jueves, 9 de diciembre de 2010

La Misa está en el libro del Apocalipsis



Scott Hahn es un pastor presbiteriano que se bautízó católico cuando descubrió que el libro del Apocalipsis está desarrollado en la Misa, tal y como explica en el vídeo. En este enlace y en este otro hay más información sobre él; publicó el libro "La cena del cordero: La Misa, el cielo en la tierra" (Ediciones Rialp) donde desarrolla con detalle lo que enuncia el vídeo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El árbol de Jesé y el Adviento

La primera lectura del 2º Domingo de Adviento, ciclo A, es el capítulo 11 del libro de Isaías, que empieza diciendo: "Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago".

Jesé era el padre del rey David, y con esta profecía el Señor anunciaba por medio de Isaías que de la dinastía de su ungido David iba a nacer el Mesías, y la comparación del renuevo, del vástago habla de una promesa de esperanza que da el Señor a su pueblo.

Este tema fue muy representado en la Historia del Arte . Del costado de un anciano acostado (Jesé) surge un árbol en el que se colocan los reyes de Judá hasta llegar a lo alto con la Virgen María y el Niño Jesús en brazos (esta representación se relaciona con la Inmaculada Concepción: v.gr. en la coronación de la reja que hizo el Maestro Bartolomé para la capilla de la Inmaculada en la Santa Capilla de San Andrés -Jaén-) y así aparecen en una sola imagen dos temas centrales del Adviento: el nacimiento de Jesucristo por medio de la Virgen María, que por ser la Madre de Dios es Inmaculada en su Concepción.

N. B. En dicha Santa Capilla de San Andrés el árbol de Jesé está representado sobre el abrazo de San Joaquín y Santa Ana en la puerta dorada del templo de Jerusalén, que dio lugar a la concepción de la Virgen María, por lo que ésta no tuvo pecado puesto que no vino al mundo por el acto conyugal de los padres (antiguamente se pensaba que por este medio se transmitía el pecado original).

jueves, 25 de noviembre de 2010

En los mártires se renueva la Pasión de Cristo


Desde los tiempos apostólicos, los cristianos han sido perseguidos, como el Señor, y así entendió siempre la Iglesia la persecución: en los mártires se renueva la pasión de Cristo, tal como el Señor le reveló a Saulo en el camino de Damasco (Hechos 9, 1-5):

Saulo, respirando amenazas contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco autorizándolo para llevar presos a Jerusalén a cuantos secuaces del Camino encontrase, hombres y mujeres. Iba de camino, ya cerca de Damasco, cuando de repente lo deslumbró una luz celeste. Cayó en tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Contestó: ¿Quién eres, Señor? Le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues
De ahí la costumbre de poner en los altares las reliquias de un mártir, o al menos de un santo, que sigue la costumbre de hacer los altares sobre las tumbas de los mártires, v. gr. el altar de la basílica de San Pedro, ya que en la Misa se renueva la muerte y resurrección del Señor tal como hicieron los mártires con su muerte.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El martes me fusilan

Con motivo de la solemnidad de Cristo Rey del universo traigo esta canción titulada “El martes me fusilan” y que termina con el grito “¡Viva Cristo Rey!”.

El P. Santiago Cantera, benedictino de la Abadía del Valle de los Caídos, citaba en la homilía de la Misa de campaña el Domingo XXXII del Tiempo Ordinario del Ciclo C (7 de Noviembre pasado) unos versos de esta canción de la Guerra cristera mejicana:

Quiero terminar extractando algunos preciosos versos de una canción que entonaban los cristeros mexicanos y que revelan el valor y el anhelo de eternidad que debemos tener. Dicen así: “El martes me fusilan / a las seis de la mañana / por creer en Dios eterno / y en la Gran Guadalupana. […] Matarán mi cuerpo, pero nunca mi alma. / Yo les digo a mis verdugos / que quiero me crucifiquen, / y una vez crucificado / entonces usen sus rifles. […] No tengo más Dios que Cristo, / porque me dio la existencia. / Con matarme no se acaba / la creencia en Dios eterno: / muchos quedan en la lucha / y otros que vienen naciendo. […] ¡Viva Cristo Rey!”

martes, 9 de noviembre de 2010

Hablemos de verdad de sexo. El Paraíso


Antonio Socci (original en italiano; traducción mía)

“Libero” 7 noviembre 2010

“¡Qué bello! ¡Es el teletransporte!”. Exclamó mi  hijo, doce años, apasionado de las tecnologías, la ciencia ficción, los ordenadores, los efectos especiales (está loco por el 3D).

