sábado, 21 de septiembre de 2013

Hace 60 años de la vocación de J. Mario Bergoglio. Papa Francisco pide oraciones por él



Un día como hoy, hace 60 años, un chico de 17 años llamado Jorge Mario sintió que el Señor lo llamaba al sacerdocio. Así recuerda el Papa Francisco ese día que cambió radicalmente su vida: 

"Hay un día muy importante para mí: el 21 de septiembre del ‘53. Tenía casi 17 años. Era el Día del estudiante, para nosotros el día de primavera. Antes de acudir a la fiesta, pasé por la parroquia a la que iba, encontré a un sacerdote a quien no conocía, y sentí la necesidad de confesarme. Ésta fue para mí una experiencia de encuentro: encontré a alguien que me esperaba. Pero no sé qué pasó, no lo recuerdo, no sé por qué estaba aquel sacerdote allí, a quien no conocía, por qué había sentido ese deseo de confesarme, pero la verdad es que alguien me esperaba. Me estaba esperando desde hacía tiempo. Después de la confesión sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo. Había oído justamente como una voz, una llamada: estaba convencido de que tenía que ser sacerdote. 

Esta experiencia en la fe es importante. Nosotros decimos que debemos buscar a Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando vamos Él nos espera, ¡Él está primero! Nosotros, en español, tenemos una palabra que expresa bien esto: «El Señor siempre nos primerea», está primero, ¡nos está esperando! Y ésta es precisamente una gracia grande: encontrar a alguien que te está esperando. El Señor nos espera" (Palabras del Papa a los jóvenes de los movimientos eclesiales el 18 de mayo).

De sí mismo, el Papa ha dicho hace poco: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”. El papa Francisco ha tomado este lema de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”. El Papa añade: “El gerundio latino miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mí me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”. 

“Cuando venía a Roma –continua el Papa- vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio. Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo. Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. (Palabras del Papa en la entrevista concedida a la revista jesuita “Civiltá Cattolica”). 

Este lunes, el Papa se encontró con los sacerdotes de Roma, diócesis de la que es obispo, y les dijo: “Recen por mí ese día, en el que la primavera comienza en nuestra tierra y aquí comienza el otoño”.

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