jueves, 26 de diciembre de 2013

San Pedro del Vaticano: ¿Cómo era la primera basílica?

(original en italiano; traducción mía)

El 18 de noviembre del 333 fue inaugurada la antigua Basílica de San Pedro del Vaticano, que siglos después sería demolida para hacer sitio a la iglesia actual, de proporciones bien monumentales. Sin embargo, también la primera basílica era asombrosa. Veamos por qué.

Miniatura extraída del códice "Los triunfos de Carlos V" (British Library). A la izquierda se ve la antigua basílica de San Pedro.

(Textos extraídos de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”, Franco Cosimo Panini Editore).

Construida entre el 317 y el 322, San Pedro del Vaticano era la más grandiosa de las basílicas hechas edificar por Constantino en el perímetro suburbano de Roma. Aquí surgían los restos del circo de Calígula, teatro de las feroces persecuciones cristianas ordenadas por Nerón, durante las cuales el apóstol Pedro había sufrido su martirio. Y justamente la presencia de la tumba de Pedro está en la base de la elección de edificar justamente aquí –lugar accidentado y con desniveles de más de 10 metros- la nueva basílica.


 La planta de la antigua basílica (en amarillo) en comparación con el Circo de Nerón y la actual basílica.

Un grabado de 1590 nos muestra la planta de la antigua basílica sobrepuesta a la de la nueva, ofreciendo numerosos indicios sobre la situación de toda la zona. Sobre el flanco izquierdo de la iglesia se alzaba el gran obelisco egipcio en granito que hoy está en el centro de la plaza de San Pedro; junto a él surgían dos mausoleos circulares de edad imperial, arrasados en los siglos XVI y XVIII. La fachada con tejados inclinados de la basílica tenía delante un pórtico cuádruple [n. del t. Espacio abierto circundado por los cuatro lados por pórticos], destinado principalmente a acoger a los peregrinos.


Planta de la basílica antigua y nueva (1590). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

Esta reconstrucción del siglo XVIII nos muestra cómo debía presentarse presumiblemente la basílica al final de la Edad Media. En el centro del pórtico cuádruple vemos la Gran Piña, la gran escultura de bronce de edad romana que fue después cambiada al patio de Bramante.


Reconstrucción del siglo XVIII del complejo de la basílica. Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

La primera imagen de la fachada aparece en el siglo XI, y muestra el mosaico que representa al Cordero adorado por los 24 senadores mandado realizar por el cónsul Mariniano bajo los auspicios del papa León Magno.


La fachada antes de la reforma de Gregorio IX (siglo XI). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

Algún tiempo después Gregorio IX (1227-1241) hizo sustituir la decoración de mosaicos de la fachada: como documenta esta acuarela de 1609 del pintor Domencio Tasselli, el cordero místico había sido sustituido por un Cristo en el trono, y la composición se había ampliado con la figura de María y de Pedro a los lados del Salvador, y de los Evangelistas entre las ventanas del segundo orden. A los pies del trono comparecía Gregorio IX arrodillado, con María abogada al lado en el acto de de interceder por él ante el Salvador. Entre los pocos fragmentos supervivientes de la decoración de mosaicos de la antigua San Pedro está justamente el retrato de Gregorio IX, hoy conservado en el Museo de Roma.


Atrio y fachada (acuarela de 1609). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

Esta miniatura de Jean Fouquet representa a Carlomagno arrodillado en el centro de la nave de San Pedro mientras recibe la corona del papa en la noche de Navidad del año 800: se trata de la vista más antigua vista del interior de la basílica que se nos haya transmitido y, aunque procede del siglo XV, constituye un documento de primera importancia para hacerse una idea del espacio interno del edificio constantiniano, del cual registra los aspectos esenciales sobre la base de los recuerdos y de los probables diseños en persona que surgían en la estancia romana de Jean Fouquet. También los documentos confirman la verosimilitud "fotográfica" de la miniatura, que muestra los aspectos característicos del edificio: la división en cinco naves, la luminosidad de la vasta aula que contrasta con la oscuridad de las naves laterales,  la solemnidad de las columnas corintias, la grandeza del arco triunfal y la sombría cavidad del ábside. Incluso la terrorífica inclinación de las paredes ya medio inseguras (la de la derecha cuelga hacia el interior, la de la izquierda hacia el exterior) está documentada.