Pero expresa su admiración después de haberme oído hablar no de tecnología, sino de Santo Tomás de Aquino, al cual estaba leyendo en un libro mío sobre Juan Pablo II.

Precisamente estaba charlando con unos amigos sobre las páginas en las cuales Tomás ilustra cómo seremos después de la resurrección de los cuerpos. Decía que tendrá “sutilidad y agilidad”, o sea, aunque sean efectivamente carne, no estarán más sometidos a los límites del tiempo y del espacio como hoy, sino que estarán bajo el perfecto dominio del espíritu, del alma, de la mente (y por eso serán inmortales).

Por tanto –entre otras cosas- podremos trasladarnos simplemente con el pensamiento, superando cualquier barrera física o distancia (como refieren los evangelios sobre Jesús después de la resurrección).

No había pensado que nuestra futura “agilidad” sea la realización del actual sueño (de la ciencia y de la ciencia ficción) del teletransporte –como dice mi hijo- pero es divertido considerarlo.

En el fondo los fenómenos de bilocación atestiguados en la vida de algunos santos, como el padre Pío, son albores del día de la gloria.

Revelaciones

La cuestión de los “cuerpos gloriosos” es en efecto bastante poco conocida y también poco explicada por la Iglesia. Parece como “un tema teológico congelado” como ha escrito el filósofo Giorgio Agamben.

Por otro lado es extraordinariamente fascinante y oportuno el número apenas aparecido de “Civiltà Cattolica” que le dedica un artículo de Mario Imperatori, el cual critica la predicación unilateral de la salvación únicamente del alma por parte de los cristianos, subrayando la necesidad de anunciar (más justa y completamente) la resurrección de los cuerpos.

La mentalidad de los creyentes está muy gravada aún y contaminada del antiguo dualismo platónico que contrapone alma y cuerpo. Pero esto es lo opuesto al cristianismo, ha explicado Santo Tomás de Aquino, que “en un sentido expresamente antiespiritualista” funda la teología sobre la Escritura más que sobre Platón. El cristianisjmo de hecho no anuncia que Dios existe, sino que Dios se ha hecho carne, que por nosotros ha muerto y ha resucitado en su misma carne.

He aquí por qué en estas páginas de Tomás, vueltas a proponer por la revista de los jesuitas, no hay miedo del cuerpo o de la sexualidad que ha veces ha marcado ciertos ambientes religiosos, más platónicos que cristianos. Hay por el contrario en Tomás la extraordinaria exaltación del cuerpo y de la sexualidad humana.

El sentido del sexo

Visto el discurso (obsesivo y enfermo) que se hace del sexo y del cuerpo en periódicos y Tv, vista la abundancia de la cuestión sexual en el debate público y también en las vidas privadas, es verdaderamente interesante leer estas páginas para comprobar hasta el fondo qué sentido tiene el misterio metido en nuestros cuerpos, esta oscura sed de infinito que vuelve febril la carne, este espasmódico deseo del placer que es al mismo tiempo un modo de exorcizar el envejecimiento y la muerte y una búsqueda inconsciente del éxtasis.

Como lo es la droga, que proporciona una ilusión de éxtasis, “liberando” de los límites y de los dolores del cuerpo.

Nosotros en efecto ¿cómo sentimos el cuerpo? Oscilamos entre dos extremos: por un lado es percibido como una fuente de placer que se convierte en obsesiva, totalizante.

Por otro lado como un límite doloroso, una prisión de la cual huir y –en el fondo- la huida representada por las drogas o el alcohol, aunque muy distinta, persigue el mismo objetivo buscado por las religiones orientales.

