lunes, 30 de septiembre de 2013

Hostias

Rino Cammilleri (original en italiano; traducción mía)

La tarde del 5 de junio de 2013 fue profanada la iglesia de San Francisco Javier en Angulana, archidiócesis de Colombo (Sri Lanka), por obra de desconocidos. Probablemente se trata de fanáticos budistas, que no es la primera vez que hacen estas cosas. Fue destruida la estatua de la Virgen y sobre el Sagrario derramaron al menos treinta litros de queroseno, al que prendieron fuego después. Todo quedó reducido a cenizas. Salvo las hostias consagradas que estaban dentro, y sólo aquellas. El hecho es sin duda milagroso pero no ha tenido el eco que ciertamente merecía. No tenemos noticias de investigaciones canónicas al respecto. En otros tiempos habrían seguido el reconocimiento oficial, una peregrinación y una fiesta propia, como sucedió por tantos milagros eucarísticos en la historia. Pero la historia se llama precisamente historia porque ya pasó...

sábado, 28 de septiembre de 2013

Dos parábolas de Jesús sobre cómo usar el dinero: seamos administradores corruptos, no ricos derrochadores

En los domingos XXV y XXVI del Ciclo C del Tiempo Ordinario, las lecturas del Evangelio nos traen dos parábolas de Jesucristo sobre el dinero: el administrador corrupto y el rico epulón y el pobre Lázaro.

La primera de las parábolas no alaba la corrupción del administrador, sino lo que hace: en lugar de robar al jefe para sí mismo, lo engaña beneficiando a los demás, y así nos muestra cuál debe ser nuestra actitud en el manejo y posesión del dinero y de los bienes: nosotros, en este mundo, necesitamos el dinero y las posesiones, el Señor nos da la oportunidad de ganarlos con nuestro trabajo, y así se lo agradecemos en la Misa del Domingo con las ofrendas del pan y del vino y de la colecta, pero precisamente el protagonista de la parábola es el administrador, que maneja el dinero no para él directamente, guardando el dinero del jefe para sí mismo, sino que beneficia a los más débiles, así nosotros somos en este mundo administradores de los bienes y del dinero, que sólo pertenecen a Dios, creador y dueño de todo, y que a nosotros nos concede ser sus administradores en su nombre.

Vemos cómo se aplica esta parábola con la siguiente del rico epulón y el pobre Lázaro. Hay que destacar que el rico no tiene nombre, epulón es un adjetivo que significa "hombre que come y se regala mucho", así que no tiene importancia para Dios por su comportamiento y actitud hacia el pobre, que sí tiene nombre. Pues bien, ese rico tenía suficiente para vivir muy bien, pero en lugar de preocuparse por el pobre que tenía a su puerta, derrochaba su dinero en ser un epulón. Aquí vemos cómo este rico no era administrador de su riqueza, no se daba cuenta de que lo que tenía era un don de Dios y que también era para ayudar a quien lo necesitaba, sino que como se consideraba el dueño de su dinero, podía derrocharlo y hacer lo que quisiera, para eso era su dinero. Con esta parábola se ve claramente a qué se refería Jesús cuando decía: "Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas".

Esas son las dos actitudes ante el dinero y los bienes en este mundo, ser administradores de lo que se nos ha confiado, sabiendo que se nos pedirá cuentas de cómo hemos usado el dinero que nos ha prestado su dueño (Dios), o bien ser ricos que hacen con su dinero y con sus bienes lo que les parece porque nadie les pedirá cuentas, ya que el rico es el dueño de sus hacienda.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La Anunciación y la Visitación de la Virgen en el arte románico

De la página de Facebook "Románico de JJ" tomo algunas de las ideas sobre la representación de estos Misterios de la Virgen María.

En estos dos capiteles de las iglesias de San Juan de Ortega y de San Juan de Duero, respectivamente, aparecen las dos escenas. En la escena de la Anunciación, a la izquierda de ambos capiteles, el arcángel san Gabriel anuncia a María que va a ser la Madre de Dios; la Virgen María aparece con el cabello cubierto, como vestían las mujeres casadas en la época del arte románico. En la escena de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, a la derecha de ambos capiteles, ambas mujeres están embarazadas, e Isabel (a la derecha) toca el vientre de la Virgen María como diciendo "bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre".