Jean Fouquet, "La coronación de Carlomagno en San Pedro" (Bibliothèque Nationale, París).

Exploramos ahora el interior de la basílica. En los tiempos más antiguos el hueco del ábside de la iglesia estaba decorado con un mosaico probablemente no figurativo, del cual no quedan restos, después sustituido por voluntad de Inocencio III (1198-1216) por una Traditio Legis y una Maiestas: la parte superior estaba dominada por un Cristo en el trono con san Pablo y san Pedro a los lados, sobre un fondo de cielo estrellado, mientras en la banda inferior doce corderos simbólicos se dirigían hacia un tronoi vacío, a cuyos lados figuraban la Iglesia Romana y el papa Inocencio III. Era la primera vez que un pontífice era representado en un papel tan central.


El mosaico del ábside (acuarela de alrededor de 1600). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

En la decoración interior de la basílica trabajaron también artista de gran fama, como GiottoPietro Cavallini. Este último realizó los frescos con Historias de san Pedro y san Pablo que decoraban el pórtico de la basílica y del cual han sobrevivido sólo dos pequeños fragmentos con las cabezas de los santos. A Cavallini se debe también el mosaico de la sección central de la contrafachada, con bustos de pontífices, evangelistas y santos, ilustrada por esta acuarela del siglo XVII.


Pietro Cavallini, san Pedro y san Pablo (fragmentos de los frescos del pórtico de la antigua basílica).  Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).


La contrafachada (acuarela de 1606). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

Giotto por otro lado había realizado el gran políptico para el altar mayor, hoy conservado en la Pinacoteca Vaticana, y había ideado el célebre mosaico de la Navecilla, que hoy se encuentra en el pórtico de la basílica (distorsionado por una reconstrucción del siglo XVII) pero que originalmente se encontraba en el brazo oriental del pórtico cuádruple.


El políptico de Giotto (hoy en los Museos Vaticanos). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).


Mosaico de la navecilla ( a partir de un cartón de Giotto). Imagen sacada de “La Basilica di San Pietro in Vaticano”  (Franco Cosimo Panini Editore).

domingo, 8 de diciembre de 2013

San Pedro Pascual habló de la Inmaculada antes que el Beato Duns Scoto



Portada norte de la Catedral de Jaén (España), dedicada a la Inmaculada Concepción. Diseño de Juan de Aranda Salazar (1642), siendo obispo de Jaén el cardenal Baltasar Moscoso Sandoval (1619-1646). A los lados de la Inmaculada aparecen los reyes David y Salomón, quizás porque el Salmo 45,11-18 y en el Cantar de los Cantares 2,2; 4,7 (atribuidos a David y a Salomón, respectivamente) son textos que se refieren a la Inmaculada.

San Pedro Pascual, obispo de Jaén y mártir (+1300), defendió el privilegio inmaculista de la Virgen antes que el Beato Juan Duns Escoto. En el título 23 de su obra "Biblia Parva", escribe:

"Conviene, pues, entender y creer (y esto por especial gracia), que la mencionada Virgen es aquella de la que hablaban los Proverbios de Salomón, que antes de toda creación fue elegida, para que fuese la madre de Dios. Por lo tanto, esa Virgen vivió en todo tiempo en gracia de Dios. Por lo que, cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios determinó revelar esta concepción por medio del ángel Gabriel, y ello por gracia especial. Y quiso preservarla de pecado original (pues era mortal) y de toda otra injuria de mancha. Y ello lo obró por especial gracia, como quien de ella había tomado carne, quien había de ser bello y hermoso entre los hijos de los hombres, como ya había sido preanunciado. Y esto Dios lo hizo y lo pudo hacer por una gracia especial, como lo hizo con los tres muchachos que fueron arrojados al horno encendido. Pues, ¡cuánto más la Virgen María, elegida por Dios, que habría de concebir y dar a luz a su Hijo, fue preservada por Dios de toda mancha de pecado, tanto original, como mortal y venial! Por ello dice la Escritura: Como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las hijas. Y en otro lugar la Escritura dice: Toda hermosa es mi amiga, y no hay mancha en ella. Se declara así esta concepción tan excelsa, la misma que permanece con el honor de la virginidad".