Por el contrario Santo Tomás indica en la revelación cristiana el camino (el único camino) de la felicidad del cuerpo y del alma. Al mismo tiempo. Aquella felicidad plena que parecería imposible, aquel placer –también de los sentidos- que no terminará nunca.

Pero vayamos con orden, siguiendo las interesantes páginas de la revista de los jesuitas.

Tomás de Aquino sobre todo muestra que en el estado original, la sexualidad de Adán y Eva –al contrario que la nuestra- estaba sometida a la razón “cuyo papel no era de hecho el de reprimir el placer de los sentidos que, al contrario, resultado aumentado”.

Se puede hacer un parangón con los caprichos: una persona en condiciones normales, de sobriedad, puede gustar y gozar de un óptimo vino mucho más que un borracho que ni se da cuenta de lo que bebe.

En  el primer caso el placer es aumentado, en el segundo caso el consumo es compulsivo, enfermo y hacer estar mal. Esta es la consecuencia del pecado original que ha sustraído el cuerpo al dominio del alma (y lo ha expuesto entre otras cosas a la enfermedad y a la muerte).

Tomás afirma por otro lado que en el hombre “el alma es la única forma del cuerpo” y eso significa que nada de lo que el hombre hace es puramente animal, puramente biológico.

Ni el comer y beber, ni el acoplamiento sexual. Al contrario que los animales, que simplemente responde a una necesidad física, el hombre tiene dentro una pregunta, una falta existencial, un deseo de infinito que explica por qué está siempre insatisfecho y por qué ningún “consumo”, ninguna posesión, lo apaga.

La suya es un “hambre” bastante superior a la necesidad biológica. De hecho hace de la cabeza.

Tomás extrae una consecuencia ulterior de su afirmación: la separación de cuerpo y alma es “contra naturam”. Y su reunión, con la resurrección final, hará que gocemos de mucho más placer que en el Paraíso o sufriremos mucho más las penas del infierno, porque percibiremos el placer o el sufrimiento con todos nuestros cinco sentidos.

El Sumo Placer

Por esto –como escribe San Pablo-  nuestro mismo cuerpo gime en la espera de la plena redención, o del “sumo placer”, como dice Dante. De hecho participaremos con el mismo cuerpo en la vida de Dios. Es lo que la teología ortodoxa llama “divinización”. Los padres de la Iglesia repiten: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre se convierta en Dios”. Un destino por tanto que –por gracia- es superior incluso al de los ángeles.

Los resucitados serán siempre físicamente hombres y mujeres, de hecho Tomás niega la presunta supremacía del hombre y –al contrario de cuanto cree Aristóteles- afirma que la mujer no es en absoluto un hombre incompleto, sino que es obra de Dios igual que el hombre y la diversidad de sus cuerpos pertenece al diseño de la creación.

Al contrario es un reflejo de aquella unidad en la distinción que connota las personas divinas de la Trinidad.

Por tanto la belleza femenina, como también la belleza masculina, serán parte de la beatitud eterna. En los beatos habrá un verdadero y propio “esplendor corporal”. Una belleza tanto mayor cuanto más luminosa es el alma.

Ellos podrán ver la divinidad, o sea gozar del “Sumo bien”, en sus efectos corporales “sobre todo en el cuerpo de Cristo, después en el cuerpo de los beatos y finalmente en todos los otros cuerpos”.

Esta “profunda asociación del cuerpo humano a la eterna beatitud” es su inimaginable exaltación. Los resucitados –dice Tomás- “se servirán de los sentidos para gozar de aquellas cosas que no repugnan al estado de incorrupción".

Inimaginable beatitud


Si alguien se hacía la pregunta sobre el Paraíso y sobre el placer sexual, como lo como lo conocemos aquí abajo sobre la tierra, habrá encontrado ya la respuesta.

Pero –para aclararlo mejor– la revista jesuita trae una fulminante página del filósofo judío francés (y convertido) Hadjadj: “A través del sexo queremos ser alterados por el alma. Los genitales eran sólo el medio defectuoso de esta penetración del otro hasta lo impenetrable.

