinco pórticos (Jn 5,2).


Este versículo desvela mucho. Escribía Carrón: “El presente de indicativo en el cual viene dada la noticia de la piscina (estin = hay), mientras todo el relato está escrito en aoristo (o sea en pasado), como si hiciera referencia a un hecho sucedido en el pasado, muestra que cuando estos relatos fueron escritos existía aún aquella piscina”.

Y concluye significativamente: “Esto se podía afirmar sólo antes de la destrucción de Jerusalén, en el año 70”.

Cuando –añadimos nosotros- los testigos oculares de aquel episodio aún vivían y habrían podido desmentirlo. ¡Cosa que no sucede!

domingo, 7 de junio de 2009

La Santísima Trinidad

Hoy hemos celebrado la solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio que distingue a nuestra religión cristiana de las otras monoteístas, puesto que nuestra revelación afirma que creemos en un solo Dios pero que dentro del único Dios existe una comunidad de amor, una comunidad de personas que se distinguen por sus relaciones (una es Padre, otra es Hijo y otra es Espíritu de amor que los une) y por su misión en la historia de la salvación (Dios Padre es creador del mundo, Dios Hijo nos redime con su encarnación, su muerte y su resurrección y Dios Espíritu Santo hace nacer a la Iglesia y la guía hasta la consumación de los tiempos), todo ello

Así, éste es un misterio de amor, de amor derramado en la humanidad a lo largo de la historia de la salvación, empezando por la creación y la elección del pueblo de Israel, su liberación de la esclavitud de Egipto y su entrada en la tierra prometida hasta culminar en la encarnación del Hijo de Dios para hacer visible a Dios, para que pudiéramos contemplar a Dios visiblemente y además para asumir nuestra naturaleza humana, compartir nuestras debilidades y experiencias y hacernos semejantes a Él. En el final del Evangelio de san Mateo, Jesucristo encarga a los apóstoles que bauticen en el nombre del Padre, del Hijo y el del Espíritu Santo a quienes crean: el bautismo es sumergirnos (eso significa en su origen esta palabra) en la vida trinitaria, participar en la comunidad de vida y de amor de las tres personas divinas por pura gracia y don, hacernos hijos de Dios por puro amor a nosotros las personas, o sea divinizarnos, por eso podemos decir “Padre” a Dios.

Este cuadro de Masaccio representa la imagen de la Trinidad llamada “Trono de la gloria”: Dios Padre sostiene al Hijo muerto o en cruz y entre ellos está Dios Espíritu Santo expresando así cómo con la Encarnación del Hijo toda la Trinidad experimenta y conoce los acontecimientos humanos por los que pasa Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre: el cansancio, la sed (Jn 4,6), el enfado al ver la casa de su Padre convertida en una cueva de ladrones (Lc 19,45-47), la compasión por la viuda de Naím que ha perdido a su único hijo (Lc 7,11-15), la emoción al ver la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11,38), el miedo en Getsemaní (Lc 22,41-44). En este enlace hay una bellísima descripción catequética de esta obra.

En este fragmento de “La Pasión de Cristo”, en el minuto 6 aproximadamente tiene lugar la muerte de Cristo y la cámara enfoca desde arriba desde el cielo, es la mirada de Dios Padre que llora por la muerte de su Hijo, ha sido tocado por la experiencia más humana, la muerte y llora porque se ha roto con la encarnación la barrera que separaba a Dios de nosotros desde el pecado original: “Ahora, gracias al Mesías Jesús y en virtud de su sangre, los que un tiempo estabais lejos, estáis cerca. Él es nuestra paz, el que de dos hizo uno, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad; anulando la ley con sus preceptos y cláusulas, creando así en su persona, de dos una sola y nueva humanidad, haciendo las paces. Por medio de la cruz, dando muerte en su persona a la hostilidad, reconcilió a los dos con Dios, haciéndolos un solo cuerpo. Vino y anunció la paz a vosotros, los lejanos, la paz a los cercanos. Ambos con el mismo Espíritu y por medio de él tenemos acceso al Padre. De modo que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los consagrados y de la familia de Dios; edificados sobre el cimiento de los apóstoles, con el Mesías Jesús como piedra angular. Por él todo el edificio bien trabado crece hasta ser templo consagrado al Señor, por él vosotros entráis con los otros en la construcción para ser morada espiritual de Dios” (Ef 2,13-22).