sábado, 7 de diciembre de 2013

Feliz día de San Ambrosio de Milán

(original en italiano; traducción mía)

Os presento un simpático San Ambrosio (mientras escribe inspirado por San Pablo) sacado del códice "Obras de San Ambrosio" (segundo cuarto del siglo XVI), Bibliothèque Mazarine, París.


 

lunes, 25 de noviembre de 2013

El primer beso (verdadero) de la historia del arte

Original en italiano; traducción mía

[Hoy se celebran] los santos Ana y Joaquín, padres de la Virgen María, cuya historia es narrada en los Evangelios apócrifos y retomada por numerosos textos medievales. Celebramos la festividad con una de las imágenes más célebres y conmovedoras del ciclo giottesco de los Scrovegni: el encuentro en la Puerta Dorada de Ana y Joaquín, que, después de treinta días de separación, se reencuentran y se dan un beso [N. del T. De esta manera conciben a la Virgen María sin pecado original ya que se pensaba que éste se transmitía por el acto conyugal]. La escena, a pesar de tener numerosos precedentes, no tiene rivales por el realismo y la intensidad poética y nos permite hablar del primer beso verdadero entre dos enamorados en la historia del arte occidental. Una curiosidad: las formas de la Puerta Dorada están inspiradas en el arco de Augusto de Rímini, donde Giotto había pasado unas vacaciones antes de ir a Padua.

La imagen está sacada de La Cappella degli Scrovegni a Padova (Franco Cosimo Panini Editore).


lunes, 30 de septiembre de 2013

Hostias

Rino Cammilleri (original en italiano; traducción mía)

La tarde del 5 de junio de 2013 fue profanada la iglesia de San Francisco Javier en Angulana, archidiócesis de Colombo (Sri Lanka), por obra de desconocidos. Probablemente se trata de fanáticos budistas, que no es la primera vez que hacen estas cosas. Fue destruida la estatua de la Virgen y sobre el Sagrario derramaron al menos treinta litros de queroseno, al que prendieron fuego después. Todo quedó reducido a cenizas. Salvo las hostias consagradas que estaban dentro, y sólo aquellas. El hecho es sin duda milagroso pero no ha tenido el eco que ciertamente merecía. No tenemos noticias de investigaciones canónicas al respecto. En otros tiempos habrían seguido el reconocimiento oficial, una peregrinación y una fiesta propia, como sucedió por tantos milagros eucarísticos en la historia. Pero la historia se llama precisamente historia porque ya pasó...

sábado, 28 de septiembre de 2013

Dos parábolas de Jesús sobre cómo usar el dinero: seamos administradores corruptos, no ricos derrochadores

En los domingos XXV y XXVI del Ciclo C del Tiempo Ordinario, las lecturas del Evangelio nos traen dos parábolas de Jesucristo sobre el dinero: el administrador corrupto y el rico epulón y el pobre Lázaro.

La primera de las parábolas no alaba la corrupción del administrador, sino lo que hace: en lugar de robar al jefe para sí mismo, lo engaña beneficiando a los demás, y así nos muestra cuál debe ser nuestra actitud en el manejo y posesión del dinero y de los bienes: nosotros, en este mundo, necesitamos el dinero y las posesiones, el Señor nos da la oportunidad de ganarlos con nuestro trabajo, y así se lo agradecemos en la Misa del Domingo con las ofrendas del pan y del vino y de la colecta, pero precisamente el protagonista de la parábola es el administrador, que maneja el dinero no para él directamente, guardando el dinero del jefe para sí mismo, sino que beneficia a los más débiles, así nosotros somos en este mundo administradores de los bienes y del dinero, que sólo pertenecen a Dios, creador y dueño de todo, y que a nosotros nos concede ser sus administradores en su nombre.