Con la resurrección, a partir de un alma que la visión beatífica de Dios hace recaer sobre el cuerpo, la entera carne posee la penetrabilidad del otro sexo y la impenetrabilidad de la mirada (…).

Inútil por tanto unir las partes bajas. La intensidad del abrazo y la altura de la palabra se casarán con estos cuerpos profundos al infinito.
Las carnes podrán unirse sin reservas en un beso de paz, que será por otra parte un himno desgarrador al Salvador”.

Es el Paraíso.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El dinero y el Evangelio

En los dos domingos anteriores (XXV y XXVI año C del Tiempo Ordinario), el Evangelio de la  Misa dominical fueron los pasajes del administrador infiel y del rico epulón y el pobre Lázaro respectivamente.

Ambas parábolas evangélicas tienen en común el tema del dinero y las riquezas y nos enseñan cómo debemos usarlo. Jesucristo no nos dice que el dinero sea malo y que debemos desprendernos de él como algo pecaminoso, porque eso sería herético, ya que significaría rechazar las cosas materiales (la gnosis, que se ha repetido a lo largo de la historia v.gr. en los cátaros y hoy en día también pero más sibilinamente con el rechazo a las cosas materiales como malas) y además el mismo grupo de los apóstoles y Jesús tenían una bolsa común que administraba Judas Iscariote. El Evangelio nos enseña que el problema de las riquezas está en que pongamos nuestro corazón en ellas, que ellas sean nuestro tesoro, como le ocurrió al joven rico.

De ahí que Jesús nos enseñe con las dos parábolas cómo debemos usar el dinero (el administrado infiel) y cómo no debemos usarlo (el rico epulón y el pobre Lázaro).

La primera parábola nos muestra que nosotros somos administradores, no dueños de las riquezas y los bienes, que hemos recibido de Dios y por eso cada Domingo le ofrecemos en la Misa una muestra de lo recibido durante la semana: la comida (el pan y el vino) y la colecta (el salario), también para compartirlo con los demás a través de la iglesia.

En la otra parábola vemos lo contrario: Jesús insiste en el despilfarro del rico, que no sólo banqueteaba espléndidamente sino que además vestía de púrpura y lino; la púrpura en particular era una tela reservada a los emperadores (en la Pasión se la pusieron a Jesús con la corona de espinas y la caña como parte de la burla a Jesús como rey de los judíos). Pues bien, este rico que derrochaba sin necesidad el dinero no era capaz de dar ni siquiera las sobras al pobre Lázaro que murió de hambre en su puerta. Este rico no fue por tanto administrador de las riquezas que recibió sino que se consideró propietario y derrochador, esa es la diferencia con el administrador de la otra parábola que aunque fuera infiel a su jefe lo fue en favor de los demás.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Los canónigos son de institución divina

Los canónigos de las catedrales fueron instituidos por el mismo Jesucristo, cuando en el Huerto de los olivos la noche de Jueves Santo dijo a los apóstoles: "Dormid y descansad" (Mt 26,45).

Los milagros en la Biblia y las coincidencias


En el enlace que pongo en el párrafo anterior explican una intervención de la naturaleza que dejó al descubierto por acción del viento durante cuatro horas un lugar para el paso de los israelitas; ese fue el tiempo que necesitaron los egipcios para alcanzar a los hebreos.

Muchas veces pensamos que los milagros consisten en que Dios quebranta las leyes de la naturaleza, pero realmente la Biblia nos muestra que los milagros consisten en que Dios interviene a favor de su pueblo aprovechando una circunstancia de la naturaleza, como ésta del paso del Mar Rojo: Dios condujo al pueblo de Israel hasta este paso seco que había producido la acción natural. Lo mismo que las codornices que comieron los israelitas en el desierto: caían las aves que desfallecían mientras viajaban en su emigración.