Estas dos escenas evangélicas son paralelas: el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista y el anuncio del nacimiento de Jesucristo, lo mismo que el nacimento de ambos son también paralelos en el evangelio de San Lucas, porque San Juan Bautista es quien tiene el privilegio de ser el precursor, el que anunció la venida inmediata del Mesías, por eso es el más grande de los nacidos de mujer (Lucas 7,28), y es el único santo cuya fiesta celebra la Iglesia el día de su nacimiento, pues de los demás santos celebramos fiesta el día de su muerte, que es su nacimiento para el cielo. Además, la Iglesia también celebra el martirio de San Juan Bautista (29 de agosto) pero con menos categoría litúrgica, en cambio el nacimiento de San Juan Bautista tiene la máxima categoría litúrgica y así se compara con el de Jesucristo, como en estas dos escenas de la Anunciación y de la Visitación, pues esta última supone el encuentro en el vientre de sus madres de Jesucristo y de su Precursor: María "entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: ---Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre" (Lucas 1,40-44).

sábado, 21 de septiembre de 2013

Hace 60 años de la vocación de J. Mario Bergoglio. Papa Francisco pide oraciones por él



Un día como hoy, hace 60 años, un chico de 17 años llamado Jorge Mario sintió que el Señor lo llamaba al sacerdocio. Así recuerda el Papa Francisco ese día que cambió radicalmente su vida: 

"Hay un día muy importante para mí: el 21 de septiembre del ‘53. Tenía casi 17 años. Era el Día del estudiante, para nosotros el día de primavera. Antes de acudir a la fiesta, pasé por la parroquia a la que iba, encontré a un sacerdote a quien no conocía, y sentí la necesidad de confesarme. Ésta fue para mí una experiencia de encuentro: encontré a alguien que me esperaba. Pero no sé qué pasó, no lo recuerdo, no sé por qué estaba aquel sacerdote allí, a quien no conocía, por qué había sentido ese deseo de confesarme, pero la verdad es que alguien me esperaba. Me estaba esperando desde hacía tiempo. Después de la confesión sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo. Había oído justamente como una voz, una llamada: estaba convencido de que tenía que ser sacerdote. 

Esta experiencia en la fe es importante. Nosotros decimos que debemos buscar a Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando vamos Él nos espera, ¡Él está primero! Nosotros, en español, tenemos una palabra que expresa bien esto: «El Señor siempre nos primerea», está primero, ¡nos está esperando! Y ésta es precisamente una gracia grande: encontrar a alguien que te está esperando. El Señor nos espera" (Palabras del Papa a los jóvenes de los movimientos eclesiales el 18 de mayo).

De sí mismo, el Papa ha dicho hace poco: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”. El papa Francisco ha tomado este lema de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”. El Papa añade: “El gerundio latino miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mí me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”. 

“Cuando venía a Roma –continua el Papa- vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. (Palabras del Papa en la entrevista concedida a la revista jesuita “Civiltá Cattolica”). 

Este lunes, el Papa se encontró con los sacerdotes de Roma, diócesis de la que es obispo, y les dijo: “Recen por mí ese día, en el que la primavera comienza en nuestra tierra y aquí comienza el otoño”.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Un Papa con mirada de niño

N. del B. Antes de leer esta entrada, convendría ver ésta primera y esta otra, donde se habla de su lema episcopal "Miserando atque eligendo" y su relación con la vocación de San Mateo. El mismo Papa también explica en la entrevista el motivo de su lema episcopal. El texto completo de la entrevista está aquí.

Sandro Magister (original en italiano; traducción mía)

En la entrevista a “La Civiltà Cattolica” que está dando la vuelta al mundo, papa Francisco dice entre otras cosas:

“En pintura admiro a Caravaggio, sus lienzos me hablan”.

Y cuenta:

“Cuando venía a Roma vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así... a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero,como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada... Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice: ‘Peccator sum, sed super misericordia et infinita patientia Domini nostri Jesu Christi confisus et in spiritu penitentiae accepto’”.