Vemos cómo se aplica esta parábola con la siguiente del rico epulón y el pobre Lázaro. Hay que destacar que el rico no tiene nombre, epulón es un adjetivo que significa "hombre que come y se regala mucho", así que no tiene importancia para Dios por su comportamiento y actitud hacia el pobre, que sí tiene nombre. Pues bien, ese rico tenía suficiente para vivir muy bien, pero en lugar de preocuparse por el pobre que tenía a su puerta, derrochaba su dinero en ser un epulón. Aquí vemos cómo este rico no era administrador de su riqueza, no se daba cuenta de que lo que tenía era un don de Dios y que también era para ayudar a quien lo necesitaba, sino que como se consideraba el dueño de su dinero, podía derrocharlo y hacer lo que quisiera, para eso era su dinero. Con esta parábola se ve claramente a qué se refería Jesús cuando decía: "Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas".

Esas son las dos actitudes ante el dinero y los bienes en este mundo, ser administradores de lo que se nos ha confiado, sabiendo que se nos pedirá cuentas de cómo hemos usado el dinero que nos ha prestado su dueño (Dios), o bien ser ricos que hacen con su dinero y con sus bienes lo que les parece porque nadie les pedirá cuentas, ya que el rico es el dueño de sus hacienda.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La Anunciación y la Visitación de la Virgen en el arte románico

De la página de Facebook "Románico de JJ" tomo algunas de las ideas sobre la representación de estos Misterios de la Virgen María.

En estos dos capiteles de las iglesias de San Juan de Ortega y de San Juan de Duero, respectivamente, aparecen las dos escenas. En la escena de la Anunciación, a la izquierda de ambos capiteles, el arcángel san Gabriel anuncia a María que va a ser la Madre de Dios; la Virgen María aparece con el cabello cubierto, como vestían las mujeres casadas en la época del arte románico. En la escena de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, a la derecha de ambos capiteles, ambas mujeres están embarazadas, e Isabel (a la derecha) toca el vientre de la Virgen María como diciendo "bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre".

Estas dos escenas evangélicas son paralelas: el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista y el anuncio del nacimiento de Jesucristo, lo mismo que el nacimento de ambos son también paralelos en el evangelio de San Lucas, porque San Juan Bautista es quien tiene el privilegio de ser el precursor, el que anunció la venida inmediata del Mesías, por eso es el más grande de los nacidos de mujer (Lucas 7,28), y es el único santo cuya fiesta celebra la Iglesia el día de su nacimiento, pues de los demás santos celebramos fiesta el día de su muerte, que es su nacimiento para el cielo. Además, la Iglesia también celebra el martirio de San Juan Bautista (29 de agosto) pero con menos categoría litúrgica, en cambio el nacimiento de San Juan Bautista tiene la máxima categoría litúrgica y así se compara con el de Jesucristo, como en estas dos escenas de la Anunciación y de la Visitación, pues esta última supone el encuentro en el vientre de sus madres de Jesucristo y de su Precursor: María "entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: ---Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre" (Lucas 1,40-44).

sábado, 21 de septiembre de 2013

Hace 60 años de la vocación de J. Mario Bergoglio. Papa Francisco pide oraciones por él



Un día como hoy, hace 60 años, un chico de 17 años llamado Jorge Mario sintió que el Señor lo llamaba al sacerdocio. Así recuerda el Papa Francisco ese día que cambió radicalmente su vida: 

"Hay un día muy importante para mí: el 21 de septiembre del ‘53. Tenía casi 17 años. Era el Día del estudiante, para nosotros el día de primavera. Antes de acudir a la fiesta, pasé por la parroquia a la que iba, encontré a un sacerdote a quien no conocía, y sentí la necesidad de confesarme. Ésta fue para mí una experiencia de encuentro: encontré a alguien que me esperaba. Pero no sé qué pasó, no lo recuerdo, no sé por qué estaba aquel sacerdote allí, a quien no conocía, por qué había sentido ese deseo de confesarme, pero la verdad es que alguien me esperaba. Me estaba esperando desde hacía tiempo. Después de la confesión sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo. Había oído justamente como una voz, una llamada: estaba convencido de que tenía que ser sacerdote. 