Lo que nosotros llamamos casualidad, la Biblia lo interpreta con una mirada de fe como la acción de Dios en favor nuestro.

viernes, 18 de junio de 2010

Las mentiras anticatólicas, a cuento de la metedura de pata de la foto de Ratzinger “nazi”

Andrea Tornielli

(original en italiano, traducción mía)

En su ensayo autodefinido “documentadísimo”, el periodista-escritor Eric Frattini habla de una imagen en la cual un joven Papa hace el saludo hitleriano con los hábitos puestos. Pero es falso: el otro brazo está “cortado”

Esa imagen un poco inquietante es exhibida en la red como la prueba de cargo: Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, no estuvo sólo inscrito a la fuerza en la Hitlerjugend, como él mismo ha contado en su autobiografía, sino que estaba tan convencido de la ideología hitleriana que hizo el saludo nazi incluso mientras vestía los ornamentos sacerdotales. La foto, recogida por muchos sitios de internet y metida en breves vídeos en Youtube, representa a un Ratzinger jovencísimo, delgado, con pelo negro, con la mirada seria y apenada, mientras viste la estola sacerdotal y no obstante alza convencido el brazo derecho con la mano extendida. Una de tantas meteduras de pata antiratzingerianas, como se encuentran a espuertas navegando por internet, pero que desde hace algunos días ha recibido su consagración escrita ni más ni menos que en un “ensayo documentadísimo y estremecedor” –como se lee en la contraportada- un libro-investigación escrito por Eric Frattini, “profesor universitario, periodista y escritor ecléctico, apasionado de la historia y de la política”, autor de una veintena de volúmenes, algunos de los cuales dirigidos contra el Vaticano. Su última criatura es I papi e il sesso [Los papas y el sexo] (ed. Ponte alle grazie).

No es éste el lugar para citar las innumerables perlas presentes en el texto, que denotan el  escaso conocimiento que el autor tiene de la materia tratada, y nos referimos –obviamente- a la historia de la Iglesia, no a la del sexo. Para atraer la atención, en la página 377, está la cita de la existencia de una foto “en la cual se ve al futuro Papa vestido de sacerdote mientras hace el saludo nazi”. Qué relación tiene el argumento nazi con el tema principal del libro –el sexo- no es conocido, aunque parece evidente que Frattini, no consiguiendo encontrar nada que pueda acercar al actual Pontífice a cualquiera de sus lejanos predecesores de costumbres no irreprensibles, haya querido presentarlo al menos como un nazi.

Frattini, siendo “profesor universitario” además de “apasionado de la historia”, como se lee en la autobiografía en el inicio del volumen, a la foto de Ratzinger que parece hacer “Heil Hitler!” ha querido dedicar también una nota a pie de página (número 28, pág. 426) que afirma: “El autor no ha conseguido remontarse a la persona que hizo esta segunda foto, en la cual Ratzinger está retratado vestido de sacerdote mientras hace el saludo nazi, ni verificar si se trata de un fotomontaje. La fotografía podría haber sido realizada entre 1944 y 1945, cuando el futuro Papa tenía diecisiete o dieciocho años”.

En efecto, en vez de buscar en los archivos al autor de la foto, habría bastado con navegar algunos minutos por internet, para darse cuenta de la metedura de pata, es más del corte táctico. Habría bastado una consulta a la enciclopedia, el sitio en internet de la Santa Sede o bien Wikipedia para descubrir que el actual Pontífice fue ordenado sacerdote en Freising el 29 de junio de 1951, por tanto seis años después del fin del Tercer Reich y de la guerra. Algunos “clic” más con el ratón, sin tener que consultar polvorientos archivos (basta escribir en un buscador las palabras clave “Ratzinger” y “1951”), le habría permitido descubrir que aquello foto fue hecha en los días inmediatamente posteriores a la ordenación sacerdotal, cuando Joseph Ratzinger, junto a su hermano mayor Georg, también ordenado sacerdote el mismo día, y a un sacerdote nuevo originario del pueblo, Rupert Berger, celebraron su primera Misa en Traunstein, en la parroquia de San Osvaldo. La presunta foto nazi es en realidad un tarot: en el original –localizable fácilmente en internet- se ve muy a Ratzinger, junto al hermano que impone ambas manos para bendecir a los fieles. Por tanto no hacía ningún saludo romano o nazi, por otra parte fuera de tiempo, sino que simplemente bendecía. Obviamente revestido de la estola sacerdotal. No hay que suscribir al menos en parte la presentación quizá un tanto triunfal que el editor ha puesto en la contraportada: el volumen de Frattini no es “documentadísimo” sino  ni siquiera documentado. Permance, en cambio, inequívocamente “estremecedor”. Sí, que continúa dando crédito a ciertas meteduras de pata anticatólicas.