Por tanto Jorge Mario Bergoglio ha visto siempre el Mateo de la vocación pintada por Caravaggio no en el maduro señor en el centro del grupo, como predican las guías turísticas y la mayor parte de los críticos, sino en el joven con la cabeza inclinada, que aún “se aferra a su dinero” justo mientras Jesús lo llama.

Es la interpretación que la historiadora del arte Sara Magister ha vuelto a lanzar  con fuerza en TV 2000 y después en una conferencia-debate con el profesor Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, y con la colega historiadora del arte Elizabeth Lev, que defendían la tesis tradicional, en el Centro Cultural San Luis de los Franceses:


Pero es también la intrepretación que dan los niños espontáneamente, sin dudar, cada vez que se encuentran frente al cuadro.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Feliz puerta del cielo

En la puerta de entrada a la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos, España), dice: "Felix coeli porta" ("Feliz puerta del cielo"), que en las letanías del Rosario se refiere a la Virgen María. Aquí juega con un doble sentido: se entra a la iglesia, que es la casa de Dios y puerta del cielo (Génesis 28,17), y además la Virgen María es la puerta que nos lleva al cielo por ser la Madre de Dios, por eso se la ve encima del rótulo. No olvidemos que todas las iglesias cartujas están dedicadas a la Virgen María.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El Juicio Final en el Arte: dos ejemplos

En esta entrada pretendo mostrar la representación de Cristo Juez en dos ejemplos del Arte: el tímpano románico de la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa (Navarra, España) y otra más conocida: el Juicio Final de Miguel Ángel, que no hace falta decir que es el fresco de la Capilla Sixtina.



En ambas representaciones, Cristo Juez aparece sin túnica porque ha resucitado y así nos muestra las llagas, especialmente la del costado (que se aprecia mejor en el fresco de Miguel Ángel). En el tímpano de Sangüesa además, Cristo va coronado, lo que quiere decir que puede hacer el Juicio Final porque es Rey del Universo, además de juez de vivos y muertos, y todo esto es porque ha muerto y ha resucitado: "Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y el abismo" (Apocalipsis 1,17-18). En la Capilla Sixtina, los símbolos de la Pasión (columna, lanza, cruz, corona de espinas) rodean a Cristo.


 


En el tímpano se ve cómo los ángeles tocan las trompetas para llamar a juicio a la humanidad; a la derecha de Cristo Juez están los bienaventurados, que van vestidos, y a la derecha los condenados, que están desnudos, y como se ve en la primera imagen, a la derecha abajo, van cayendo al infierno.

También en los siguientes detalles de Miguel Ángel se ven a los ángeles tocando las trompetas...

A los bienaventurados que resucitan para ser elevados junto a Cristo...

Y a los condenados arrojados al infierno...

Finalmente, debajo de toda la escena del tímpano aparecen los doce apóstoles, que junto con la Virgen son los cimientos de la muralla de la Jerusalén celestial, y como son doce apóstoles, de acuerdo con las 12 tribus de Israel, ellos también las puertas de la Jerusalén del cielo: "Me trasladó en éxtasis a una montaña grande y elevada y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de Dios, resplandeciente con la gloria de Dios. Brillaba como piedra preciosa, como jaspe cristalino. Tenía una muralla grande y alta, con doce puertas y doce ángeles en las puertas, y grabados [los nombres] de las doce tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, a occidente tres puertas. La muralla de la ciudad tiene doce piedras de cimiento, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero" (Apocalipsis 21,10-14). Los doce ángeles aparecen debajo de los bienaventurados y de los condenados (en este lado que vemos a nuestra derecha, el último ángel empuja a los condenados al infierno, con las alas desplegadas).

En el fresco de Miguel Ángel, algunos apóstoles rodean a Jesucristo (a su derecha: San Pedro devolviéndole las llaves, San Bartolomé con su piel desollada; a su izquierda: San Andrés con la cruz en aspa). La novedad es que también aparecen varios mártires (San Lorenzo con la parrilla y Santa Catalina de Alejandría con la rueca, San Sebastián con las flechas en la mano), porque en los mártires se renueva la Pasión de Cristo.