Esta experiencia en la fe es importante. Nosotros decimos que debemos buscar a Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando vamos Él nos espera, ¡Él está primero! Nosotros, en español, tenemos una palabra que expresa bien esto: «El Señor siempre nos primerea», está primero, ¡nos está esperando! Y ésta es precisamente una gracia grande: encontrar a alguien que te está esperando. El Señor nos espera" (Palabras del Papa a los jóvenes de los movimientos eclesiales el 18 de mayo).

De sí mismo, el Papa ha dicho hace poco: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”. El papa Francisco ha tomado este lema de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”. El Papa añade: “El gerundio latino miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mí me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”. 

“Cuando venía a Roma –continua el Papa- vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. (Palabras del Papa en la entrevista concedida a la revista jesuita “Civiltá Cattolica”). 

Este lunes, el Papa se encontró con los sacerdotes de Roma, diócesis de la que es obispo, y les dijo: “Recen por mí ese día, en el que la primavera comienza en nuestra tierra y aquí comienza el otoño”.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Un Papa con mirada de niño

N. del B. Antes de leer esta entrada, convendría ver ésta primera y esta otra, donde se habla de su lema episcopal "Miserando atque eligendo" y su relación con la vocación de San Mateo. El mismo Papa también explica en la entrevista el motivo de su lema episcopal. El texto completo de la entrevista está aquí.

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

En la entrevista a “La Civiltà Cattolica” que está dando la vuelta al mundo, papa Francisco dice entre otras cosas:

“En pintura admiro a Caravaggio, sus lienzos me hablan”.

Y cuenta:

“Cuando venía a Roma vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así... a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero,como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada... Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice: ‘Peccator sum, sed super misericordia et infinita patientia Domini nostri Jesu Christi confisus et in spiritu penitentiae accepto’”.

Por tanto Jorge Mario Bergoglio ha visto siempre el Mateo de la vocación pintada por Caravaggio no en el maduro señor en el centro del grupo, como predican las guías turísticas y la mayor parte de los críticos, sino en el joven con la cabeza inclinada, que aún “se aferra a su dinero” justo mientras Jesús lo llama.

Es la interpretación que la historiadora del arte Sara Magister ha vuelto a lanzar  con fuerza en TV 2000 y después en una conferencia-debate con el profesor Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, y con la colega historiadora del arte Elizabeth Lev, que defendían la tesis tradicional, en el Centro Cultural San Luis de los Franceses:


Pero es también la intrepretación que dan los niños espontáneamente, sin dudar, cada vez que se encuentran frente al cuadro.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Feliz puerta del cielo

En la puerta de entrada a la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos, España), dice: "Felix coeli porta" ("Feliz puerta del cielo"), que en las letanías del Rosario se refiere a la Virgen María. Aquí juega con un doble sentido: se entra a la iglesia, que es la casa de Dios y puerta del cielo (Génesis 28,17), y además la Virgen María es la puerta que nos lleva al cielo por ser la Madre de Dios, por eso se la ve encima del rótulo. No olvidemos que todas las iglesias cartujas están dedicadas a la Virgen María.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El Juicio Final en el Arte: dos ejemplos

En esta entrada pretendo mostrar la representación de Cristo Juez en dos ejemplos del Arte: el tímpano románico de la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa (Navarra, España) y otra más conocida: el Juicio Final de Miguel Ángel, que no hace falta decir que es el fresco de la Capilla Sixtina.



En ambas representaciones, Cristo Juez aparece sin túnica porque ha resucitado y así nos muestra las llagas, especialmente la del costado (que se aprecia mejor en el fresco de Miguel Ángel). En el tímpano de Sangüesa además, Cristo va coronado, lo que quiere decir que puede hacer el Juicio Final porque es Rey del Universo, además de juez de vivos y muertos, y todo esto es porque ha muerto y ha resucitado: "Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y el abismo" (Apocalipsis 1,17-18). En la Capilla Sixtina, los símbolos de la Pasión (columna, lanza, cruz, corona de espinas) rodean a Cristo.