martes, 15 de junio de 2010

Los ojos de la Virgen de Guadalupe 2

Los ojos de la Virgen de Guadalupe





Un famoso oculista, Lauvvoignet, examinó con un poderoso lente la pupila de la Virgen, y observó, maravillado, que en el iris se ve reflejada la imagen de un hombre. Esto fue al principio de una investigación que condujo a los más inesperados descubrimientos.

Por medio de la digitalización se observa en la pupila de una fotografía todo lo que la persona estaba mirando en el momento de tomarse la foto. El Dr. Tosnman, especializado en digitalización, le ha tomado fotografías a la pupila de la Virgen de Guadalupe. Después de ampliarlas miles de veces, logró captar detalles imposibles de ser captados a simple vista. ¡Ha descubierto lo que la Virgen miraba en el momento de formarse la imagen en la tilma de Juan Diego!

Los detalles que aparecen en las fotografías de la pupila de la Virgen de Guadalupe son: un indio en el acto de desplegar su ruana ante un religioso; un franciscano en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un hombre con la mano sobre la barba en señal de admiración; otro indio en actitud de rezar; unos niños y varios religiosos franciscanos más. O sea, todas las personas que según la historia de la Virgen de Guadalupe, escrita hace varios siglos, estaban presentes en el momento en que apareció la sagrada imagen.

Lo que es radicalmente imposible es que en un espacio tan pequeño, como la córnea de un ojo situado en una imagen de tamaño natural, aún el más experto miniaturista lograra pintar todas esas imágenes que ha sido necesario ampliar dos mil veces para poderlas advertir.

La ciencia moderna se queda sin explicaciones ante las maravillas de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Es una realidad irrepetible. Sobrepasa todas las posibilidades naturales, por lo que se puede decir que estamos ante un hecho sobrenatural.

Una tilma que no se corrompe. Unos colores que no fueron pintados. Una pupila que contiene toda la escena y todas las personas del momento del milagro. Estamos ante una imagen que ni el tiempo ni los atentados de hombres llenos de odio han podido vencer.

La Virgen no se impone, no reta, no humilla a sus enemigos. El milagro de su presencia en el Tepeyac es real pero muy sutil. Es un milagro que no aparece como tal a primera vista. Quiere ser mas bien confirmación de la verdad para ayudar a los corazones que se han endurecido pero que aun buscan.

Para los sencillos de corazón los milagros no son necesarios para tener fe. Ellos captan por la gracia del Espíritu el amor solícito de la Madre del Cielo que viene por ellos.

Los enemigos de la Virgen son muchas veces personas muy poderosas, pero pasan y se hacen polvo. La Virgen permanece como testigo del amor de Dios que es eterno. Ella ha querido ser un faro plantado en el corazón del continente Americano para atraer a todos a Cristo, Salvador y Vida Eterna, única esperanza ante la ruina en que se encuentra la humanidad. Ella ha querido darnos un milagro para ayudar a las generaciones incrédulas. Ha querido demostrar con su característica humildad, que la ciencia tiene su función pero también sus límites. Ella nos recuerda las palabras del ángel: "Para Dios nada es imposible".

El Cristo de San Damián

Este es el Cristo que habló a San Francisco de Asís en la ermita arruinada y le dijo: "Francisco, restaura mi iglesia", y él arregló aquella ermita pero entonces de nuevo le habló el Cristo y le dijo: "Francisco, restaura mi Iglesia", y entonces San Francisco comprendió qué quería el Señor de él.