 


En el tímpano se ve cómo los ángeles tocan las trompetas para llamar a juicio a la humanidad; a la derecha de Cristo Juez están los bienaventurados, que van vestidos, y a la derecha los condenados, que están desnudos, y como se ve en la primera imagen, a la derecha abajo, van cayendo al infierno.

También en los siguientes detalles de Miguel Ángel se ven a los ángeles tocando las trompetas...

A los bienaventurados que resucitan para ser elevados junto a Cristo...

Y a los condenados arrojados al infierno...

Finalmente, debajo de toda la escena del tímpano aparecen los doce apóstoles, que junto con la Virgen son los cimientos de la muralla de la Jerusalén celestial, y como son doce apóstoles, de acuerdo con las 12 tribus de Israel, ellos también las puertas de la Jerusalén del cielo: "Me trasladó en éxtasis a una montaña grande y elevada y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de Dios, resplandeciente con la gloria de Dios. Brillaba como piedra preciosa, como jaspe cristalino. Tenía una muralla grande y alta, con doce puertas y doce ángeles en las puertas, y grabados [los nombres] de las doce tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, a occidente tres puertas. La muralla de la ciudad tiene doce piedras de cimiento, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero" (Apocalipsis 21,10-14). Los doce ángeles aparecen debajo de los bienaventurados y de los condenados (en este lado que vemos a nuestra derecha, el último ángel empuja a los condenados al infierno, con las alas desplegadas).

En el fresco de Miguel Ángel, algunos apóstoles rodean a Jesucristo (a su derecha: San Pedro devolviéndole las llaves, San Bartolomé con su piel desollada; a su izquierda: San Andrés con la cruz en aspa). La novedad es que también aparecen varios mártires (San Lorenzo con la parrilla y Santa Catalina de Alejandría con la rueca, San Sebastián con las flechas en la mano), porque en los mártires se renueva la Pasión de Cristo.

jueves, 15 de agosto de 2013

¿Cómo era la Capilla Sixtina antes de Miguel Ángel?

Folia Magazine (original en italiano; traducción mía)

El 15 de agosto de 1483 el papa Sixto IV consagraba la Capilla que después tomaría su nombre: la Capilla Sixtina. Algunos años antes el pontífice había decidido reestructurar la antigua Capilla Magna del Palacio Apostólico y había encargado decorar la paredes a los mayores artistas del tiempo, desde Botticelli a Ghirlandaio, de Perugino a Pinturicchio. Naturalmente, cuando la Capilla Sixtina era "inaugurada" no había aún traza de las obras maestras de Miguel Ángel, que para hacer sitio a los frescos de la cúpula (1508-1512) y del Juicio Universal (1536-1541) debió destruir obras preexistentes. ¿Cómo se presentaba por tanto la Capilla Sixtina antes de la remodelación de Miguel Ángel?


La decoración de la cúpula, hoy ocupada por las Historias del Génesis y por las Historias del Antiguo Testamento, era muy distinta: un simple cielo estrellado pintado al fresco por Piermatteo d'Amelia. Comprensible que Julio II, que hizo el encargo a Miguel Ángel, aspirase a algo más interesante. He aquí, en una reconstrucción del siglo XIX, como debía de aparecer la cúpula.


La pared del altar, sobre el cual hoy resalta el Juicio Universal, presentaba en cambio óbras de mayor importancia. La decoración seguía el mismo esquema de las otras paredes (que vemos todavía), basado en tres bandas al fresco sobrepuestas horizontalmente: en bajo estaban pintadas las cortinas; en la banda del medio aparecían tres frescos del Perugino; en la parte alta se abrían dos ventanas que tenían al lado figuras de los papas. Quien entraba en la Capilla tenía por tanto la impresión de un espacio mucho más unitario, visto que la decoración (y la narración) proseguía de una pared a la otra según una lectura horizontal. El efecto general puede ser esquematizado por este diseño:


Reconstrucción de las paredes del altar antes de la intervención de Miguel Ángel

Detengámonos sobre la banda central de la pared del altar (en el diseño resaltada en gris). Aquí se encuentran dos frescos de Perugino que representan el Nacimiento y hallazgo de Moisés y el Nacimiento de Cristo: eran por tanto las escenas iniciales del ciclo dedicado a las Historias de Moisés (que prosigue sobre la pared sur) y del ciclo con las Historias de Jesús (que vemos sobre la pared norte). Ambos frescos fueron cubiertos por Miguel Ángel, y no hay copias o diseños que describan el aspecto. Sabemos sólo que Perugino, se habría inspirado justamente en el Nacimiento de Cristo de la Sixtina para la escena central del Políptico Albani, hoy en Villa Torlonia.


Entre las dos escenas figuraba también otro fresco, siempre de Vannucci, que simulaba un retablo. Podemos hacernos una idea de la obra perdida -que representaba la Asunción de la Virgen o, según algunos, la Inmaculada Concepción- gracias a un diseño realizado por un artista del taller de Perugino. El boceto, conservado en Viena, muestra una Virgen Asunta en una mandorla rodeada de filas de querubines y ángeles músicos; en bajo están los doce apóstoles, con santo Tomás arrodillado en el centro; en primer plano a la izquierda vemos al papa Sixto IV de rodillas, con la tiara pontificia dejada en el suelo y san Pedro que le toca la cabeza con la mano. Las diferencias estilísticas entre la parte alta de la composición (más exuberante y decorativa) y la parte inferior (pausada y volumétrica) hacen pensar en un trabajo a cuatro manos: el alumno Pinturicchio para la primera, Perugino para la segunda.


Vale la pena citar, siempre resaltando el fresco perdido del Perugino, el debate relativo al tema de la obra. Según Heinrich W. Pfeiffer la escena no representaba la Asunción de la Virgen, sino la Inmaculada Concepción: la prueba sería que los apóstoles no se encuentran junto al sepulcro de María. Además Sixto IV era particularmente devoto de María Inmaculada, tanto que la fiesta dedicada a ella (8 de diciembre) fue instituida justamente por él. En su origen la misma Capilla Sixtina debía de estar dedicada a la Inmaculada y sólo por la resistencia de otras corrientes teológicas al interior de la Iglesia ello no fue posible: y fue dedicada a la Asunción.

Para terminar, dos palabras sobre la pared de entrada, aquella "menos admirada" por los visitantes y los turistas. Los dos frescos de la banda mediana que vemos hoy son obras del siglo XVI ejecutadas por Hendrik van den Broeck y Matteo da Lecce y sustituyen a dos obras, de idéntico tema, realizadas por el Ghirlandaio y por Signorelli destruidas en 1522 a causa del derrumbamiento del arquitrabe de la puerta.

lunes, 12 de agosto de 2013

El pago del impuesto del Templo de Jerusalén


En este evangelio del pago del impuesto del templo de Jerusalén, Jesús nos enseña que Él no tiene que pagar ese impuesto porque los hijos del rey no pagan impuestos, sino que lo hacen los súbditos, los que no son de su familia. Pero, además, Jesús le indica a Pedro que sacará dos monedas del pez, diciendo así que San Pedro (que representa a toda la Iglesia -donde está Pedro, allí está la Iglesia, dice S. Ambrosio de Milán-) y los cristianos somos hijos de Dios. Y por eso el templo cristiano, la iglesia, es la casa de Dios y la casa de todos los bautizados; en la portada de algunas iglesias (iglesia abacial de Alcalá la Real, parroquia de S. Ildefonso de Jaén) ponían "Haec est nisi domus Dei et porta caeli" (Esta no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo), una frase de Jacob en Génesis 28,17: "¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!").

Mateo 17,24-27:
Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el impuesto del Templo y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el impuesto?».
Dice él: «Sí.» Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?».
Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, los hijos están exentos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y dásela por mí y por ti.»